8 de octubre 2002 - 00:00

¿Pagar o no pagar al FMI?

En el último trimestre de 2002 vencen unos 2.100 millones de dólares, con los organismos internacionales, y algunos argentinos debaten si pagar o no. El Fondo Monetario tiene unos 180 países miembros. De acuerdo con la información recogida, sólo 6 están en mora. Sudán, Liberia, Somalia, Irak, Afganistán, y, el último, Zimbabwe.

El total de la deuda argentina es varias veces el de la suma de esas naciones y ninguna tiene el ingreso nuestro. Pasado un cierto lapso, las penalidades a los morosos se van encareciendo. Para hacer frente a esos vencimientos, la Argentina tiene reservas por 9.500 millones de dólares. Pagando siempre se podría negociar un alivio.

Que los dirigentes argentinos decidieran acompañar la actitud de los sátrapas de esos estados mediría nuestro fracaso. Ninguno de ellos es democrático, ni trata bien a su pueblo. Ningún país latinoamericano está entre ellos.

Es curioso que se proponga no emplear las reservas cuando están precisamente para preservar el crédito del Estado. Las reservas del Banco Central no han caído del cielo; son un resultado de la brecha entre la confianza de la población y las promesas del Estado. Por un lado, la demanda de los papeles emitidos, y del otro la oferta, incidiendo los otros compromisos, como Lebac y otros.

• Advertencia

Cuando las promesas se incumplen, la confianza se deteriora. Nadie puede asegurar que las reservas se mantendrían, independientemente de las políticas seguidas. Ni que las exportaciones y todas las relaciones con el exterior continuarían sin tropiezos, si nos alejáramos del Fondo. Incumplir con un organismo que nos ha socorrido, en las mejores condiciones, es una advertencia para todos los que aún conservan alguna expectativa de que estas autoridades atiendan sus compromisos. La estantería se puede derrumbar como cuando el equipo de Alfonsín decidió defender las reservas, en febrero de 1989, y salir del mercado cambiario. Al poco tiempo, entró en la hiper y perdió las reservas y el gobierno.

Toda administración se basa en compromisos y toda su fuerza depende de la creencia que los cumplirá. El propósito de ésta era mejorar las condiciones para el próximo. Rompiendo las promesas hechas a los acreedores, a los inversores, a los depositantes, y a todos los que confiaron en las autoridades, no pudo mejorar ningún índice.

• Curiosidad


La caída de la riqueza, el empleo, la infelicidad del pueblo, la emergencia de la pobreza, no tienen paralelo en la historia argentina. Resulta curioso que algunos atribuyan el mayor mérito en no haber caído en la hiper, cuando la inflación no era preocupación, hasta este año.

Hoy, después de haber incumplido con todos, la principal fuerza del gobierno es su promesa de irse pronto. Incumplir con los organismos nos podría arrastrar a más inconvenientes presentes y costos futuros. Con la guerra de Malvinas, la Argentina pretendió imponer su opinión al mundo. Quedó aislada y sobrevino la descalificación de los responsables. Desde entonces, la alternativa militar ha perdido toda posibilidad.

Con la hiper y el desmanejo administrativo, la Argentina parecía haber aprendido que ése no era el camino. Con el actual fracaso político, una reforma institucional tendrá lugar para sacarnos, rápidamente, de este marasmo. La otra opción es unirnos a las naciones incumplidoras y a las atrasadas. Pero los argentinos no queremos eso. No nos confundimos, con los incumplimientos el principal defraudado es siempre el pueblo, como atestiguan los datos de la pobreza de todas las naciones. La riqueza reside en tratar bien a la gente. Lo cual se inicia con el cumplimiento de los compromisos.

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