13 de abril 2004 - 00:00

Previsible: Fondo rechazó cambiar la medición de gasto

Teresa Ter Minassian, Néstor Kirchner y Lula Da Silva.
Teresa Ter Minassian, Néstor Kirchner y Lula Da Silva.
Los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) desaconsejan modificar el criterio para el cálculo del superávit fiscal frente al reclamo de Brasil y de la Argentina.

Así lo determina un estudio comandado por la directora del Departamento de Asuntos Fiscales del organismo, Teresa Ter Minassian, que sugiere el mantenimiento de la actual fórmula de cálculo. A su vez, entre las principales recomendaciones al directorio del FMI, el estudio aconseja cautela frente a cualquier mudanza en los criterios de determinación del superávit fiscal porque involucra grandes riesgos.

Este será el complicado escenario que enfrentarán los funcionarios escogidos por el gobierno argentino -que viajarían esta semana a Washington- para discutir los cambios en la metodología de cálculo del superávit fiscal. Serán de la partida el secretario de Coordinación Técnica, Leonardo Madcur, y el secretario Legal y Administrativo, Eduardo Pérez, ambos del Palacio de Hacienda.

Sobre fines de la semana pasada hubo un «encuentro informal», confirmado por el vocero del FMI, Thomas Dawson, del directorio del organismo, donde se analizó el tema a la luz de las recomendaciones del estudio de Ter Minassian. De allí surgieron datos sobre la posición del Fondo frente al pedido de la Argentina y de Brasil.

Cabe recordar que ambos países solicitaron al FMI, mediante la firma del Consenso de Copacabana en marzo pasado, descontar parte de la inversión pública de los gastos corrientes del sector público. El objetivo es que el gasto en infraestructura no sea tomado como corriente, es decir, por ejemplo como si fueran salarios de los empleados públicos. De modo que al fijarse la meta de superávit primario los gobiernos tengan más margen para gastar o menor exigencia de superávit.

El propio Dawson adelantó que del «encuentro informal» los participantes dejaron en claro que no veían con buenos ojos incentivar la inversión pública porque en la mayoría de los proyectos se genera deuda que precisa ser financiada
. Y, en ese sentido, en gran parte de Latinoamérica aún persisten las dudas sobre la sustentabilidad de estas deudas.

En particular, el gobierno brasileño había pedido la exclusión de las inversiones de las empresas estatales del cálculo del superávit primario. El ministro de Hacienda, Antonio Palocci, argumentó que por ser un costo que va a generar ingresos en el futuro, el gasto en inversiones debía ser considerado de forma diferenciada, y por eso debe retirarse de la cuenta, ingresos menos gastos.

• Gasto corriente

El contraargumento de los técnicos del Fondo se basa en que cualquier inversión parte de un financiamiento. O sea, genera una deuda, por lo que la inversión debe ser considerada un gasto corriente.

En tal caso, el área de
Ter Minassian es partidaria de que sólo se excluya la inversión de empresas públicas con fines comerciales o de proyectos mixtos (públicos y privados) del gasto corriente.

Hay que tener presente que fue durante la administración de Fernando Henrique Cardoso que el gobierno brasileño solicitó modificar el cálculo del superávit primario.

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