Alberto y su control preferido: el temido Excel de Cafiero, Todesca y Rigo

Economía

El Gobierno repite una costumbre tomada de la presidencia de Néstor Kirchner. Cada jornada Santiago Cafiero, Cecilia Todesca y Raúl Rigo se reúnen en un despacho del primer piso de la jefatura de Gabinete para analizar, computadora en mano, las variables fundamentales de la economía. Cuáles son las conclusiones.

El Gobierno de Alberto Fernández repite una costumbre tomada de la presidencia de Néstor Kirchner y que, en su momento, se convirtió en un clásico. Cada jornada, por la mañana, la rutina es la misma. Santiago Cafiero, Cecilia Todesca y Raúl Rigo se reúnen en un despacho del primer piso de la jefatura de Gabinete para analizar, computadora en mano, las variables fundamentales de la economía. El anfitrión, la vicejefa de Gabinete y el secretario de Hacienda repasan detenidamente lo que sucedió el día anterior en cuanto al comportamiento de la recaudación impositiva, especialmente las liquidaciones que hacen las grandes empresas y contribuyentes en el IVA y Ganancias, como también lo que aporta cada jornada el flamante impuesto PAIS a las compras de dólares hasta 200 mensuales por cuenta.

Se analiza detenidamente la evolución de los ingresos por retenciones a las exportaciones en su nueva versión albertista corregida y aumentada. Se la compara luego con lo que los exportadores de commodities declararon y liquidaron el año pasado para el primer trimestre de 2019. Se hace una comparación diaria en cuanto a la evolución de estos impuestos, que puede derivar en que se requiera a otros funcionarios del gabinete nacional (que deben responder de manera inmediata y online) sobre por qué algún ingreso subió o bajó. También circulan por las computadoras de los tres funcionarios los resultados diarios de la balanza comercial, los valores internacionales de los principales bienes primarios exportados y la situación particular del saldo con Brasil entre importaciones y exportaciones. El trío se concentra después en los niveles de reservas del Banco Central, la demanda de dólares de empresas al precio oficial sin el impuesto PAIS, la evolución del precio oficial (y el extraoficial) de la divisa y la marcha de las cotizaciones del MEP y el CCL. También la Bolsa, los bonos y el mercado de capitales en general.

Finalmente, Cafiero, Todesca y Rigo pasan al último capítulo de la rutina matinal. Desde hace un mes funciona de manera diaria un Excel preparado por el Ministerio de Producción de Matías Kulfas, con la evolución del precio diario de 900 productos de primera necesidad (alimentos, bebidas y consumo masivo), que incluye tanto los que están dentro del programa Precios Cuidados como otros “liberados”. Y cada vez que hay algún tipo de distorsión en el listado, los responsables del área son contactados para advertirlos y pedirles explicaciones; las que, irremediablemente, al otro día deben ser enviadas para el análisis del grupo.

Una vez terminado el control de fiscalización de los tres funcionarios, se elabora un “paper” de tres pantallas de computadora, que inmediatamente es enviado al Presidente. El trío debe esperar a que el jefe de Estado las analice, saque sus conclusiones, dicte sus órdenes sobre si se necesita más información de alguno de los ítems y si hay algún funcionario del gabinete que debe ser consultado para profundizar alguna cuestión (en general, vinculado con el dólar, la inflación y las reservas), antes de dar por terminada la sesión. Sólo después del visto bueno de Alberto Fernández, Cafiero, Todesca y Rigo pueden volver a sus otras tareas habituales y desarrollar el resto de su rutina.

A partir del análisis del Excel de las últimas semanas, el Gobierno sacó algunas conclusiones:

Si bien la inflación no está controlada, la contracción general de enero se repetirá en febrero, pero tendrá problemas en marzo. Es tarea de Economía trabajar para que el ritmo de 2% a 3% mensual se sostenga para el momento de comenzar a discutir las paritarias para este año. La meta oficial es que la proyección de un incremento en los precios de no más de 40% para 2020 sea creíble al momento de discutir aumentos salariales.

