23 de octubre 2001 - 00:00

Medicamentos también con menos ventas: 20%

La recesión ya afecta fuertemente a un mercado que parecía inelástico: el de los medicamentos. Según fuentes de la industria, hoy se estarían vendiendo entre 15% y 20% menos de medicinas que hace un año.

La caída, que venía verificándose desde hace más de doce meses en forma creciente y constante, habría tomado ribetes dramáticos en los últimos sesenta días. La cifra no es menor si se considera que entre recetados y venta libre, se trata de un mercado que mueve u$s 6.000 millones anuales.

El dato viene a sumarse a la crisis que atraviesa el comercio minorista en general, y el de las farmacias en particular: hoy este sector está atrapado en el doble abrazo de oso que representa el descenso en su facturación y la falta de pago de prepagas y obras sociales sindicales.

Según Santos López Uriburu, titular de ADDIF (Asociación de Droguerías y Distribuidoras Farmacéuticas), «decir que las ventas cayeron 20% me parece demasiado; quizás pueda decirse de algunos productos en particular, pero en general me da la impresión de que es un poco menos».

Pero varios comerciantes consultados dijeron que «el porcentaje podría ser aún mayor en algunos barrios». Y atribuyen el fenómeno a la falta de dinero y a la venta fraccionada. «Antes la gente compraba una caja de determinado antiespasmódico, y la tenía en el botiquín (a veces hasta que se vencía). Ahora compran un blíster, pero yo mismo -si quiero facturar algo-tengo que cortar el blíster con tijera y vender de a uno o dos comprimidos», dice un comerciante consultado que pide reserva de su identidad.

Obras sociales

«El otro gran problema son las obras sociales y las prepagas, que han extendido los plazos de pago a límites casi imposibles de soportar. Por eso, nuestras operaciones con esas entidades están muy recortadas», dice Guillermo Bustos, CEO de la cadena FarmaCity. El empresario agrega a los males del sector la cuestión impositiva, que los golpea más que a otros: «El costo de IVA para nosotros es irrecuperable porque 60% de nuestra facturación está exenta y no tenemos contra qué descargar lo que pagamos por nuestras inversiones. Lo mismo nos pasa con el impuesto al cheque».

Algunos dueños de farmacias intentaron agruparse en cadenas similares, con éxito diverso; así, hoy existen más «marcas» y reuniones de comerciantes que «clubs de compras» como los que había a comienzos de la década pasada:
MyS, Zona Vital, Zelma, Esencia, Proética, PyP y Vantage. Esta última, que era parte de la Droguería Monroe cuando la misma era propiedad de la familia Goijman, hoy pertenece a los laboratorios Sidus (de la familia Argüelles) y su número de locales varía mes a mes (son franquicias).

Por su parte
FarmaCity es propiedad de un grupo de empresarios locales (casi todos ex miembros de la consultora Mc-Kenzie) asociados al fondo GPartners (de inversores belgas, representados por Benoit Duplat), y que también son socios con la familia Lopetegui en los supermercados Eki.

Salvo ésta, la mayoría de las cadenas (y de las farmacias «sueltas») tiene en las ventas a obras sociales y prepagas
80% de sus ingresos. El mix de FarmaCity (que cuenta con 32 locales, ninguno franquiciado) es exactamente el inverso.

«La crisis de las obras sociales también nos pega a nosotros: el farmacéutico no tiene más remedio que posponer el pago a la droguería si no les cobra»
, reconoce López Uriburu.

En medio de un flujo casi constante de aperturas y cierres,
todavía existen unas 14.000 farmacias en todo el país, y la inmensa mayoría de ellas no está afiliada a ninguna cadena, por lo que son presa fácil en muchos casos de los abusos de todos los demás jugadores del sector. De hecho, cada una de las grandes droguerías que subsisten son propiedad o están afiliadas a algún laboratorio.

En el ambiente se dice incluso que empresarios vinculados con distribuidoras tienen también intereses en
«mandatarias», una figura que apareció en los últimos años para intermediar entre las prepagas y los farmacéuticos.

Comisiones

«La verdad: es incomprensible por qué existen. Uno debería poder negociar directamente con las prepagas, pero si no lo hace con las mandatarias no accede a ese mercado. Y se llevan entre 3% y 5% de las ventas», dice otro farmacéutico.

No es éste el único efecto negativo de algunas prepagas y la gran mayoría de las obras sociales sindicales sobre el sector: seguramente por el enorme deterioro de la cadena de pagos a todos los niveles,
están pagándoles a las farmacias entre 60 y 90 días por encima de los plazos pactados, que llegan hasta los 120 días. En otras palabras: los comerciantes reciben el pago de lo vendido «con carnet» hasta seis o siete meses después de realizada la venta, con las obvios efectos negativos a nivel financiero que les provocan estos atrasos.

«El sistema está en ruinas. En todo el mundo hay grandes cadenas que combinan farmacias y artículos de conveniencia, y en las que nos hemos inspirado: la británica Boots, las estadounidenses Walgren's, Duane Reade, etc. Varias de esas cadenas enviaron representantes a la Argentina a explorar el terreno, y cuando vieron cómo funcionaba el sistema se fueron espantados»,
dice Bustos.

¿Cuál es la alternativa, entonces, para quienes no tienen más remedio que apelar a su obra social para hacerse de medicamentos?
«Los genéricos parecen ser la solución para ese segmento de la población», dice el ejecutivo. «Obviamente, esto va a reducir la facturación de quienes tienen a las obras sociales como su cliente principal, pero también es cierto que tal como están hoy las cosas muchos de ellos enfrentarán durísimos problemas en el futuro cercano.»

López Uriburu parece coincidir, desde otra perspectiva: «Para las farmacias chicas la venta libre o la no vinculada con obras sociales ronda 30% de su facturación; pero las cosas están tan mal que muchas veces hasta tienen que ofrecer descuentos también en ese rubro para poder vender, y ni así están logrando mantener los niveles del año pasado, que ya había sido malísmo».

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