21 de diciembre 2000 - 00:00

No importa el dinero, sino el tiempo ganado

Más allá de lo impresionante que pueda resultar el monto de 39.700 millones de dólares obtenidos por la Argentina como blindaje financiero, lo realmente relevante es el tiempo durante el cual el gobierno puede prescindir del financiamiento en los mercados voluntarios de capitales, sin incurrir en default o incumplimiento de sus compromisos financieros.

En términos más crudos, lo realmente importante es el tiempo que gana el actual equipo económico, sin incertidumbre financiera, para lograr mientras tanto salir de la recesión e iniciar un ciclo de crecimiento sostenido.

Para tener una primera idea de este tiempo, consideremos primero las necesidades y los recursos disponibles del blindaje durante el año 2001. Las necesidades de dicho año se componen por 6.500 millones de dólares de déficit fiscal de caja presupuestado, 15.300 millones de amortizaciones de deuda de mediano y largo plazo y otras deudas, y 4.800 millones de amortizaciones de corto plazo. En total, necesidades por 26.600 millones de dólares.

Por el lado de los recursos se cuenta con 10.000 millones aportados por los bancos «creadores de mercado», 3.000 millones por las AFJP, 1.000 millones por el gobierno de España y 8.700 millones por los organismos internacionales. En total, se dispondría para el año de 22.700 millones de dólares del blindaje. La diferencia entre necesidades y recursos, de 3.900 millones, o bien se intentaría lograr en el mercado voluntario, o bien se cubriría en su mayor proporción con los 2.100 millones disponibles y excedentes del último stand-by vigente hasta fines de 2000. En este caso, las necesidades financieras de mercado se reducirían a sólo 1.800 millones para todo 2001, lo que aparece como muy accesible.

Segundo año

Si consideramos como un hecho que así el año 2001 está virtualmente cubierto, veamos qué nos queda para 2002: por el lado de las necesidades, este segundo año demandaría recursos del orden de los 5.200 millones de dólares por el déficit fiscal proyectado, 14.100 millones en concepto de amortizaciones de deuda de mediano y largo plazo, y 4.800 millones en concepto de deuda de corto plazo (la misma que los bancos refinancian durante 2001 como parte del aporte de 10.000 millones). En total, las necesidades de 2002 ascenderían a 24.100 millones. Por otra parte, los recursos que se dispondrían del blindaje ascenderían a 14.900 millones, 7.900 millones de organismos internacionales aún no utilizados, y 7.000 millones de operaciones de canje de deuda anunciadas como parte del blindaje. Consecuentemente, para cubrir todo el año habría necesidades adicionales de recursos voluntarios por 9.200 millones.

Hasta esta mera descripción, todo indica que estarían asegurados los recursos necesarios como para cubrir algo más de la mitad de las necesidades del año. Sin embargo, cabe aquí mencionar dos aspectos sumamente importantes que no han sido abordados por el equipo económico, al no presentar formalmente «algún caso base» de programa financiero para el año 2002.

En primer lugar, no queda claro el grado real de compromiso por las ofertas recibidas de los bancos de inversión para efectuar operaciones de canje de deuda por 7.000 millones. Cabría suponer que el equipo económico esperaría situaciones financieras de mercado más propicias para efectuar estas opera-ciones en condiciones más ventajosas para el país. Y si bien es lógico esperar mejoras, lo que no queda claro es qué ocurre si la situación de mercado llegara a deteriorarse en lugar de mejorar.

