Reforma gobierno la Ley de Entidades Financieras
Promueve el grupo Fénix, no se sabe si comparten criterio Lousteau y Redrado. Persiguen nueva dirección para el crédito, mayor subsidio de tasas para empresas y obligación a entidades minoristas para tener banca de inversión. ¿Un proyecto para Hugo Chávez o para Cristina de Kirchner?
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Aldo Ferrer
Lo más novedoso de este proyecto es sin duda la figura de la FABI. Esto significa que se obligaría a las entidades bancarias a tener departamentos de banca de inversión separados de los de banca minorista o comercial. Por este motivo resultaría necesaria la creación de un banco nacional de desarrollo que interactuaría con el resto de los departamentos de inversión de las entidades ubicadas en todo el país y desarrollar la función ampliada de la banca de inversión (FABI). En este caso deberían modificarse las normas prudenciales del BCRA en ciertos casos para darle más agilidad a la obtención de los créditos por parte de las empresas. De acuerdo con la explicación de los economistas que trabajan en el tema, habría en este caso un enlace de carácter federal entre las instituciones con los demandantes de crédito de la banca de inversión, es decir, las pequeñas y medianas empresas (pymes).
Otro de los aspectos que podría incluir el proyecto de reforma será que una de las funciones de la FABI contribuirá a la ampliación del capital de las firmas. Hay que señalar que esto requiere la flexibilización de las normas prudenciales del BCRA. En particular, las referidas a la participación de las entidades financieras en empresas que busquen desarrollar proyectos de interés nacional. Este mecanismo sería uno de los más importantes para relacionar el sistema financiero y el mercado de capitales en la ampliación del capital de las empresas.
Entre los puntos principales de la reforma que buscaría acabar para siempre con la llamada Ley Martínez de Hoz y también figuraría el redireccionamiento del crédito. Es decir, que los bancos privados y públicos dirijan sus préstamos más hacia las pequeñas y medianas empresas que al consumo, algo que el gobierno viene solicitando insistentemente a las entidades financieras cuyas agrupaciones principales, como ABA, ADEBA y ABAPRA ni desmienten ni confirman. Aunque desde esta última se afirma que resulta necesaria una reforma del sistema financiero para que se adapte a este nuevo modelo económico que prioriza la producción en lugar de la especulación. Por su parte, fuentes consultadas del BCRA admiten que la reforma no sería necesaria y desde el Ministerio de Economía se habría comenzado a estudiar el tema bajo la gestión de Miguel Peirano.
En reiteradas ocasiones durante este año, el gobierno ha insinuado que los bancos deben modificar su forma de prestar. El último fue el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en la reciente reunión anual de la UIA, donde manifestó que «los bancos tienen que cambiar su forma de prestar» y dijo que se «revisará la normativa del BCRA para que otorguen créditos a largo plazo para la industria». «La verdad es que a veces no entiendo cómo con este crecimiento no hay créditos para el que quiere invertir y apostar por el país. Hay algo que está fallando.» «Los bancos privados creen que sólo hay que prestar cuando las cosas van bien, pero están equivocados.»
Por otra parte, un trabajo de la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (ADEBA) presentado hace unos días propone nuevas medidas para una expansión del crédito a largo plazo.
Entre los puntos salientes está la creación de un seguro contra la volatilidad de la tasa a las empresas mediante un subsidio del gobierno que cubra eventuales modificaciones. También que se permita a los bancos que cumplen con requisitos de solvencia desempeñar el rol de banca de inversión, algo muy similar a lo que plantean los economistas del Plan Fénix. No menos importante es el pedido de « repatriación de los fondos argentinos en el exterior», que alcanzarían los u$s 160.000 millones, los que, una vez ingresados en el sistema financiero local, eliminarían ese cuello de botella.
El sistema financiero argentino ha cambiado en las últimas décadas mediante sucesivas reformas. Estas modificaronde manera sustancialsu marco normativo. En los períodos 1946-1957, 1973-1976 y parte de 1982 se trató de un sistema financiero con nacionalización de depósitos. Entre 1957-1973 y 1977-1982, el sistema operó con los llamados encajes fraccionarios, en tanto que desde 1983 hasta 1984 el sistema incluyó características de ambos. Por otra parte, hasta 1977 el sistema operó con tasas de interés reales negativas. Esto significaba que la autoridad monetaria fijaba las tasas de interés en un nivel más bajo que la tasa de inflación vigente, afectando seriamente la rentabilidad de las entidades financieras. La idea de la reforma es volver a un sistema más parecido al que operaba entre el 73 y el 76 con nacionalización de depósitos, tasas de interés subsidiadas y encajes fraccionarios para reorientar el crédito, algo totalmente diferente del sistema financiero actual y que, de confirmarse, generará una gran polémica.




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