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La Bolsa de Tokio comenzó la semana con una leve alza, en medio de una jornada en la que los inversores realizaron compras selectivas concentradas en las acciones tecnológicas y las de las compañías automotrices. Así, el índice Nikkei avanzó 36,77 puntos (+0,43%) y cerró en las 8.484,93 unidades. La cautela de los operadores obedece a que los inversores se muestran reacios a tomar nuevas posiciones hasta tanto no se conozca el informe de los inspectores de la ONU sobre Irak, documento que se presentará el próximo viernes ante el Consejo de Seguridad de esta entidad. En este contexto, entre los escasos ganadores de la rueda sobresalieron los títulos de alta tecnología y las automotrices. Principalmente, Canon, Honda, Pioneer, Techado Chemical Industrias y Kyocera.
Las caídas en las acciones de los bancos arrastraron ayer a la Bolsa de Londres a terreno negativo. De esta forma, el índice FTSE 100 se contrajo 20,1 puntos, equivalente a 0,50%, y cerró en las 3.579 unidades. La incertidumbre de los operadores sobre los resultados trimestrales que divulgarán en los próximos días los bancos Barclays y Lloyds desató una moderada corriente vendedora. Mientras los valores de la primera entidad cedieron 11 peniques, los títulos de la segunda finalizaron 10,25 por debajo del día previo. La tendencia descendente también alcanzó a otros bancos, como el HBOS y el Royal Bank of Scotland. De todas maneras, se trató de una jornada caracterizada por la cautela, ya que los inversores están a la espera del discurso que hoy dará el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan, ante el Congreso de ese país.
Pocas veces se ve a la plaza local actuar tan en simpatía con Nueva York, como ocurrió ayer. El Bovespa arrancó con una ligera suba, pasó luego del lado perdedor y recién cuando se conocieron los reveses diplomáticos de la administración Bush en Europa y la decisión de Irak de autorizar sin restricciones los vuelos de inspección sobre su territorio, volvieron al lago ganador. De ahí hasta el cierre, poco ocurrió y para cuando sonaba la campana en el Bovespa, el índice ganaba 0,95%, al quedar en 10.479,61 puntos. Ratificando lo desilusionante que resultó el anuncio del incremento del superávit primario anunciado el viernes, y de la mano de la "pata" en la renegociación de títulos que vencen este jueves (que tuvo un resultado mixto ya que sólo se pudieron colocar los swaps que vencen durante este año), el dólar quedó casi sin cambios en R$ 3,585. Los volúmenes negociados tanto en Bolsa como en cambios fueron bajos.
Dejando de lado el hecho de que las variaciones porcentuales fueron mínimas, se puede decir que la semana no arrancó demasiado bien. En primer lugar, el peso, sin ninguna noticia positiva para apuntalarlo y con la intranquilidad que genera la situación geopolítica del mundo como principal excusa (el real brasileño, quedó casi sin cambios) retrocedió a $ 744 por dólar. Si bien se puede argumentar que la suba del precio del cobre debería sostener la moneda (aun cuando las últimas cinco sesiones fueron a la baja, tras tocar el máximo en casi dos años), lo cierto es que Chile importa 80% del petróleo que consume, y a los actuales niveles del crudo es claro que los precios internos sufrirán. Mirando las pérdidas contables de Endesa y Enersis, casi parece que 0,13% que perdió el IPSA al cerrar en 1.013,89 puntos fue un triunfo. Si bien la base bursátil luce firme, lamentablemente la guerra determinará lo que pase.
Hasta pasado el mediodía, las acciones aztecas se movían casi en perfecta sintonía con lo que ocurría en Nueva York. Esto quiere decir que el tema iraquí fue el centro excluyente de lo que acontecía. A partir de ahí, los ojos de los inversores volvieron a las empresas locales de la mano de los temores por los resultados que anunciaba Wal-Mex luego del cierre de las operaciones, y con Isuacell pegando un durísimo golpe al resto del sector telefónico, el IPC comenzó a perder terreno. Para cuando llegaba el momento de desconectar las terminales, el índice mostraba una merma de 0,48%, quedando en 5.837,89 puntos. Si bien a pesar del bajo volumen, la plaza bursátil se comportó como podía esperarse, no ocurrió lo mismo en el mercado cambiario. Ni la decisión del Central del viernes de restringir la oferta monetaria ni las palabras del presidente de la entidad pudieron evitar que el peso casi marcara otro mínimo histórico.




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