13 de diciembre 2005 - 00:00

Miceli, primera puntada con el Fondo, en Madrid

Felisa Miceli
Felisa Miceli
¿Qué se puede esperar de una funcionaria que acaba de designar a sus colaboradores y, un par de horas más tarde, toma un avión para cruzar el Atlántico y visitar a la cúpula de otro gobierno? Poco más que cortesía, algunas generalidades y la oportunidad para que, sus anfitriones, «le tomen la temperatura», por decirlo de alguna manera. Bastan 24 horas para eso. Esta es la duración y ése es el sentido principal del viaje que inició anoche Felisa Miceli, el primero que realiza fuera del país como sucesora de Roberto Lavagna.

Si bien Miceli será la protagonista de la visita, Alberto Fernández llegó un día antes y tal vez produzca, él sí, algunas definiciones en problemas que se tramitan en la península. A él ya lo conocen: estuvo en noviembre del año pasado, acompañado por otra mujer (Cristina Kirchner) y formulando algunas promesas sobre tarifas y contratos que los españoles consideran, es obvio, incumplidas. Pero ¿por qué echarle la culpa al jefe de Gabinete? ¿ Habría que hacerlo con Julio De Vido? Falso. El que no ofrece novedades en ese campo es Néstor Kirchner y eso que, hace un año, la inflación todavía no mortificaba su agenda. ¿Qué estímulo tendrá ahora para honrar aquellos compromisos?

Carlos Bettini, el embajador que organizó el viaje, ya está acostumbrado a los tironeos y postergaciones. Le ofrece a gobierno aquello que, al principio, parecía una ventaja para las empresas españolas: su crédito delante de una buena franja del establishment ibérico. Por eso, si se tiene en cuenta la agenda que tramitará Miceli a partir de hoy, dará la impresión de que no existen tensiones. La ministra se entrevistará con Miguel Sebastián Gazcón, el director de la Oficina Económica del presidente del gobierno. Es el funcionario que, al lado de José Luis Rodríguez Zapatero, tiene la responsabilidad de controlar la agenda económica argentina de manera sistemática. Por lo tanto, está impaciente.

En cambio, el otro economista con el que se entrevistará Miceli ofrecerá, casi seguro, un espíritu más sosegado con la escena criolla: es Pedro Solbes, el ministro de Economía y Hacienda y vicepresidente del gobierno. Aquí la ministra podría jugar con alguna ventaja: Solbes nunca tuvo una relación buena ni estrecha con Lavagna. Por lo tanto, el vínculo con su huésped puede anudarse positivamente desde el comienzo.

Anoche la agenda de Miceli todavía presentaba un claro en el que se insinuaba la audiencia mayor: un encuentro con el propio Rodríguez Zapatero. A la plana superior del socialismo se le ha presentado la visita como lo que es. Por un lado, un gesto de cortesía muy expresivo hacia España, primer destino de un viaje de la flamante encargada de la economía argentina. Por otro, la solicitud para que estos socialistas de Madrid ejerzan un discreto padrinazgo sobre la nueva gestión frente al Fondo Monetario Internacional. Una expectativa de Miceli pero, sobre todo, de Alberto Fernández, quien ha sido designado por Kirchner como el negociador oficial frente a ese organismo. Todo el mundo sabe que Zapatero y Solbes tienen una relación amistosa con Rodrigo de Rato y con varios de sus colaboradores. También con gobiernos que pueden ser reacios a favorecer a la Argentina en una votación en el Fondo. Por eso hoy se apelará a ellos. No cabría hacer lo mismo con Sebastián Gazcón: fueron memorables sus críticas a la gestión de Rato durante el gobierno de José María Aznar, cuando el actual economista de La Moncloa era el jefe de investigadores del BBVA. Más allá del detalle, importa este aspecto de la visita: Miceli no sería la Miceli que se percibe en estos días si se convierte en la signataria de un nuevo programa con el Fondo, algo que le abriría un horizonte inesperado a su gestión. Tal vez por esta expectativa, también, viajó tan pronto.

Aparte de estas entrevistas con el elenco oficial, Fernández y Miceli concurrirán al Consejo Superior de Cámaras de Comercio y también a la Cámara Española de Organizaciones Empresarias, que conduce José María Cuevas. Como en casi todos los órdenes de la vida española, también en esta institución se libra hoy una puja por la « renovación». Y, como siempre, el desafío proviene desde Cataluña. Pero será Cuevas quien reciba a los argentinos: es el veterano líder empresario a quien -según sus palabras- Kirchner «puso a parir» en julio de 2003, durante el primer viaje presidencial a Madrid.

• Previsible

Si casi todo el viaje de los funcionarios está destinado a presentar a la ministra y reponer los puentes con el Fondo desde España, habrá un tramo, a partir de las 15 de hoy, más concreto y determinante. Fernández se entrevistará con Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz, los titulares del grupo Marsans, principal accionista de la controlante de Aerolíneas Argentinas. Retomará de ese modo las negociaciones que se llevaron adelante hasta la primera semana de este mes, durante la huelga de 9 días que impulsaron los sindicatos de pilotos y de técnicos. Es bastante previsible lo que se tratará en este encuentro: cómo liquidar los reclamos pendientes mientras corre la tregua de 90 días, que se fijó cuando se levantó el paro; también la situación del sindicalista Ricardo Cirielli, quien además luce el sombrero de subsecretario de Transporte Aéreo Comercial del gobierno. ¿Será entregada su cabeza? ¿Lo será a cambio de alguna otra, de la empresa? Flotaban esas incógnitas ayer en Madrid, mientras se tramitaba la reunión. Hasta Sebastián curioseaba, después de haber mediado.

No será la entrevista más agradable que le tocará protagonizar al jefe de Gabinete, quien se deleita en la capital de España con la bohemia que, por las noches, le ofrece su amigo Jorge Alemán, el agregado cultural de la embajada argentina. Aunque ayer la tertulia fue vespertina y más reposada. A la residencia de Fernando El Santo llegó el profesor y empresario Guillermo de la Dehesa, habitual interlocutor de Fernández en la península. Y también el jurista Enrique Bacigalupo, un argentino que integra el Tribunal Supremo de España y que tiene entre sus antecedentes el de haber sido procurador del Tesoro del gobierno de Héctor Cámpora en 1973. Es decir, un prócer con quien se habló de derecho, política e ideas. Un «topos uranos» más que confortable para el hombre que viene de trajinar con los «Borocotó» y los Bielsa. Un recreo casi tan necesario como el que se tomó Miceli, por 24 horas emancipada de la tutela de De Vido.

Dejá tu comentario

Te puede interesar