4 de febrero 2003 - 00:00

Lula pareció arrancar bien, pero ahora genera más dudas

Luiz Inácio Lula Da Silva cumplió su primer mes como presidente de la mayor economía sudamericana. El giro político del electorado brasileño a la izquierda alimentó temores en unos y esperanzas en otros, pero el paso de las semanas fue despejando las incertidumbres y permite ya hablar de un gobierno de tono moderado y de clara continuidad con los ocho años de la era política anterior, tanto que la prensa llama ya al nuevo mandatario «Lula Henrique Cardoso» y califica sus primeras medidas como «conservadoras». Pero los primeros pasos del gobierno del Partido de los Trabajadores permiten señalar, además de méritos iniciales, también algunas acechanzas. Sus primeras señales pasaron por el celo en combatir la inflación, por la voluntad de respetar a rajatabla los compromisos en materia de pagos de la deuda pública y por el empeño en construir una coalición parlamentaria moderada que le garantice gobernabilidad.

San Pablo - «El inicio del gobierno fue mucho mejor de lo que se esperaba, ya que no se confirmaron los temores sobre cambios fuertes y descontrolados. El primer mes sirvió para acabar con el escepticismo», dijo Celso Pinto, jefe de redacción de «Valor Económico» en diálogo con Ambito Financiero. Sin embargo, parece perfilarse un estilo de gobierno signado por fuertes peleas internas, por cerradas disputas ideológicas, por una exce-siva tendencia a debatir los proyectos -con el riesgo de que las reformas necesarias se demoren y terminen siendo poco efectivas-y por la falta de iniciativa para dar cauce al debate político. Todo ello fruto de las dificultades de mantener unida una coalición a la que parece sobrarle el sector de derecha o el de izquierda. Tanto es así que Kjeld Jakobsen, dirigente paulista del PT y secretario de Relaciones Internacionales de la alcaldesa Marta Suplicy, dijo a este diario que la agrupación es ahora socialdemócrata.

El nuevo gobierno ha tomado una clara opción por políticas económicas racionales. Hace pocos días la cúpula del Banco Central instaurada por el PT decidió incrementar la tasa de referencia del mercado (Selic) en medio punto porcentual hasta 25,5%. Esta decisión, que representa una verdadera herejía para el credo expresado por el PT, impone al Tesoro un costo extra mensual de 163 millones de reales -unos 47 millones de dólares-en concepto de intereses.

Más allá de los riesgos, esa movida dio cuenta de la prioridad que muestran las nuevas autoridades al combate a la inflación, que ofrece una leve pero persistente tendencia alcista de la mano de la devaluación del real atribuida a la inminencia de una guerra en el Golfo Pérsico
.

La voluntad de garantizar el pago de la deuda pública quedó expuesto en el anuncio del ministro de Hacienda, Antonio Palocci, que se elevará la meta de superávit primario comprometida con el Fondo Monetario Internacional, fijada en el último acuerdo en 3,75% del PBI. La apuesta es generar a mediano plazo la confianza suficiente para lograr la refinanciación de la deuda a tasas mucho más bajas.

• Centrismo

Lula ha establecido una agenda política que supone hacer aprobar en el primer año de su gestión una profunda reforma previsional y tributaria. Para ello ha logrado armar en el Congreso -de la mano de su hábil operador Aloizio Mercadante-una amplia coalición centrista que incluye al poderoso Partido del Movimiento Democrático Brasileño -PMDB, del nuevo líder del Senado José Sarney-, al Partido del Frente Liberal -PFL, del caudillo bahiano Antonio Carlos Magalhaes-y hasta al Partido de la Socialdemocracia Brasileña del ex presidente Cardoso. Aunque hizo profesión de fe opositora -acaso por no perdonar al PT que gobierne con una agenda similar a la que durante los ocho años de Cardoso torpedeó sistemáticamente en el Congreso-, el presidente del PSDB, José Aníbal, aseguró que «no habrá oposición a los proyectos que fueron iniciados en el gobierno anterior». Así las cosas, Lula se asegura una contundente mayoría legislativa de al menos 300 sobre 513 diputados y de 45 sobre 81 senadores.

Sin embargo, una mirada atenta al modo en que el PT ha encarado el tratamiento de esas reformas vitales -sobre todo en el área previsional-enciende algunas señales de alarma. Lejos de presentar una propuesta propia como base para discusiones más amplias, el gobierno se ha limitado hasta ahora a mostrar a sus principales referentes discutiendo públicamente por aspectos cruciales del plan y abriendo consultas con todos los sectores.

«La táctica elegida para llevar adelante la reforma previsional, que es prioritaria, es la principal incógnita. Ha sido valiente de parte de Lula hacerla una pieza central de su estrategia, porque es un hecho muy polémico y difícil de hacer aprobar. Pero esa opción por la búsqueda de consensos, la tendencia a plantear el tema como completamente abierto permite que se filtren fuertes presiones. Varios partidos ya han anticipado su apoyo al plan, pero habrá que estar atento a que los detalles que se introduzcan no terminen diluyendo su alcance»
, explicó Pinto.

• Racionalidad

La reforma de las jubilaciones es esencial si el nuevo gobierno quiere mantenerse en la senda de la racionalidad administrativa. El gasto en jubilaciones, pensiones y asistencia social devora ya 42% del presupuesto federal y está plagado de regímenes especiales -como el de los empleados públicos, el de los jueces y el de los militares-que garantizan a los jubilados el pago de 100% del último salario percibido en actividad, el acceso a ajustes cada vez que hay una suba de sueldos, una total carencia de topes a las remuneraciones más elevadas y la ausencia de una edad mínima para el retiro. El total de jubilaciones pagadas en el sector público se eleva a casi 10.000 millones de dólares por año.

Según el economista
Dany Rappaport, de Tática Asset Management, «con las reformas tributaria y previsional se verá el verdadero rostro del gobierno».

Por otra parte, no puede observarse sino como una desprolijidad la filtración a la prensa de un proyecto para el blanqueo de capitales provenientes del exterior, mecanismo con el que se espera repatriar unos 6.000 millones de dólares. El plan no sólo irrita a los sectores radicales del PT, sino que su filtración supone el peligro de que la recaudación tributaria sufra un deterioro.

Pero si de desprolijidades se trata, no se puede obviar lo ocurrido con el plan
Hambre Cero, la propuesta insignia de la campaña petista. En medio de extensas y públicas disputas acerca de si es conveniente entregar a los beneficiarios dinero en efectivo o cupones intercambiables por alimentos, el programa sólo fue puesto en práctica en un par de municipios y con ambas modalidades, a la espera de que esas «experiencias piloto» indiquen cuál es el mejor método.

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