Debe reconocerse que José Luis Lingieri, eufórico ayer en Mar del Plata con el rédito que podría sacarle a la crisis por Aguas Argentinas, es un maestro de la astucia. En los '90, envuelto en la bandera del menemismo de las privatizaciones, convirtió a su sindicato, Obras Sanitarias, en una escuela de negocios. Y hasta designó a James Cheek, no bien se retiraba como embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires, como director de una de las empresas. Ya entonces parecía mucho.
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Cuando comenzaron los conflictos entre el gobierno y Aguas Argentinas, la empresa con la que negocia, Lingieri se volvió más moderado. Ofreció sus oficios de mediador e intentó un acercamiento con la empresa. A través de esa diplomacia capturó un «activo» que activa como pocos la voracidad de los sindicalistas: el picaporte de Julio De Vido, en manos de quien está la operación de eventual reestatización de las empresas de servicios públicos, sobre todo de Aguas.
La idea de que una parte del paquete accionario de esta empresa controlada por la francesa Suez y por Aguas de Barcelona pase a manos del Estado a cambio de inversiones críticas ha ganado consenso aun entre los propietarios de la concesión, como se informó ya en este diario. Perspicaz, Lingieri descubrió que por esa grieta podía filtrar sus propias ambiciones.
Y comenzó a machacar sobre el oído de De Vido la idea de que «si quieren operar las prestaciones de aguas y cloacas sólo nosotros podemos ofrecerles una forma de hacerlo».
Con este razonamiento, los mismos sindicalistas de Obras Sanitarias convencieron al ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires para que, estatizada la empresa que había concesionado Azurix, le tercerizara a una sociedad anónima armada por el sindicato todo el manejo del negocio en el territorio bonaerense. Lingieri, por lo visto, no ejerce más de mediador. Amante de las privatizaciones en los '90, ahora quiere estatizar. Que, para él, significa «gremializar». Verbo que se conjuga con más empleados, más gasto, más contratos. Sólo falta que en el eventual directorio que forme, si le ceden el negocio, designe a un ex embajador cubano.
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