27 de septiembre 2002 - 00:00

Más presión del Banco Mundial

Washington - El presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, expresó ayer su optimismo acerca de que la Argentina pagará la deuda de u$s 1.000 millones contraída con este organismo financiero internacional y que vence en octubre. «No sé si van a poder pagar o no, pero yo llevo en este negocio bancario 40 años y he aprendido que es mejor ser optimista que pesimista», manifestó Wolfensohn en rueda de prensa en la presentación de la asamblea anual que el BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI) celebrarán este fin de semana en Washington.

El presidente del Banco Mundial manifestó que «a la Argentina le conviene reembolsar esa cantidad» (dividida en un crédito de 750 millones y unos bonos financiados por ese organismo por valor de 250 millones) para evitar un empeoramiento de sus problemas financieros. «Presupongo que pagarán por mi experiencia en el sector bancario. No tengo información de otro tipo. Es reflejo de mi optimismo», añadió Wolfensohn, quien tiene previsto reunirse en las próximas horas con el ministro Roberto Lavagna. Wolfensohn consideró que «tiene que haber una solución argentina para este problema que sea aceptable para el Fondo», y aseguró que el Banco Mundial no tiene previsto ningún plan de contingencia en caso de que Buenos Aires no pague, algo que «sería perjudicial» para el país.

El máximo responsable del Banco Mundial recordó que esta institución, al contrario que el FMI o un banco comercial, no tiene la capacidad de renegociar la deuda con la Argentina o con cualquier otro país. Sin embargo, mostró su apoyo inequívoco a «un acuerdo general entre la Argentina y el FMI sobre su política económica» y se refirió a sus recientes conversaciones con el presidente argentino, Eduardo Duhalde, y con el director gerente del Fondo, Horst Köhler, para destacar que «todos trabajan para buscar una solución sensata».

«En cuanto haya un acuerdo, esto nos permitirá actuar desde un punto de vista social y económico»
, aseguró Wolfensohn, quien se declaró «conmovido y preocupado» por el sufrimiento del pueblo argentino a causa de lo que calificó como una «terrible tragedia». Manifestó que los equipos del Banco Mundial en la Argentina están trabajando con intensidad para paliar los efectos de la grave crisis económica, y dijo que muchos programas se han reconvertido para hacer frente a las necesidades sociales más urgentes.

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