14 de abril 2003 - 00:00

Quienes vendieron en los '90 vuelven con nuevas marcas (14/04/03)

Hace algunos años en la Argentina una generación completa de empresarios de indumentaria, que habían creado sus marcas prácticamente de la nada, fueron tentados por grandes grupos internacionales para asociarse con ellos o venderles sus empresas; el tiempo pasó, en casi todos los casos los grandes grupos se desprendieron de esas marcas (o las llevaron a la quiebra) y ahora, para esos empresarios llegó el tiempo del regreso. Es que ante un dólar alto y un mercado casi cautivo por la falta de importaciones, sumados al tradicional buen diseño local, el retorno era posible.

Ahora, lejos del humo de los habanos que fumaban los «fund managers» (casi siempre más jóvenes que ellos) y de la borrachera de poder que les dio su afiliación con esos grandes grupos, exportan de manera modesta y planean expandirse (no mucho) a lugares tan disímiles como Japón o Madrid.

Veamos algunos de los ejemplos más notorios de este fenómeno:

* Marcelo Goldberg:
fundador de la marca Vitamina; hoy socio de la diseñadora Carolina Ainstein en la marca UMA.

* Claudio Drescher:
ex socio de Goldberg en Vitamina, hoy asociado a la diseñadora Jazmín Chebar en esa marca. (Tanto Ainstein como Chebar son ex diseñadoras de Vita-mina.)

* Emiliano Fitá:
sus padres fundaron John L. Cook; hoy es el factótum de Wanama.

* Federico Alvarez Castillo:
desde hace cerca de 15 años viene desarrollando marcas propias (Motor Oil, Mango) y lanzando ajenas ( Polo, Paula, Conoglio, Lacoste, para su ex empleador The Exxel Group). Ahora, en el mayor de los secretos, está desarrollando una marca «top» de ropa para hombres.

* Fabián Bakchellian:
encabezó Gatic en los años más difíciles tanto para su empresa como para la actividad en el país; luego de dejar el timón de la textil en manos de su padre Eduardo, volvió a la actividad con la marca de ropa informal Boardwalk.

Los tres primeros tienen algo en común: le vendieron sus marcas al fondo AVP y éstos a su vez dieron la mayoría accionaria al megagrupo estadounidense AIG (American International Group. Y a pesar de figurar novena entre las empresas de mayor facturación de Estados Unidos según el ranking «Fortune 500», la aventura en indumentaria de este gigante de los seguros terminó en un pedido de quiebra de su «pata» textil.

En el otro extremo está Adolfo Drescher, ex propietario de Caro Cuore, que hoy sigue trabajando para la marca que le vendió al fondo BISA (de la familia Bemberg, la misma de Quilmes). Esa relación no tuvo «ruidos» y los inversores permitieron que la empresa siguiera operada por quienes la hicieron exitosa.

Todos los «veteranos» apuntan al segmento más alto de los consumidores, tal como hicieron con sus marcas originales. «Es lo que sabemos hacer; abajo hay otros industriales con más experiencia que nosotros en ese mercado», dice Claudio Drescher.

• Oportunidad


«Mis padres firmaron un compromiso con AIG de no competir en indumentaria, pero yo no...»
, admite con una sonrisa Emiliano Fitá, factótum de Wanama y heredero de los fundadores de John L. Cook. Fitá cuenta que «además de Vitamina y JLC se cayeron muchas marcas, otras abandonaron el país por no poder seguir importando; nos pareció que era un momento oportuno para lanzar un nuevo concepto: entrar en la crisis siempre es más barato que hacerlo en la cresta de la ola». Y si bien no lo dice, es casi obvio que se refiere a la experiencia negativa de quienes compraron caro y luego quebraron.

Wanama, UMA y Jazmín Chebar cuentan con media docena de locales
«y no queremos expandirnos mucho: creo que con tres locales más en el interior estamos bien», dice Goldberg. Fitá, en cambio, es más ambicioso: «En locales propios estamos bien, y ya tenemos franquicias en el interior.Además, ya cerramos acuerdos con las chilenas Ripley's, Almacenes París y Falabella para poner nuestra marca en Argentina, Perú y Chile». Alvarez Castillo, según el mercado, reaparecería en la próxima colección estival, y Bakchellian ya vendió sus productos Board-walk el verano pasado en casas de deportes.

Drescher, que enfatiza el hecho de que
«yo me fui de Vita-mina/Cook antes de la convocatoria y en desacuerdo con esa medida», asegura que «Jazmín» siempre tuvo «una orientación exportadora, aun en el uno a uno: estamos vendiendo prendas a México, España, Estados Unidos... Pero sabemos que somos una marca de nicho; no queremos crecer demasiado».

Goldberg recuerda que él también, por haber firmando un «non compete agreement» con AIG, se recicló como marroqui-nero.
«UMA nació como una marca de artículos de cuero, pero cuando venció el acuerdo, agregamos ropa: es lo que mejor sabemos hacer...» Y asegura haber «abrochado» el primer convenio de franquicia para abrir una boutique en la paqueta calle Serrano, la Recoleta madrileña. «Hoy es muy difícil abastecer a grandes cadenas de afuera: me da para una boutique pero no para ser proveedor de El Corte Inglés», admite con cierto alivio.

Fitá recuerda los días en que
John L. Cook (hoy poco menos que un espectro de lo que fue) se vendía en Macy's y en todo el sur de Estados Unidos («en el Norte tuvimos que modificar el logo, que se parecía a la bandera confederada, pero en el Sur podría decir que era el secreto de nuestro éxito»).

¿Podrán resistirse estos empresarios a la tentación de volver a constituir grandes cadenas? Por un lado, la dificultad para financiarse podría ser un freno natural a su expansión, pero el hueco dejado por grandes nombres internacionales podrían hacerlos recaer en la tentación. Pero ninguno parece haber perdido el «toque» que los hizo exitosos la década pasada.

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