Medicamentos también con menos ventas: 20%
-
Mercados: influyente "think tank" global sondea sucesores de Lagarde en el BCE
-
Tras los acuerdos con el BID y el BM, advierten que la deuda "senior" aumentó u$s25.700 millones
Obras sociales
Algunos dueños de farmacias intentaron agruparse en cadenas similares, con éxito diverso; así, hoy existen más «marcas» y reuniones de comerciantes que «clubs de compras» como los que había a comienzos de la década pasada: MyS, Zona Vital, Zelma, Esencia, Proética, PyP y Vantage. Esta última, que era parte de la Droguería Monroe cuando la misma era propiedad de la familia Goijman, hoy pertenece a los laboratorios Sidus (de la familia Argüelles) y su número de locales varía mes a mes (son franquicias).
Por su parte FarmaCity es propiedad de un grupo de empresarios locales (casi todos ex miembros de la consultora Mc-Kenzie) asociados al fondo GPartners (de inversores belgas, representados por Benoit Duplat), y que también son socios con la familia Lopetegui en los supermercados Eki.
Salvo ésta, la mayoría de las cadenas (y de las farmacias «sueltas») tiene en las ventas a obras sociales y prepagas 80% de sus ingresos. El mix de FarmaCity (que cuenta con 32 locales, ninguno franquiciado) es exactamente el inverso.
«La crisis de las obras sociales también nos pega a nosotros: el farmacéutico no tiene más remedio que posponer el pago a la droguería si no les cobra», reconoce López Uriburu.
En medio de un flujo casi constante de aperturas y cierres, todavía existen unas 14.000 farmacias en todo el país, y la inmensa mayoría de ellas no está afiliada a ninguna cadena, por lo que son presa fácil en muchos casos de los abusos de todos los demás jugadores del sector. De hecho, cada una de las grandes droguerías que subsisten son propiedad o están afiliadas a algún laboratorio.
En el ambiente se dice incluso que empresarios vinculados con distribuidoras tienen también intereses en «mandatarias», una figura que apareció en los últimos años para intermediar entre las prepagas y los farmacéuticos.
Comisiones
«La verdad: es incomprensible por qué existen. Uno debería poder negociar directamente con las prepagas, pero si no lo hace con las mandatarias no accede a ese mercado. Y se llevan entre 3% y 5% de las ventas», dice otro farmacéutico.
No es éste el único efecto negativo de algunas prepagas y la gran mayoría de las obras sociales sindicales sobre el sector: seguramente por el enorme deterioro de la cadena de pagos a todos los niveles, están pagándoles a las farmacias entre 60 y 90 días por encima de los plazos pactados, que llegan hasta los 120 días. En otras palabras: los comerciantes reciben el pago de lo vendido «con carnet» hasta seis o siete meses después de realizada la venta, con las obvios efectos negativos a nivel financiero que les provocan estos atrasos.
«El sistema está en ruinas. En todo el mundo hay grandes cadenas que combinan farmacias y artículos de conveniencia, y en las que nos hemos inspirado: la británica Boots, las estadounidenses Walgren's, Duane Reade, etc. Varias de esas cadenas enviaron representantes a la Argentina a explorar el terreno, y cuando vieron cómo funcionaba el sistema se fueron espantados», dice Bustos.
¿Cuál es la alternativa, entonces, para quienes no tienen más remedio que apelar a su obra social para hacerse de medicamentos? «Los genéricos parecen ser la solución para ese segmento de la población», dice el ejecutivo. «Obviamente, esto va a reducir la facturación de quienes tienen a las obras sociales como su cliente principal, pero también es cierto que tal como están hoy las cosas muchos de ellos enfrentarán durísimos problemas en el futuro cercano.»
López Uriburu parece coincidir, desde otra perspectiva: «Para las farmacias chicas la venta libre o la no vinculada con obras sociales ronda 30% de su facturación; pero las cosas están tan mal que muchas veces hasta tienen que ofrecer descuentos también en ese rubro para poder vender, y ni así están logrando mantener los niveles del año pasado, que ya había sido malísmo».




Dejá tu comentario