7 de mayo 2003 - 00:00

Qué bien se vive con préstamos muy baratos

Nueva York - En este mundo en que la gente se queja de todo, las bajas tasas de interés parecen ser lo único que no se critica. Las tasas de interés están en EE.UU. bajas de verdad, tanto que en muchos casos la generación actual de prestatarios, prestamistas, ahorristas y consumidores jamás ha visto algo así. Las tasas han estado bajas por un par de años, desde la retahíla de 11 recortes dispuestos por la Reserva Federal en 2001.

Ese es un plazo suficientemente largo como para haberlas examinado detenidamente. Pero la situación es representada casi siempre en los foros públicos como algo favorable. «¡Renegocie su hipoteca!» «¡Compre un automóvil!» «¡Haga una emisión de bonos!» «Imagínese lo mal que nuestra lenta economía podría haberse puesto si el dinero no estuviera tan barato».

No se pueden negar esas bondades: las tasas bajas fomentan el vigor económico. Pero esa perspectiva simple pasa por alto otro aspecto del asunto, las complicaciones ocasionadas por las bajas tasas de interés.

Empecemos con los ahorristas y los inversores acostumbrados a depender del ingreso de los fondos comunes de inversión, los bonos del Tesoro y los certificados de depósito de los bancos. El rendimiento promedio de los fondos comunes superaba 6% hace dos años y medio. Ahora es menos de 1%.

«A mi madre, que tiene 85 años, le encantaría que subieran las tasas de interés», reconoce Anthony Chan, economista jefe de la gestora de capitales Banc One Investment Advisors en Columbus, Ohio.

No hay que detenerse ahí.

Considere usted el papel que las tasas bajas han tenido en los
faltantes de los planes de pensiones, inquietud que ahora enturbia las perspectivas de recuperación de las ganancias en muchas empresas, sobre todo en las grandes. «Si bien muchos reconocen que la devaluación de los activos ha contribuido significativamente al problema actual, las tasas inusitadamente bajas han tenido un efecto aun mayor», dice un informe de la firma de asesoramiento sobre pensiones R.G. Wuelfing & Associates, de Simsbury, Connecticut.

Los planes de pensiones colocan mucho dinero en inversiones que rinden intereses. «A más baja la tasa -dice Wuelfing-, mayor el dinero que hay que apartar para cumplir obligaciones futuras. Si los patrocinadores de los planes cambian sus previsiones este año, la situación del faltante empeorará y veremos que será necesario efectuar contribuciones significativas nuevamente en 2003.»

Una tercera contrariedad de las bajas tasas de interés es que la gente las relaciona estrechamente con la flaqueza económica persistente y la amenaza de deflación.
Cuando el rendimiento de los pagarés de diez años del Tesoro de Estados Unidos bajó a menos de 3,6% a comienzos de marzo, su gráfica prácticamente parecía gritar: «¡Cero demanda!» Cuando remontó a más de 4% un par de semanas después, casi podía escucharse un suspiro de alivio.

De hecho, en el plazo de ese aumento de tasas del 10 al 23 de marzo inclusive, dos medidas importantes de la evolución del mercado de valores, el índice Standard & Poor's 500 y el índice compuesto NASDAQ, tuvieron sendas subidas de 11%.

Puede ser aventurado el asignar causa y efecto en tales casos. En esos días hubo preparativos y el comienzo de la guerra en Irak, y los inversionistas estaban preocupados por mucho más que las tasas de interés.

«Históricamente, el banco central de Estados Unidos sube las tasas de interés cuando la economía está mejorando», dice Chan, el economista de One Group. Pero manifiesta ciertas reservas en torno a este concepto. Ciertamente, un aumento prolongado de las tasas suscitaría muchos interrogantes sobre el avance de la recuperación económica y bursátil.

¿Qué será de la vivienda y del gasto del consumidor una vez que acabe el auge de la refinanciación de hipotecas? ¿Revelará alguna debilidad en el sistema financiero una mudanza en la curva de rendimientos que mide las tasas a lo largo de diversos plazos de tiempo?

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