¿Modelo a copiar o para no seguir?
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Duhalde desde 1997 comenzó a criticar a Menem por el «modelo» y en la campaña electoral de 1999 cuando fue derrotado, explicitó su diferencia.
A su vez el radicalismo bonaerense que apoyó la elección de Duhalde, encabezado por Alfonsín, Storani, Moreau, también explicitó su crítica al modelo económico de De la Rúa, llegando a plantear hoy algunos sectores del alfonsinismo, su expulsión del partido.
Cabe destacar además, el lugar central que tanto con Menem como con De la Rúa, tuvieron tanto la convertibilidad, como Cavallo al frente de la cartera económica.
Es que hay un eje ideológico que cruza los dos partidos, ya que en términos de «modelo», Duhalde y Alfonsín piensan de una manera, mientras que Menem y De la Rúa lo hacen de otra.
Hay quienes sostienen que el giro argentino hacia el populismo, coincide con la articulación durante 2001 de un eje La Habana-Caracas que intenta mostrar un proyecto de tipo nacionalista en América latina, tras la década del noventa en la cual predominaron los modelos neoliberales. Si a ello se sumase un triunfo de la izquierda con Lula en Brasil en las elecciones de noviembre, podría hablarse de un giro ideológico regional.
No en vano tanto Chávez como Castro apoyaron a Rodríguez Saá en la declaración de default y a Duhalde en su decisión de devaluar y desconocer los contratos de inversión.
No es fácil el éxito de un modelo populista en la Argentina al comenzar el siglo XXI. Los países que pasaron por la experiencia de default y la devaluación desde fines de los noventa, -como Rusia y Ecuador en Occidente-, muestran que recién se logra salir de la crisis cuando políticamente se asume que no hay otra salida que reinsertarse en el mundo dado que el aislamiento no es posible.
Seguramente la Argentina vivirá una experiencia populista con Duhalde durante los próximos meses, pero la realidad muestra que difícilmente sea por mucho tiempo, ya el riesgo de que la Argentina sufra un default al estilo de Indonesia, con caída del PBI que superó 20%, producirá una reacción en esta administración o en la que la suceda.
Quizás, una experiencia populista se hiciera inevitable tras el fracaso de De la Rúa y Cavallo de los últimos meses. Pero el problema es que no hay cómo financiarla, con un país en quiebra y con el aparato productivo en colapso.
La realidad es que hasta ahora, la imagen que la Argentina está proyectando hacia la región, la muestra más el caso que no hay que imitar, antes que como el país mode-lo a seguir y por esta razón, no pareciera ser probable que el país esté hoy en condiciones de constituir un nuevo «paradigma» en la región como caso a seguir.



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