10 de julio 2003 - 00:00

Opiniones calificadas

Estas son las opiniones de cuatro importantes economistas, recogidas en un seminario sobre el tema que se realizó en el país.

• Voy a ser breve porque mucho de lo que pensaba decir ya se ha dicho.

Es muy útil reflexionar aquí en la Argentina sobre este tema de saber si hay otra vía de desarrollo, que se llama la tercera vía, en un momento en que la Argentina, como el resto de América latina -y como se puede esperar que la mayor parte del mundo-está tratando de consolidar una alianza entre democracia y economía de mercado.

En el fondo, todos los que reflexionan sobre esa consideración se preguntan si la asociación entre mercado y democracia se basa naturalmente en la economía liberal.

Es curioso que se emplee esta expresión tercera vía. A veces yo me pregunto dónde está la segunda. Nadie sabe dónde está la segunda vía. No se sabe si se trata de aquella economía soviética que fracasó o de otro modelo de desarrollo que también fracasó, salvo que se quiera denominar como segunda vía a la socialdemócrata clásica. En ese caso, la tercera vía sería algo entre la social-democracia y la economía liberal. Se hablaba de tercera vía a propósito de las experiencias checa, húngara y yugoslava. Pero no queda nada de esta noción de tercera vía.

Si ahora se retoma esa expresión, quiere decir otra cosa totalmente distinta. En realidad, designa claramente una nueva manera de pensar en la socialdemocracia que está surgiendo en Europa para asegurar, a la vez, la victoria de la ley del mercado y reducir sus aspectos más negativos. Como ya se dijo anteriormente de manera excelente, la mejor forma teórica se la encontró en un manifiesto que Schröder y Blair publicaron en junio de 1999.

Jacques Attali (Francia)


• El entusiasmo por la tercera vía se asienta en un diagnóstico equivocado de una condición actual y, tal como se la entiende en la actualidad, puede crear tantos problemas como los que resuelva. Así, la promesa utópica de una tercera vía no es nueva ni tampoco verdadera.

Los políticos han movilizado esta frase para obtener votos. Después de décadas de argumentos políticos entre la izquierda y la derecha, la búsqueda de una tercera vía tiene mucho atractivo.

Por supuesto, la tercera vía es una vía de disputa entre las virtudes competidoras del capitalismo-socialismo. No es ni liberal ni conservador y no tiene ideología propia.

Los proyectos de la tercera vía son pragmáticos u oportunistas -dicho esto en el buen sentido de la palabra-. O sea, «si una idea funciona, aplíquenla; si no, abandónenla»; «si el Estado es mejor al prestar un tipo de servicio, utilícenlo; si el mercado hace una mejor tarea al adjudicar recursos, déjenlo en manos del mercado».

Tony Jude (Inglaterra)


• Quiero sugerirles que la idea de una tercera vía debe ser tomada con seriedad; lo contrario sería negarle a la gente de trabajo la posibilidad de una vida mejor. Ese es el meollo de la tercera vía y es el meollo de la política occidental desde la Segunda Guerra Mundial.

Fue en realidad hace cincuenta y cinco años cuando los victoriosos de la Nueva Alianza forjaron un nuevo orden económico a partir de la Segunda Guerra Mundial. Su interpretación de la historia moderna les enseñó que la depresión económica, el radicalismo político y la guerra iban juntos y estaban relacionados.

Ya en la década del '70 surgieron una serie de
shocks internos y externos que llevaron a hacer tambalear el orden de Bretton Woods. Por supuesto las crisis petrolera y de la deuda lanzaron a una búsqueda de la estabilidad internacional que sigue hoy con nosotros. Internamente, la desindustrialización y el envejecimiento de la población en el mundo desarrollado provocaron desgastes que fueron insoportables. Durante la década del '80, Reagan y Thatcher lanzaron un ataque importante contra este Estado del welfare, tratando de reinstaurar el crecimiento económico. El modelo del liberalismo puso demasiada fe en el mercado, que debería sustentar a los trabajadores que estaban en un extremo medio perdido. E3244ESn la década del '80 vemos un aumento importante del desempleo en Europa y un aumento de las desigualdades de los ingresos en los Estados Unidos.

En reacción a esta revolución de Thatcher y de Reagan, encontramos las raíces de esta tercera vía. Bill Clinton, Tony Blair y Schröder, todos ellos representan de alguna forma esfuerzos para adaptar políticas de
welfare a esta economía global de fin de siglo. Carlos Menem llamó a esta tercera vía «la vía muerta», pero yo quisiera disentir con todo respeto. Para mí hay mucho que aprender, en términos políticos, del debate de la tercera vía.

Ethan Kapstein (Inglaterra)


• Para responder adecuadamente a los desafíos del nuevo siglo no es suficiente limitarse a constituirse en defensores ante las injusticias. No es suficiente recordar que la fortuna de los 225 hombres más ricos del planeta es equivalente a la riqueza existente en la mitad más pobre del planeta. El objetivo es ofrecer una esperanza realista para el futuro. Entonces, es necesario afrontar la situación, con coraje y sin prejuicios, para poder dirigir los cambios que, además seguirán produciéndose. Si se quiere gobernar el espacio político es necesario un realismo que se sostenga en la audacia y la fantasía. Significa forzar los esquemas para que determinados valores tengan vigencia.

¿Qué valores? El valor de la igualdad, considerado en relación con las oportunidades de alcanzar bienes sociales primarios -el trabajo ante todo-, y la posibilidad de tener una vida social digna. La igualdad es un valor central, sobre todo en un mundo como el moderno, en el que se tiende a celebrar la victoria del mercado, es decir, de vigencia de un individualismo exacerbado y de la competencia.

La igualdad es posible en un mundo de competencia. La competencia sólo es posible entre iguales que se consideran tales y que aceptan las reglas del juego como patrimonio común. La competencia tiene absoluta necesidad de una conciencia social no sólo de individuos aislados sino en relación con sus semejantes. La competencia sólo existe si hay una sociedad, y si cada uno de sus miembros se compromete en este sentido. Una sociedad que no se apoye en la igualdad no es una sociedad; se transformará en monopolio o privilegios, es decir, lo contrario de una demo-cracia. No tomar seriamente en consideración la competencia significa que la raza, el genio o la clase pueden imponer una hipoteca sobre las decisiones de los ciudadanos.

Nicola Rossi (Italia)

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