24 de abril 2008 - 00:00

Operación basura I: Merrill Lynch recomendó vender bonos de la Argentina y comprar los del Líbano

Un particular consejo se brindó ayer en Wall Street. Deshacerse de papeles argentinos -aunque sea a pérdida- y pasarse a los del Líbano. Lo hizo Merrill Lynch, una entidad financiera norteamericana, por lo que podría ser visto desde el gobierno como otra faceta de la Operación Basura (así denominó Cristina de Kirchner a la información proveniente de EE.UU. sobre la valija de Antonini Wilson). Las razones de esta recomendación: la alta inflación y el conflicto con el campo.

Facsímil del informe de Merrill Lynch con los consejos para inversores.
Facsímil del informe de Merrill Lynch con los consejos para inversores.
«Bajar exposición en la Argentina y subirla en el Líbano.» Este fue el consejo que les dio ayer a primera hora Merrill Lynch a sus inversores en países emergentes. Reflejó de esta forma el pésimo sentimiento de Wall Street respecto de lo que está sucediendo en la Argentina y ayuda a entender por qué los precios de los títulos cayeron a sus menores niveles desde el canje de deuda de 2005.

En un artículo firmado por el analista Pablo Goldberg, estratega de mercados emergentes de la firma, reduce la participación que los bonos argentinos deberían tener en un portafolio ideal de inversiones de 3,4% a 2,3%. Y recomienda salir de posicionesen el país «aun cuando sea necesario asumir pérdidas». Esa disminución debería dirigirse a bonos del Líbano, cuyo peso debería pasar de 1,8% a 2,9%.

El informe que llegó ayer a todos los inversores que operan a través de Merrill Lynch y, por lo tanto, prestan atención a las posturas de la entidad, plantea el siguiente panorama en cinco puntos:   

  • La inflación no podrá resolverse sin costos significativos. El combate al aumento de precios no puede efectuarse a través de controles, sino disminuyendo el crecimiento.

  • Hasta ahora el gobierno mostró pocas señales de entender las limitaciones del actual modelo, el recalentamiento económico y el hecho de que la inflación se está devorando los logros que la política económica había conseguido: alto crecimiento, mejora del salario real y superávit comercial y fiscal.   

  • Los altos precios de las materias primas postergaron los ajustes de política económica. El límite se alcanzó con el aumento innecesario del gasto público.   

  • El «ruido» político está aumentando. La única herramienta disponible es un ajuste fiscal. A diferencia de 2002, el ajuste esta vez no se puede hacer a través de los salarios reales. Al contrario, las subas de ingresos y jubilaciones aceleran aún más los precios.
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