Washington (AFP) - Los países más industrializados del mundo reunidos en el G-7 mantienen su presión sobre China para que permita una mayor apreciación del yuan, pero Pekín no parece dispuesto a hacerlo nuevamente. Reunidos este fin de semana, los representantes de los países del G-7 no se olvidaron, sin embargo, de felicitar a China por su último gesto. «Saludamos la reciente decisión de las autoridades chinas de tender a una mayor flexibilidad en su régimen cambiario», dijeron en su comunicado. Poco antes de la reunióndel G-7, China había ampliado a 3% el margen de fluctuación del yuan en relación con otras monedas, excepto el dólar. Pekín había abandonado en julio su tasa de cambio casi fija en relación con el dólar, tras varios meses de presión, tanto de EE.UU. como de los europeos. Sin embargo, Washington consideró que trata apenas de una medida «técnica» y se puso claramente a la expectativa de nuevos pasos por parte de Pekín.
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El secretario del Tesoro, John Snow, exhortó al ministro chino de Finanzas, Jin Renqing;y al presidente del Banco-Central, Zhou Xiaochuan, a «seguir adelante» en la flexibilización de su sistema cambiario para permitir que el precio del yuan sea «fijado por la ley de la oferta y la demanda».
Los países occidentales consideran que la paridad casi fija existente entre el yuan y el dólar desde hace una década concede una ventaja competitiva artificial y excesiva a los exportadores chinos, al permitir que sus productos inunden el mercado estadounidense y el europeo.
El ministro británico de Finanzas, Gordon Brown, recordó que China fabrica hoy 30% de los televisores vendidos en el mundo, 50% de las cámaras fotográficas, y 70% de las fotocopiadoras.