¿Ir a finish y cobrar el jackpot o vender y tomar ganancias?

Economía

La decisión de la provincia de Buenos Aires de buscar el consentimiento de los bonistas para reprogramar la amortización del BP21 sacudió al mercado pero más agrandó el signo de interrogación. Quienes tienen títulos soberanos en pesos están divididos entre aquellos que temen algo parecido a nivel nacional, y los que confían en que las obligaciones en moneda local estarían fuera de peligro. ¿Ir a finish y cobrar el premio mayor o vender ya y capturar las fuertes ganancias obtenidas en el último mes?

En definitiva, se trata de una disyuntiva entre el miedo y la codicia. Los que temen una eventual reprogramación, imprevista, aunque no muy probable, prefieren capturar las ganancias que tuvieron los bonos en pesos en los primeros 30 días del gobierno de Alberto Fernández.

Aún con el derrape que en las últimas dos ruedas provocó la decisión de Axel Kicillof, el Bonar 2020 en pesos (A2M2) está todavía más de 130% arriba de la cotización del 11 de diciembre. El Bono Dual (AF20) sigue más de 100% positivo, al igual que el Boncer 2020 (TC20). Una tentación para los inversores con bajo perfil de riesgo, que preferirían tomar ganancias y dormir tranquilos. Quizás aparcando el efectivo hasta que se aclare un poco el panorama de la deuda.

Hay researchs de analistas del mercado que sugieren salir de bonos cortos y pasarse a otros más largos, y también los que proponen cambiar de legislación, es decir, abandonar aquellos papeles que están sujetos a los tribunales de Buenos Aires y pasarse a los que en caso de controversia deben litigar en Nueva York.

Sin embargo, no todos los informes van en el mismo sentido y eso genera más confusión. Una ALyC, por caso, sugiere salir del TJ20 mientras que otra opina que hay que conservar este papel, que paga renta el 23 de marzo, vence el 23 de junio próximo. Con una paridad de 71%, muestra una tasa de retorno de 278% anual.

Los que decidieron ir a finish, es decir, hasta el vencimiento final de los títulos, se amparan en que hasta ahora los bonos en pesos se pagaron y que el Tesoro volvió a colocar con éxito Letras ajustables por tasa Badlar. En las últimas subastas la Secretaría de Finanzas consiguió los fondos suficientes para atender el pago de las letras Lecap y Lecer que vencieron desde el 23 de diciembre último. No ven razones para que los papeles en moneda local vayan a ser incluidos dentro del paquete de títulos a ser reestructurados, como seguramente lo serán aquellas especies emitidas en dólares. El premio que les espera en un plazo muy breve es comprable a la olla de oro al final del arco iris. Se trata de inversores con un perfil de riesgo más agresivo.

Es cierto que la decisión de la Provincia generó ruido en los mercados. Los bonos en dólares cayeron hasta 4,5% el lunes (AY24) y ayer volvieron a deslizarse hasta 6,3% (DICA). Es que, si Buenos Aires consigue que un piso de 75% de los acreedores adhiera a la solicitud de consentimiento para modificar las condiciones de emisión, esto pudiera traducirse en una propuesta más agresiva a los fondos que tienen títulos soberanos. La posibilidad no parece lejana, ya que la mitad de los PB21 está en manos del sector público. Si esto se confirma, el gobernador Kicillof solo necesitaría reunir un 25% entre los bonistas privados.

Pero aun si no lograra el umbral mínimo de adhesión, a nadie se le ocurre que la jurisdicción que representa un tercio del PBI del país pueda caer en default por 250 millones de dólares. Que en realidad serían u$s125 millones, si la mitad es deuda intraestatal. Es apenas el 0,1% del Producto provincial, que si no los tuviera disponibles al 26 de este mes, bien podría conseguirlos colocando una letra de corto plazo con garantía de coparticipación federal entre los bancos privados. Si es que se mantuviera la reticencia del Ejecutivo nacional para asistir a la Provincia.

Probablemente estén en lo cierto quienes opinan que la decisión de Kicillof sería un globo de ensayo previo al anuncio de la propuesta por la deuda soberana a nivel nacional. Y tampoco descartan que el objetivo quizás pudiera haber sido el de bajar el precio de los bonos, bajo el argumento de que eso resultaría favorable a la posición negociadora del Gobierno.

Demasiados datos e interpretaciones enfrentadas. Suficientes para dividir las aguas entre los que prefieren bajarse ya y tocar las ganancias, y aquellos que ven solo humo en estos movimientos y no ven razones de peso para no seguir a finish con los bonos soberanos en pesos y cobrar el premio mayor. Falta poco tiempo.

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