Por lo tanto, estas operaciones de canje más que como parte del blindaje podrían ser consideradas como un cuasiblindaje; altamente probable, pero sin certeza absoluta
. En segundo lugar, y en sentido contrario, existen otros cuasi-blindajes que no se han considerado, pero que mejoran notablemente las perspectivas de cerrar financieramente el año 2002, sin tener que recurrir a los mercados competitivos internacionales. Y este otro cuasi-blindaje es el que constituyen los bancos locales y las AFJP: los primeros deberían absorber cómodamente los 4.800 millones de vencimientos de corto plazo (los mismos del blindaje para 2001), más unos 5.000 millones de tenencias de deuda de mediano y largo plazo, incluidos en los vencimientos totales por 14.100 millones antes enumerados. Por su parte, las AFJP casi con certeza demandarán deuda pública por otros 3.000 millones incrementales. En total, entre ambas fuentes se lograrían recursos por unos 12.800 millones adicionales como mínimo. En definitiva, si bien es cierto que la única certeza para el año 2002 son los 7.900 millones del blindaje aportados por los organismos internacionales (como para financiar un tercio del año, digamos hasta mayo), también es cierto que son altas las probabilidades de que se cierre holgadamente ese año con fuentes locales o canjes de deuda, que hasta debieran exceder las necesidades.

Preguntas

Para ello simplemente se requeriría que la economía comience a recuperarse muy modestamente, de modo que al menos se cumplan las conservadoras metas comprometidas para obtener los desembolsos del blindaje.

Ahora bien, más allá del engorroso análisis meramente numérico, que debiera despejar bastante las incertidumbres financieras por los próximos dos años, llegó el momento de las preguntas del millón de dó-lares: ¿el blindaje asegura la reactivación? ¿Qué ocurre si la esperada recuperación econó-mica, por más modesta que fuere necesario para cumplir las metas, no se produce? Desde ya que el blindaje no asegura la reactivación, puesto que ésta depende fundamentalmente de las expectativas y condiciones reales de demanda y de rentabilidad en el sector privado.

Conocidos son los argumentos de muchos analistas que consideran que la economía argentina es inviable, debido básicamente a sus problemas de competitividad, causados por el retraso cambiario y el excesivo gasto público o presión fiscal.

Para éstos, el blindaje no es más que un instrumento que sólo prolongará la agonía, que no resolverá los problemas estructurales que padece la economía argentina. Y lo que más bronca les da es que se lo den justamente a Machinea, que no genera confianza, ¡cuando hace rato ya lo daban por ido!

El blindaje, de hecho, constituye «el puente» entre las reformas que se demandaban ya con otro ministro de Economía, y las mismas reformas algo más mediatas que se están aprobando con este ministro de Economía.

Imaginación

Y si no se reactiva la economía aun así (lo que se sabrá en unos pocos meses) para aquel entonces sólo se habrá gastado una menor parte del blindaje, algunos esfuerzos en el Congreso y sólo un ministro de Economía. Habrá que hacer esfuerzos mayores y utilizar más la imaginación, probablemente con otras caras, pero no en sentido contrario de la actual política. Por otra parte, quizás un poco obsesionados por los problemas de competitividad, pocos ven que éstos aparecen sobredimensionados cuando se superponen con problemas de demanda, y que estos últimos podrían revertirse rápidamente por los efectos del blindaje y otros shocks de origen externo.

Al respecto, cabe considerar: 1) que al menos por más de un año el sector público no tendrá que demandar recursos financieros incrementales en el sector privado nacional, como lo hiciera durante la primera mitad del corriente año (crowding out), desplazándolo de su capacidad crediticia y de demanda. Ello implicará por sí sólo un cambio en la demanda agregada interna superior a 1,5 por ciento del producto, con un impacto aun mayor en términos de crecimiento económico. 2) Que debido a la mayor certidumbre financiera, probablemente dejen de cancelarse líneas de crédito externas como se hiciera durante el año 2000, deprimiendo el crédito y la demanda interna.

Por el contrario, frente a la mayor certidumbre financiera interna y a las perspectivas de reducción en la tasa de interés internacional, es de esperar se revierta esa tendencia de negativa a positiva. 3) Las perspectivas ciertas de que se reviertan al menos un poco algunas condiciones externas que en conjunto generaron un shock desfavorable para la Argentina en los últimos tiempos, como ser la apreciación del dólar frente a otras monedas, la depreciación del precio de los granos y de otros productos exportables, el aumento de las tasas de interés, y las crisis en países emergentes, especialmente en Brasil.


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