La propuesta habilitada ahora por Estados Unidos de integrarse en una relación con el Mercosur, en una suerte de 4 más 1, resulta inviable en el corto plazo por la política interna del país del Norte y de la región sudamericana.
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La idea aprobada por el gobierno de George W. Bush, y lanzada ya por algunos funcionarios del Mercosur -que comenzará a negociarse entre el 24 y 26 de este mes- pretende un tratado de libre comercio entre el bloque regional y los estadounidenses, aunque encontraría serios escollos en el mismo Congreso norteamericano. Para aprobarse un acuerdo de estas características, debería habilitarse el fast-track (víarápida), que tan esquivo resulta a los presidentes estadounidenses. Desde ese punto de vista, no sería posible semejante acuerdo continental. De hecho, se indica que sin el fast-track, las negociaciones demorarían 8 años.
Un tema clave en las discusiones del Mercosur con otros bloques, como el NAFTA o la Unión Europea, es la disputa por los subsidios aplicados sobre los productos agrícolas, los mismos que generan una guerra comercial entre EE.UU. y Euro pa. Difícilmente los Estados Unidos puedan desarticular su actual esquema arancelario a ciertas importaciones y las cuotificaciones impuestas sobre algunos productos (por caso, carnes, miel y maní) -todos aprobados por el Congreso estadounidense-, y mucho menos, eliminar los planes de apoyo a sus «farmers» aprobados por la Ley Agrícola y sus reformas anuales. Sin un tratamiento intenso de los subsidios agrícolas, no habría negociación posible para el Mercosur, el principal afectado por estas trabas comerciales y un fuerte competidor para la economía estadounidense, al menos en productos primarios.
• Confusión
En el plano regional, la situación también se muestra confusa. Desde Brasil los sectores privados intentan asociar como una presión de Estados Unidos el hecho de que el anuncio a esta nueva intención de integración se haya realizado en simultáneo con el apoyo financiero otorgado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a la Argentina. Los funcionarios, en tanto, hacen uso de la necesaria comunicación diplomática, y apoyan en los dichos el nuevo avance estadounidense, aunque muestran pocas expectativas de un resultado auspicioso para la región.
En Brasil son conscientes del interés de los Estados Unidos por penetrar en su mercado de consumidores en franca expansión, pese a los problemas económicos. Y los brasileños no hacen concesiones: ya presentaron una queja contra Estados Unidos ante la OMC por los subsidios que aplica a la soja. Uruguay, por su parte, es el país que muestra más euforia luego de la noticia conocida diez días atrás y revitalizada ayer en Punta del Este.
En la Argentina, se coincide en que para salir de la recesión la ayuda financiera otorgada por el FMI debería acompañarse por un incremento en las exportaciones. Pero la falta de competitividad de las ventas externas a Brasil por la devaluación del real y problemas internos que afectaron las exportaciones a otros destinos imponen un panorama incierto para el país. No obstante, para la Argentina «Brasil sigue siendo prioridad en política exterior», según dijo el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini.
En tanto, algunos analistas indican que la propuesta estadounidense -que tiene, ciertamente, en la mira a Brasil- tendería a justificar ante la sociedad norteamericana una ayuda que no contaba con el beneplácito de los ciudadanos. Otro argumento engloba la propuesta de una nueva escalada de la guerra comercial con la Unión Europea, región con la que el Mercosur ya inició -y avanzó- negociaciones para una integración.
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