Se concluyó que fue una buena decisión congelar las subas de las naftas y no avalar el alza de 5% programada para diciembre. Según el Excel oficial, el precio del petróleo cayó ese mismo porcentaje, con lo cual se equilibró el potencial incremento. Si bien se reconoce el retraso en los precios de los combustibles, se considera dentro del oficialismo que aún hay margen para apuntalar el congelamiento; hasta, al menos, después de la sanción de la nueva ley de hidrocarburos y la renegociación de la deuda externa.

Se cree que parte del congelamiento de precios se debe a la estabilización de las tarifas de servicios públicos. Si bien se anunció que comenzará a trabajarse sobre estos valores desde junio, se buscará que sea dentro de un acuerdo de largo plazo. Antes, otra vez, se esperará al resultado de la renegociación de la deuda y la consolidación de la pesificación de las tarifas.

Hay cierta desilusión con los productores de alimentos y bebidas a partir del alza de los precios en el primer bimestre de gestión, ya que no se habría producido la prometida absorción de la eliminación del IVA por parte de los privados. Por ahora, no habrá conclusiones públicas negativas contra las empresas, y se esperará a conocer el resultado de la medición del IPC de febrero en el rubro alimentos. Si también este mes el nivel de incrementos supera la línea de flotación del índice general, el Gobierno comenzará con la acción directa.

El mercado de demanda laboral se está estabilizando, lo que permitió el anuncio del levantamiento de la doble indemnización. Para el momento de comenzar a discutir los acuerdos sectoriales, Alberto Fernández quiere que la promesa que se le hizo a la Unión Industrial Argentina (UIA) de dejar de lado este régimen esté cumplida.

Fruto de los controles del trío de la Jefatura de Gabinete fue que se concluyó que no era problema la revalorización que el dólar vino mostrando en las últimas jornadas y que elevó el valor de la divisa en la medición oficial sin impuesto PAIS de los 62,2 pesos de fines de enero a los 63,8 de ayer. Para el Gobierno, la evolución alcista obedece a una revalorización a partir de la inflación acumulada desde la asunción de Alberto Fernández hasta enero, y sólo se trata de mantener un nivel competitivo de la divisa. No se ve además que el incremento esté generando presiones inflacionarias ni que haya un aumento sostenido de la demanda, con lo cual, se dejará actuar a la divisa con cierta libertad controlada con el cepo hard vigente.

La brecha entre la recaudación impositiva y el IPC (que llegó a 8% en enero) se reducirá en febrero a cerca del 4%, fruto de una mejora en los ingresos por un crecimiento en el consumo en el primer mes del año; cruzado con la reducción del índice inflacionario. Se espera además que la evolución de los ingresos tributarios continúe mejorando en cuanto al IVA y que el tributo PAIS siga trayendo satisfacciones. En este sentido, el número de $3.300 millones de enero resultó positivo para las previsiones oficiales (aunque los privados lo hayan considerado escaso), lo que determinó que la semana pasada Alberto Fernández acelere el anuncio del otorgamiento de medicamentos gratuitos para los jubilados, y que el financiamiento para el programa que comenzará el 1 de marzo se obtenga del pago del 30% a la compra de divisas.

Sobre el aumento a los jubilados, hay malhumor por la interpretación fiscal que se hizo del anuncio. Según los datos del Gobierno, no habrá ahorro final con el achatamiento de la pirámide, sino que el resultado entre gastos e ingresos terminará empatado.

La costumbre del Excel es un revival de algo que Alberto Fernández le vio hacer a Néstor Kirchner durante los cuatro años de gestión entre 2003 y 2007. El entonces presidente llevó a la Casa Rosada una costumbre que, a su vez, trajo de Santa Cruz. Todos los días, desde el Ministerio de Economía, se le debía enviar una hoja impresa con los resultados de las principales variables macroeconómicas; especialmente los ingresos tributarios, gastos y el nivel de reservas. También cada mañana plasmaba esos números en un cuaderno Gloria que luego servía de control fiscal. Aseguraba Kirchner que ese método algo anticuado sería la base para sostener el superávit fiscal ya que “el criterio almacenero” nunca fallaría. Albero Fernández, a su modo y con una versión aggionada, volvió con esa costrumbre.

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