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Segundo año
En primer lugar, no queda claro el grado real de compromiso por las ofertas recibidas de los bancos de inversión para efectuar operaciones de canje de deuda por 7.000 millones. Cabría suponer que el equipo económico esperaría situaciones financieras de mercado más propicias para efectuar estas opera-ciones en condiciones más ventajosas para el país. Y si bien es lógico esperar mejoras, lo que no queda claro es qué ocurre si la situación de mercado llegara a deteriorarse en lugar de mejorar.
Por lo tanto, estas operaciones de canje más que como parte del blindaje podrían ser consideradas como un cuasiblindaje; altamente probable, pero sin certeza absoluta. En segundo lugar, y en sentido contrario, existen otros cuasi-blindajes que no se han considerado, pero que mejoran notablemente las perspectivas de cerrar financieramente el año 2002, sin tener que recurrir a los mercados competitivos internacionales. Y este otro cuasi-blindaje es el que constituyen los bancos locales y las AFJP: los primeros deberían absorber cómodamente los 4.800 millones de vencimientos de corto plazo (los mismos del blindaje para 2001), más unos 5.000 millones de tenencias de deuda de mediano y largo plazo, incluidos en los vencimientos totales por 14.100 millones antes enumerados. Por su parte, las AFJP casi con certeza demandarán deuda pública por otros 3.000 millones incrementales. En total, entre ambas fuentes se lograrían recursos por unos 12.800 millones adicionales como mínimo. En definitiva, si bien es cierto que la única certeza para el año 2002 son los 7.900 millones del blindaje aportados por los organismos internacionales (como para financiar un tercio del año, digamos hasta mayo), también es cierto que son altas las probabilidades de que se cierre holgadamente ese año con fuentes locales o canjes de deuda, que hasta debieran exceder las necesidades.
Preguntas
Para ello simplemente se requeriría que la economía comience a recuperarse muy modestamente, de modo que al menos se cumplan las conservadoras metas comprometidas para obtener los desembolsos del blindaje.
Ahora bien, más allá del engorroso análisis meramente numérico, que debiera despejar bastante las incertidumbres financieras por los próximos dos años, llegó el momento de las preguntas del millón de dó-lares: ¿el blindaje asegura la reactivación? ¿Qué ocurre si la esperada recuperación econó-mica, por más modesta que fuere necesario para cumplir las metas, no se produce? Desde ya que el blindaje no asegura la reactivación, puesto que ésta depende fundamentalmente de las expectativas y condiciones reales de demanda y de rentabilidad en el sector privado.
Conocidos son los argumentos de muchos analistas que consideran que la economía argentina es inviable, debido básicamente a sus problemas de competitividad, causados por el retraso cambiario y el excesivo gasto público o presión fiscal.
Para éstos, el blindaje no es más que un instrumento que sólo prolongará la agonía, que no resolverá los problemas estructurales que padece la economía argentina. Y lo que más bronca les da es que se lo den justamente a Machinea, que no genera confianza, ¡cuando hace rato ya lo daban por ido!
El blindaje, de hecho, constituye «el puente» entre las reformas que se demandaban ya con otro ministro de Economía, y las mismas reformas algo más mediatas que se están aprobando con este ministro de Economía.
Imaginación
Y si no se reactiva la economía aun así (lo que se sabrá en unos pocos meses) para aquel entonces sólo se habrá gastado una menor parte del blindaje, algunos esfuerzos en el Congreso y sólo un ministro de Economía. Habrá que hacer esfuerzos mayores y utilizar más la imaginación, probablemente con otras caras, pero no en sentido contrario de la actual política. Por otra parte, quizás un poco obsesionados por los problemas de competitividad, pocos ven que éstos aparecen sobredimensionados cuando se superponen con problemas de demanda, y que estos últimos podrían revertirse rápidamente por los efectos del blindaje y otros shocks de origen externo.
Al respecto, cabe considerar: 1) que al menos por más de un año el sector público no tendrá que demandar recursos financieros incrementales en el sector privado nacional, como lo hiciera durante la primera mitad del corriente año (crowding out), desplazándolo de su capacidad crediticia y de demanda. Ello implicará por sí sólo un cambio en la demanda agregada interna superior a 1,5 por ciento del producto, con un impacto aun mayor en términos de crecimiento económico. 2) Que debido a la mayor certidumbre financiera, probablemente dejen de cancelarse líneas de crédito externas como se hiciera durante el año 2000, deprimiendo el crédito y la demanda interna.
Por el contrario, frente a la mayor certidumbre financiera interna y a las perspectivas de reducción en la tasa de interés internacional, es de esperar se revierta esa tendencia de negativa a positiva. 3) Las perspectivas ciertas de que se reviertan al menos un poco algunas condiciones externas que en conjunto generaron un shock desfavorable para la Argentina en los últimos tiempos, como ser la apreciación del dólar frente a otras monedas, la depreciación del precio de los granos y de otros productos exportables, el aumento de las tasas de interés, y las crisis en países emergentes, especialmente en Brasil.




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