Mejores perspectivas para un año que comienza

Economía

Los sectores económicos tendrán buena performance en 2022, pero muy lejos del rebote de 2021.

Los sectores de mayor crecimiento en 2022 serán los servicios basados en el conocimiento, los servicios “presenciales” (beneficiados por menores restricciones y por la “revancha del consumo”), la producción de aparatos de uso doméstico (+16,1%) y de electrónica de consumo (+15), las exportaciones mineras (+9,3) y la producción de vehículos (+8,3%), según estimaciones del informe ABECEB de perspectivas sectoriales dado a conocer hoy.

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No obstante, esa mejora no llegará ni a la mitad del rebote que esos mismos sectores registraron durante este año. Esta desaceleración no sólo se explica por la base de comparación (2021 era contra un 2020 signado por la extensa cuarentena) sino que los sectores enfrentan una doble agenda: una caracterizada por una macro debilitada, con mucha incertidumbre; un mundo que no tendrá el viento de cola de 2021 (soja+DEGS) y los riesgos de las nuevas variantes del COVID. Y la otra agenda, con los desafíos que impone la disrupción tecnológica y los nuevos hábitos del consumidor.

Si tomamos los sectores ya mencionados lo vemos claramente: la producción de aparatos de uso doméstico tuvo un repunte del 46,9%; los de electrónica de consumo del 54%, las exportaciones mineras, el 20; y la producción de vehículos; el 56,2%.

Este rebote anémico también se da en la producción siderúrgica que se incrementará el 4,8% en 2022 y había crecido el 31,5% este año. La construcción en 2022 tendrá una mejora al ritmo del 4%, y este año había alcanzado el 30,2% y la elaboración de productos farmacéuticos que en 2022 aumentará el 4%, quedó a la mitad del 8,9% de 2021.

La actividad agropecuaria tiene perspectivas heterogéneas: la venta de maquinaria agrícola se incrementará el 2,7 en 2022 contrastando con el 14,4% de este año y la venta de fertilizantes aumentará el 1,5 contra el 12,8 de 2021. La producción agrícola (cosecha valorizada) se mantiene estable en 2022 (+0,3%) contra un aumento del 28,4% en 2021, mientras que la molienda de soja crecerá el 2,1% contra el 17,4% del ejercicio actual. En cambio, la molienda de trigo tendrá un mejor 2022 con el 4%, recuperándose de la caída de este año (-3,9%)

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Una macro desafiada y los desafíos de la disrupción tecnológica

Las industrias argentinas se encuentran ante el desafío de gestionar una doble agenda: la de los obstáculos, con alta incertidumbre de corto plazo reflejada en presión cambiaria al tope, reservas declinantes y crecientes expectativas de devaluación; en un marco de deterioro estructural de largo plazo que eleva los desafíos.

Y la otra: la de los catalizadores, con la aceleración y confirmación de un nuevo sendero en las preferencias de los consumidores, la aceleración de la agenda de sustentabilidad, los cambios en la espacialidad, y en el mundo del trabajo que imponen la necesidad de transformación y otorgan oportunidades para agregar valor.

Los últimos proyectos de Ley enviados al Congreso intentan dar alguna directriz para guiar la actividad productiva a través de estos desafíos: los incentivos planteados no son claros y, en algunos casos (Ley de Inversiones Automotrices, Ley de Envases y Ley de Electromovilidad, entre otros) confunden los desafíos actuales con la necesidad de otorgar una mirada estratégica, coordinada con las empresas y creíble.

La economía ingresa a 2022 con debilidad política y una macro desafiada, con las autoridades obligadas a hacer algunas correcciones (tarifas y déficit fiscal), alta inflación y crecimiento modesto.

La normalización de las actividades presenciales y el consumo de revancha ponen al entretenimiento y la hotelería como tractores de una recuperación de bolsillos flacos (aunque la amenaza de Omicron desafía a aquellos que dependen del turismo receptivo). “Restricciones COVID” y súper cepo con salarios en dólares bajos generan turistas cautivos y sostienen consumo de indulgencia.

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El sesgo intervencionista otorga oportunidades a inversiones spot de rápida maduración y resguarda el mercado para sectores sensibles a las importaciones. La sábana es corta: las restricciones a las importaciones topean el desarrollo de algunos mercados: limitan la diversidad de modelos a disposición, y otorgan incertidumbre en relación a algunos insumos.

A la administración de importaciones se le suma los riesgos de la distorsión de las cadenas de valor internacionales, con industrias ya afectadas por la crisis de chips y semiconductores, así como por la presión de costos ante el aumento de precios de insumos difundidos: vidrios, plásticos y acero, entre otros.

Para aquellos que dependen del Presupuesto Nacional las señales son mixtas. Para la obra pública si bien las licitaciones avanzan a buen ritmo, los pagos se encuentran tensados. Por el lado tarifario, se anunció un ajuste promedio del 20% que no alcanza a compensar el atraso ya que la inflación acumulada en los últimos dos años impide una normalización de corto plazo.

Para el petróleo y gas el foco está en asegurar el abastecimiento interno, en medio de una continua discusión sobre la ventana de oportunidad que tiene Vaca Muerta ante la aceleración de la electrificación del transporte y la transición energética. Para el petróleo, el diferencial está en manos de aquellos capaces de exportar, aunque asegurando el barril criollo. Para el gas, el Plan Gas avanza favorablemente, más aún en un contexto de aumento de precios del GNL a nivel mundial.

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