11 de diciembre 2006 - 00:00

Salud y carne más caras

Al Indice de Precios Minoristas el gobierno lo tiene controlado, en todo sentido. Pero para el corto plazo están surgiendo datos con impacto directo en el público. Uno de los temas más importantes pasa por la carne, que ya es para el gobierno un eterno problema (y lo seguirá siendo en función de las medidas que se vienen adoptando para resolverlo). Es que desde hoy se empezarán a ver reflejados al consumidor los mayores precios pagados por el ganado por fuera de los controles oficiales que se realizan en el Mercado de Liniers. Es uno de los efectos del paro del campo que se extendió durante nueve días y que hoy culmina. Pero ayer trascendió también que las prepagas aumentarán 8% el valor de la cuota para sus afiliados desde enero. Es bastante inferior esta cifra a 22% de incremento pretendido, pero habría un ardid detrás de estos acuerdos a anunciarse: las empresas serían autorizadas a cobrar adicionales por hasta $ 15 por prestación. Se repetiría así el mecanismo para disfrazar las subas utilizado por el gobierno en las cuotas de los colegios privados, con incrementos de adicionales al valor de la matrícula. Los problemas de fondo siguen sin solución.

Mario Llambías
Mario Llambías
El precio de la carne terminará subiendo pese a las pretensiones del gobierno.

Aunque las grandes cadenas de supermercados y las carnicerías de Capital y Gran Buenos Aires logren mantener acotados los precios de los doce cortes sugeridos por la Secretaría de Comercio Interior -conducida por Guillermo Moreno-, compensando con subas en las restantes variedades, en el interior del país, con menos posibilidades de contar con todas las categorías de animales, la carne al consumidor ya aumentó entre 15% y 20%.

Las grandes urbes y especialmente las grandes bocas de expendio logran ofrecer carne de novillo, novillito y de ternero (ahora que se puede faenar). Pero en muchas provincias, especialmente en aquellas en que los cortes se denominan de otra manera (por caso, pulpa por lomo o peceto, o chuleta por bife angosto), la oferta se reduce a novillo o directamente vacas. Es allí donde el control es escaso y los precios no se ajustan a ninguna lista de sugerencia.

«La realidad muestra que no hay hacienda y que habrá mucho menos en el futuro porque la ganadería se sigue marginando a las zonas más rústicas y con menores posibilidades de rendimiento», sostenía ayer un ganadero santafesino. Un claro ejemplo de la falta de hacienda quedó evidenciado en la suspensión de dos remates previstos para esta semana en las principales zonas de invernada.

  • Operaciones canceladas

  • Durante la protesta agropecuaria, la hacienda se negoció a los valores sugeridos por el gobierno en el Mercado de Liniers; se suspendieron los remates y las ferias, y se cancelaron las operaciones de venta directa. En el clásico mercado concentrador se operaron 6.700 animales la semana pasada, entre 70% y 80% menos que lo negociado habitualmente en esa plaza.

    La protesta afectó a los principales frigoríficos que abastecen el mercado interno, muchos de los cuales se quejaban privadamente por tener que paralizar el procesamiento con pérdidas a su exclusivo costo. Los animales negociados en Liniers, provenientes de campos de las Fuerzas Armadas y de algunos empresarios de buena vinculación con el gobierno, permitieron, especialmente en el primer cordón del Gran Buenos Aires, abastecer el consumo del fin de semana largo. La merma de oferta de hacienda podría afectar martes y miércoles el abastecimiento, hecho que presionaría sobre los precios, aunque los controles oficiales impedirían un repunte de valores. «Los carniceros seguirán compensando, modificando los valores de los cortes que no están incluidos en el acuerdo de precios para mantener los doce pactados sin modificaciones», admitía un analista del mercado.

    «Los consignatarios reconocen que hay desinterés en vender por parte del productor. El que quiere conseguir hacienda debe pagarla más cara. En esta época los ganaderos suelen comprar hacienda de invernada para mejorar su situación impositiva, pero este año no invierten ante la incertidumbre de no saber hacia dónde va la ganadería», decía el analista.

    Desde el Chaco se indicaba que «por el miedo al futuro la ganadería se quedará quieta» y agregaban que «se aproximan épocas de poca inversión. Nadie va a sembrar pasturas para el ganado si no sabe que tiene la posibilidad de vender su hacienda a buen precio y sin intervenciones o sugerencias. Muchos ganaderos bajaron los brazos y la ganadería se irá corriendo a zonas menos favorecidas. En cuanto a los precios, puede suceder cualquier cosa... porque no hay hacienda», indicaba el titular de la Asociación Rural de Basail, Juan Capozzolo, integrante de CHAFOR, la entidad de CRA -presidida por Mario Llambías-que reúne a productores de Chaco y Formosa.

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