La Secretaría de Agricultura del gobierno clausuró 10 frigoríficos y decidió no habilitar a nuevos matarifes y abastecedores. Si fuera por razones higiénicas o reglamentarias estaría bien. Pero obsérvese que, en realidad, les evita competencia a los ya establecidos con el presumible fin de que no aumente el precio de la carne. O sea, favorece el accionar monopólico, que es de las más graves deformaciones de la economía libre. Es comprensible que el presidente Kirchner haya expresado ayer en Brasil creer que «la ortodoxia» entendida como la racionalidad en el manejo de la Economía se limita en la lucha contra la inflación a elevar las tasas de interés. Si el Presidente ciñe su arsenal de conocimientos sobre defensa de la estabilidad de precios a sólo una de la decena de acciones con el mismo fin es comprensible que tenga funcionarios menores que crean la argucia de todo especular que siempre dice lo mismo: «Limítenme desde el Estado que aparezcan muchos operadores en competencia libre así yo tengo ganancia suficiente y no necesito encarecer el producto». Desde 1890, con las primeras leyes antimonopolio en EE.UU., se sabe que favorecer monopolios u oligopolios (pocos actuantes en plaza) termina afectando más a la sociedad porque la ambición de ganancia sólo se frena cuando hay trabas para acrecentarla y esto es básicamente por la acción de competidores.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario