Licitarán otro gasoducto: ahora en Tierra del Fuego

Economía

Finalmente, el gobierno parece haber cambiado la política desarrollada hasta ahora en materia de gasoductos, que viene demostrando que estuvo por lo menos equivocada. A instancias del Ente Nacional Regulador del Gas ( Enargas), Transportadora de Gas del Sur (TGS) convocó ayer a presentar manifestaciones de interés para un concurso público internacional, destinado a construir un gasoducto submarino para el cruce boca oriental del estrecho de Magallanes.

El objetivo de la obra es aumentar la capacidad de transportar gas desde Tierra del Fuego desde 9,5 millones de metros cúbicos diarios en la actualidad a 22 millones para el invierno de 2009, unos 13 millones de metros cúbicos equivalentes a 10% de la capacidad de transporte hoy instalada en el país.

Luego del ducto submarino, en una segunda etapa deberá ampliarse la capacidad actual del gasoducto San Martín mediante loops (instalaciones en paralelo) y nuevas plantas compresoras, de modo que esa cañería amplíe su capacidad de transporte hacia la Patagonia y la provincia de Buenos Aires, por lo menos en la misma proporción en que aumentará el transporte a través de la cañería submarina.

Según los datos de la Secretaría de Energía, que conduce Daniel Cameron, en el último año la producción de Tierra del Fuego en el territorio fue de 8,5 millones de metros cúbicos diarios en promedio, pero la cifra podría superar los 12 millones si hubiera capacidad de transporte. Además, tampoco pudo extraerse más gas desde julio de 2007 por la prohibición de exportar gas al sur de Chile, de modo que desde esa fecha hasta ahora la producción real fue menor al promedio.

En el mar, frente a Tierra del Fuego, existen además los reservorios de gas más importantes de la Argentina, empezando por Carina Aries, que entró en producción en 2007, con una extracción posible hasta ahora de 10 millones de metros cúbicos por día, de los cuales ahora se está extrayendo menos también por la imposibilidad de darle destino al producto.

  • Confianza

    Se supone que el gobierno confió hasta hace poco en que el gas de Bolivia sería más barato que el del mar Argentino, a la vez que el consorcio operador de Carina Aries, controlado por la francesa Total, no mostró intenciones de acelerar el desarrollo de las reservas porque es muy costoso sacar el gas del mar y no hay precio local que justifique la inversión, ni hasta ahora infraestructura existente.

    De este modo, recién ahora se impulsa el gasoducto bajo el estrecho de Magallanes, mientras ya se licitó el que traerá gas de Bolivia (luego de numerosas postergaciones desde 2005) aunque el gobierno de Evo Morales debió reconocer que recién podría llenar esa cañería a partir de 2013, si es que las petroleras realmente se deciden a invertir en ese país. En realidad, dadas las turbulencias políticas de Bolivia y la política de nacionalizaciones llevada a cabo, el gobierno argentino debió haber dejado en segundo plano el gas boliviano por lo menos desde principios de 2007.

    Por otra parte, el gobierno recauda a través de la tarifa de gas que pagan las industrias de todo el país fondos para un fideicomiso con el que ampliaría los gasoductos que salen de Neuquén en 20 millones de metros cúbicos diarios. Esto aun cuando la revisión a la baja de las reservas hecha por Repsol YPF en Loma de la Lata en enero de 2006 y la falta de nuevos hallazgos conducen a los analistas a creer que si bien Neuquén aporta más de 50% del gas nacional, sus yacimientos están en declinación.

    Ahora no queda claro si los recursos que se iban a dirigir a ampliar la capacidad de transporte desde Neuquén se destinarán al ducto submarino y a la ampliación del San Martín, o si habrá un cargo adicional sobre las tarifas de gas. El detalle no es menor si se piensa que después del escándalo Skanska, el gobierno debería publicar lo recaudado en cada fideicomiso y precisar el destino de los fondos.
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