Los fabricantes de calzado de la Argentina y Brasil no alcanzaron ningún acuerdo para limitar el ingreso de pares brasileños al país. La reunión se llevó a cabo ayer en el marco de la visita del secretario de Desarrollo, Marcio Fortes, designado como «bombero» de los conflictos con la Argentina por el titular de la cartera de Industria y Desarrollo, el polémico empresario alimentario Luiz Furlan. El funcionario también mantuvo una extensa reunión con el secretario de Industria, Miguel Peirano, en el Palacio de Hacienda (ambos acompañados de sus respectivos equipos de asesores) en la que se repasaron los sectores más problemáticos en el intercambio bilateral (calzado, indumentaria, vinos, textiles, electrodomésticos).
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Ambos funcionarios deberán -entre otras cosas- ver qué se hace con los cupos para el ingreso de electrodomésticos de «línea blanca» y de cocinas brasileñas, convenios que están venciendo en los próximos meses. Cabe recordar que el ministro Roberto Lavagna se había mostrado bastante inflexible cuando los brasileños plantearon la necesidad de permitir el ingreso «irrestricto» de lavarropas y heladeras «made in Brazil»; por entonces se dijo que el titular del Palacio de Hacienda prefería cerrar la importación desde Brasil porque al menos los artículos chinos pagaban aranceles, lo que no sucede con el Mercosur. Por su parte, Furlan declaró públicamente la semana pasada en medio de una tormenta de diatribas contra la industria argentina que «nunca permitiremos la aplicación de salvagurdias en la Argentina a productos brasileños, porque eso sería la muerte del Mercosur». Ante este panorama, es poco lo que puede esperarse de las reuniones en Economía.
La falta de acuerdo en el comercio de calzado -luego de agotadoras reuniones- básicamente se debió a que los exportadores brasileños se negaron a autoimponerse un máximo de diez millones de pares por año para 2005 y 2006, que fue el pedido de los empresarios argentinos. Los zapateros brasileños respondieron que pretendían más de 15 millones de pares/año, dado que -adujeron- el mercado argentino comprará más de 70 millones de pares este año y aun más el siguiente. Seguramente cerrarán a mitad de camino de ambas cifras.
En 2004 el cupo convenido por industriales y funcionarios a ambos lados de la frontera había sido de 13 millones de pares; sin embargo, los fabricantes locales aseguran que desde Brasil arribaron al menos dos millones de pares por encima de esa cifra. Este año, en el primer trimestre (aseguran las mismas fuentes) ese ingreso ya estaría superando los siete millones de pares, o sea más la mitad del cupo convenido. En este contexto, ambos sectores acordaron seguir conversando el lunes, cuando se incorporará a las charlas Ivan Ramalho-, designado por el propio Fortes para atender este «incendio». En tanto, bodegueros de los dos países tampoco alcanzaron acuerdo alguno en torno a la pretensión brasileña de limitar las exportaciones de vinos argentinos. Lo que querían los «socios», con una «enorme generosidad», era cerrar por completo la entrada de vinos argentinos de menos de u$s 15 al mercado brasileño, y restringir el de los que cuestan entre u$s 15 y u$s 40 la botella (el segmento más alto) a no más de seis millones de litros por año.
Al cabo de seis horas de conversaciones, sólo consiguieron ponerse de acuerdo en crear a propuesta de los viñateros argentinos un «fondo cooperativo de promoción del consumo de vino en Brasil», o sea prácticamente nada. De la «propuesta» a la puesta en marcha efectiva pasará un buen tiempo -en caso de que alguna vez se instrumente tal «fondo»- y además queda el tema (no menor, por cierto) de determinar quién pagará el fondo y con qué fondos. Volverán a encontrarse en Buenos Aires dentro de un mes para ese fin.
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