3 de noviembre 2004 - 00:00

Por fraudes de sus empleados, empresas facturan 10% menos

Los fraudes corporativos son un mal endémico para el sector privado en la Argentina. Las empresas pierden entre 5% y 10% de su facturación anual a causa de empleados que cometen delitos dentro de la compañía para su propio beneficio. La mayoría de estos defraudadores son iniciados y poco más de 10% reincide. Espionaje industrial, violación de confidencialidad y malversación de fondos son los delitos más comunes.

Según especialistas del sector, la mitad de estos llamados «delitos corporativos» se descubre por casualidad, por un comentario entre empleados o una llamada anónima. Y por lo general, quienes los cometen son -hasta ser descubiertos- empleados modelo que nunca faltan, no se toman vacaciones, son omnipresentes en su área, y tienen antigüedad y mucho conocimiento de sus tareas.

«La corrupción interna se da básicamente en dos sectores: compras y financiero. Los casos más comunes son arreglos entre el funcionario a cargo de las compras y el proveedor, donde hay simulacros de concursos de precios. Y también hay casos en que se finge el pago de un determinado impuesto y se presentan constancias fraudulentas. El empleado se queda con la partida destinada para ese uso», explica Mauricio de Núñez, del estudio Mauricio de Núñez y Asociados.

Los delitos cometidos por empleados nunca involucran sumas que excedan 10% de la facturación. Los montos en cuestión no suelen estar auditados en las empresas.

Según la última encuesta realizada por la consultora KPMG sobre fraudes corporativos en el país, 33% de los encuestados respondió haber sufrido algún acto de corrupción o fraude durante 2003
. El nivel no es alto si se considera que en 2001 alcanzó 55%.

El estudio muestra, además, que los fraudes internos que fueron identificados se descubrieron a raíz de diferentes «alarmas». Un nivel de gastos no acorde con los ingresos de un empleado (19%), estilo de vida ostentoso (18%) y permanencia en la organización en horarios no habituales (14%) fueron los hechos que generaron las sospechas.

• Denuncias

De Núñez comentó que una vez descubierto el fraude, «alrededor de 60% de las denuncias se realizan dentro de las empresas y 40% en los juzgados, lo cual es terriblemente contraproducente para la compañía porque las denuncias judiciales son aleccionadoras. Si la compañía no toma medidas judiciales, los delitos vuelven a cometerse al poco tiempo», advirtió.

En cambio, si al empleado se le sigue un juicio por su accionar delictivo, se sienta un precedente y se concientiza al resto del staff para que no sucedan estos ilícitos.

Además,
si la empresa decide (como pasa en muchos casos) desprenderse del empleado sin denunciarlo, esa persona termina siendo indemnizada y beneficiada con todas las situaciones ventajosas que da hoy la legislación laboral.

En el estudio de KPMG, en 30% de los casos los empresarios respondieron que de inmediato se despidió al involucrado, 15% solicitó revisión de los auditores internos y sólo 13% lo denunció ante la Justicia. Como el resarcimiento por el daño para la empresa nunca llega a cubrir los costos del delito, los especialistas recomiendan que la mejor herramienta contra los fraudes en compañías es la prevención. En las grandes empresas, las auditorías son cada vez más frecuentes y evitan los delitos casi en su totalidad.

Mientras los delitos se llevan entre 5% y 10% de la facturación de la compañía, el costo preventivo representa menos de 3% de ese perjuicio económico que puede ocasionarse.


Las auditorías no sólo evitan delitos, sino que también contribuyen a que se recaben pruebas cuando se cometa uno. Es importante que las pruebas que tiene la empresa para una eventual causa tengan validez en sede judicial para terminar en una condena.

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