No surgen por los alrededores de la Bolsa, vendedores ansiosos, ni carteras preocupadas en deshacerse. Esto es poseer media carrera ganada, en el nuevo objetivo lógico que el ambiente acaricia: derribar el nominal histórico del Merval, pasar por encima de los «900» puntos y, quién dice, alcanzar antes de culminar el ejercicio una suerte de jornada memorable, en una danza de ceros con el número redondo: «1.000». Algo así como aquellos míticos «10.000» del Dow Jones, al que le costó unos cien años llegar, partiendo de «66», claro que con el marco humilde y reducido de una familia bursátil sumamente recluida, como sucede en nuestro medio. A tal punto que la cartera ponderada alcanzó 64% de incremento, potenciado por otro 15% de baja del dólar, y esto no merece más que algunos comentarios específicos en los medios. Obvio que el gran público se ha perdido hace tiempo, casi ya se está perdiendo del todo la presencia física en el recinto (no sólo de público, de operadores).
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... Con sólo una repetición de la semana anterior, aunque en este caso son cuatro ruedas, la primera etapa quedaría cubierta: no falta ni 5% para tocar las nueve centenas, si bien el arribo a cada estación «redonda» suele producir algunos escarceos y rebotes contra techos, a los que se deben doblegar con varias ruedas barriendo posiciones. Apoyado en una trilogía cumbre (Galicia-Acíndar-Petrobrás) el Merval puede coronar ahora y tiene dos meses, para el «1.000». Entre tantas sorpresas que se están viendo, no suena a una utopía sino a pasividad financiera y falta de alternativas.
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