Como en otras oportunidades, resulta fácil encontrar algún chivo expiatorio a quien culpar de la baja del mercado. Puntualmente, podríamos hablar de Hewlett Packard Compaq o de Disney, a quienes la mayor parte de los analistas veían hace ya semanas prenunciando números positivos y que terminaron lanzando un "profit warning" (advertencia de cambio en las ganancias) que golpeó duro al mercado. Tan duro como para que antes de la primera hora de operaciones el Dow perdiera 1,02% y el NASDAQ, 2,48%. Ahí es cuando se difundieron los datos del índice ISM no manufacturero (con datos mejor que lo esperado), pero para ser sinceros y a pesar de que algunos le achacaron a este dato la capacidad de reimpulsar las acciones, lo cierto es que hasta las dos de la tarde se puede decir que nada cambió demasiado. En ese momento, surgiendo de la nada, como suele ocurrir tantas veces, una ola compradora que fue llamativa más que nada por lo amplio de su base, llevo al S&P 500 y al Dow al lado ganador, pero volvió a "pincharse" en la última hora de operaciones, y el Promedio Industrial cerró en 8.737,37 puntos, mostrando un retroceso de 0,06%, en tanto que el NASDAQ perdía 1,31%; y el S&P, 0,35%. Un dato curioso es que si bien HPQ y DIS fueron los papeles de peor evolución entre las blue chip, fueron las acciones tecnológicas medidas por el NASDAQ y en especial los fabricantes de semiconductores, que perdieron 5,7%, los que llevaron las de perder. Achacar esto (que tuvo más olor a una corrección ante la suba brutal de los últimos días) a la baja de pulgar que hiciera la gente de Morgan Stanley al sector es estirar demasiado la importancia de esa casa bursátil.
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