Emergentes: la crisis está lejos de terminar

Economía

Si bien hubo una modesta mejora en los flujos de capitales, se la considera insuficiente para la recuperación.

La grieta entre países desarrollados y emergentes marca en cierto modo la capacidad fiscal y monetaria de unos y otros para sobrellevar esta excepcional crisis. Claro que hay diferencias, incluso, dentro de cada grupo, ya que la calificación de emergente incluye por ejemplo a China. De todos modos si algo los une es la dependencia de los flujos de capitales internacionales. Al respecto, pese a la avalancha de estímulos ya lanzados por los desarrollados, los expertos advierten que dada la profundidad de la crisis se necesitará probablemente más para lograr una recuperación total. En tal sentido, el Institute of International Finance (IIF), que nuclea a más de 600 bancos y fondos de inversiones internacionales, considera que la recuperación de los emergentes debe estar respaldada por las inyecciones de liquidez sin precedentes en los desarrollados. Así y todo advierte que, si bien hubo una mejora en los flujos hacia los emergentes, dado que “la pandemia se está extendiendo rápidamente en ciertas regiones, para el universo emergente, la crisis está lejos de terminar y es probable que se necesiten medidas políticas adicionales”.

Si bien la mayoría de las consultoras e instituciones internacionales ya tenían en el radar 2020 que la Argentina iba a ser uno de los países más afectados por la crisis, amén que ahora el FMI lo ratifica, resulta interesante un estudio de los economistas del IIF, Elina Ribakova y Benjamin Hilgenstock, que concluye que la desaceleración promedio será de 8% este año respecto del promedio 2010-19. Si bien proyectan que casi todas las economías experimentarán profundas recesiones advierten que “la desaceleración será más significativa en América Latina (Argentina, Colombia, México, Perú) y Asia (India, Malasia, Filipinas, Tailandia), pero también afectará a países de Europa (República Checa) y África Subsahariana (Sudáfrica)”. “La pandemia y la recesión global sincronizada ya causó grandes interrupciones en los emergentes y tendrán un profundo efecto en el crecimiento en 2020”, afirman y agregan que la crisis de salud pública está lejos de terminar pese a que algunos han tenido éxito en aplanar la curva de infecciones, la mayoría de las restricciones siguen vigentes, y el daño económico de los bloqueos y las prohibiciones de viaje probablemente se extenderá hasta el III cuatrimestre del año. “Además, la pandemia se está extendiendo aún más en ciertas regiones, principalmente en América Latina, pero también en Oriente Medio, Rusia y Sudáfrica”.

Una revisión de las medidas aplicadas en los emergentes muestra que el uso de la flexibilización cuantitativa (QE) de los bancos centrales fue la novedad en esta crisis ya que se hicieron principalmente para estabilizar los mercados de bonos soberanos, ante la huida de los inversores extranjeros y solo unos pocos países además intentaron controlar la curva de rendimiento. Mientras que en el frente fiscal, dada las diferentes realidades la respuesta fue desigual, pero la mayoría de los gobiernos se están quedando sin espacio fiscal en este momento. Por eso se especula que los emergentes tendrán que continuar con medidas similares a QE y/o de apoyo de liquidez interna para ayudar a financiar la respuesta a la pandemia y recesión. En tal sentido, a diferencia de crisis anteriores, ahora muchos bancos centrales emergentes han bajado las tasas de interés y algunos también comenzaron a adoptar medidas poco ortodoxas por primera vez. Hasta hoy 13 emergentes se involucraron en medidas de QE. Sin embargo, ningún banco central emergente lanzó un QE cuando se aprobaron los grandes paquetes de estímulo fiscal, lo que respalda el argumento de que la QE en emergentes ha sido un instrumento de estabilización del mercado en lugar de la financiación monetaria del gasto fiscal, que es objetivo clave en los desarrollados.

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