Los argentinos invierten poco, gastan menos y guardan más
Ayer trascendieron datos oficiales sobre el comportamiento de las cuentas nacionales en los primeros meses del año. Se está verificando el siguiente fenómeno: está creciendo fuerte el ahorro doméstico, lo que, a primera vista, puede ser una señal positiva. Pero, en realidad, ello ocurre como consecuencia de una retracción del consumo y también de la inversión. ¿Qué acontece?: simplemente por la incertidumbre y desconfianza imperante, familias y empresas postergan decisiones de gasto importantes. Además, buena parte del ahorro se está fugando del sistema, ya sea por giros al exterior o porque se atesora en el «colchón». Es la consecuencia inmediata de la decisión del gobierno de Duhalde (también ahora) de postergar reformas como la del sistema financiero. Por primera vez en 10 años, el ahorro supera a la inversión. En los años de la convertibilidad, tan criticados por Roberto Lavagna y hasta por el propio Kirchner, todo el ahorro se invertía y llegaba inversión adicional vía créditos externos. Lamentablemente, en forma gradual, el país converge a lo que fue característico en los años '80, cuando el ahorro generado por la economía se traducía, en su mayor parte, en fuga de capital. En el primer trimestre, se ahorraron $ 16.230 millones. De ese monto, sólo se invirtieron $ 10.282 millones; y el resto, casi $ 6.000 millones, se fugó del país, fue al «colchón» o se utilizó para cancelar deudas.
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¿Cómo se llega a ese nivel de ahorro? En el primer trimestre del año, el ingreso disponible que tuvieron los argentinos en sus manos se ubicó en $ 76.590 millones (la cifra que se difunde es el dato anualizado, es decir $ 306.361 millones que surgen de multiplicar esos $ 76.590 millones generados en el trimestre por cuatro trimestres). De acuerdo con los datos oficiales, de esos $ 76.590 millones, $ 60.360 millones se destinaron a consumo. La diferencia, $ 16.230 millones, es el ahorro bruto nacional del período enero-marzo. De ese monto, una parte, $ 10.282 millones se destinó a inversión, en tanto el resto, $ 5.948 millones, quedó ocioso. Obviamente quedó en manos de un porcentaje muy bajo de la población, ya que al mismo tiempo la pobreza y el desempleo se mantuvieron en niveles elevados.
No necesariamente todo ese ahorro ocioso fue abajo del colchón: buena parte se utilizó para cancelar deuda, otro tanto se fugó del país (que en términos económicos es lo mismo que se fugue abajo del colchón). Si se mira la evolución del crédito se puede encontrar allí una parte del ahorro ocioso: el año pasado se cancelaron créditos por $ 30.000 millones. En realidad, mientras desde 1993 se observa consecutivamente que el país se endeuda para financiar consumo e inversión, desde el año pasado sucede lo contrario: el país sacrifica demanda para cancelar pasivos o atesorar el resto fuera de los circuitos de ahorro formales.
Desde la Dirección de Cuentas Nacionales aseguran que parte de ese ahorro ocioso se pudo haber utilizado en cancelar créditos, aunque también se menciona la fuga de divisas hacia el exterior, pago de deuda del Estado, o simplemente ingreso que fue generado el año pasado y que quedó abajo del colchón, sumándose al stock ya existente.
¿Cómo es que se ahorró tanto en una economía en crisis? La contracara es el recorte del consumo. Fue posible tanto ahorro por la caída drástica que tuvo la demanda para consumo que bajó 14,4% el año pasado, por encima de lo que bajó el PBI ese año (10,9%). Y fue posible tanto ahorro ocioso, porque ante la incertidumbre que aún despierta el país, siguen postergadas las decisiones de inversión productivas.
Pero el crecimiento récord que viene mostrando el ahorro, no es un dato para alegrarse: si bien es importante que una economía ahorre porque de esa forma puede financiar su inversión y apuntalar el crecimiento, ese ahorro no es tan bueno si queda afuera del circuito productivo como sucede en la Argentina y le escape a la inversión. Menos si queda perdido en mecanismos que alientan la especulación, en el exterior o en la acumulación de activos que no contribuyen al crecimiento. Mientras tanto, todo ese ahorro ocioso resta crecimiento. Se podrían hacer algunas cuentas sencillas: Teniendo en cuenta la estructura productiva del país que surge de la Matriz Insumo-producto, podría decirse que, si el ahorro ocioso del primer trimestre, $ 5.948 millones, que a precios de 1993 serían unos $ 4.157 millones, se hubiera invertido en maquinaria nacional, la economía podría haber crecido 10% con respecto al primer trimestre del año pasado y no 5,4% como finalmente sucedió.
O por ejemplo, si ese dinero se hubiera destinado en su totalidad a la construcción, el crecimiento del primer trimestre hubiera podido ser de 12,2% con respecto a igual período del año pasado. O llegar a 13,2% si todo ese ahorro se hubiera gastado en el comercio minorista. Podría también decirse, que si todo el ahorro ocioso del trimestre se hubiera gastado en la adquisición de automóviles, donde la participación de autopartes importadas es alta, la economía hubiera crecido menos que en los casos anteriores, 7,4%. O si todo se hubiera destinado a adquirir tractores y maquinaria agrícola, el crecimiento del primer trimestre hubiera llegado a 12,2%.




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