Se lamenta un 25 de Mayo con una Argentina partida
España, una vez, presumió de ser dos Españas. Y tuvo su guerra civil. Discutía ideologías, formas de vida, intereses. Con más tosquedad de causa, la Argentina en su 25 de Mayo patrio ayer también presumió de sus dos rostros, de un carácter bifronte que hace apenas 70 días se desconocía. A lo que llegó el enfrentamiento entre gobierno y campo. Ayer, también, cargadas de inflamada oratoria, las dos partes volvieron a la intolerancia. Y a la intimidación de que la escalada proseguirá: unos alegando que harán más cortes y paros si no les conceden hoy mismo lo que reclaman; los otros advirtiendo que apelarían a la denuncia por sedición si persisten esas acciones. Ambos, claro, tienen sus amparos: el campo ya habla de una legitimidad sostenida en históricas movilizaciones; el gobierno, en el voto pasado que lo legaliza. Lo cierto es que hoy el gobierno recibirá a los ruralistas sin que esto implique que se termine el litigio ni mucho menos sus derivaciones imprevisibles. Mientras, más discursos, más palabras, el nuevo deporte del país en los últimos dos meses. Al mismo tiempo, continúa subiendo la inflación, se derrumban los títulos públicos, las empresas stockean por miedo, faltan productos de primera necesidad y el público retira sus depósitos de los bancos. "Si los individuos definen las situaciones como reales, ellas serán reales" (William Thomas). Por más que no lo quiera el gobierno ni lo desee el campo.
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Una gran diferencia con respecto a hace dos meses es la mayor unidad entre las distintas entidades. A pesar de que el paro agropecuario se inició como una lucha conjunta contra una medida que consideraban abusiva (las retenciones móviles), no era secreto la poca sintonía que existía entre los productores de la FAA y la SRA.
Sin embargo, ayer un cartel reflejaba el sentimiento que reina hoy en día entre las diferentes entidades: «Gracias Presidenta por unirnos». Esto no sólo se tradujo en pancartas, sino también en el recibimiento que tuvo Miguens, quien terminó alineándose con las entidades más radicales al señalar que la paciencia del productor se estaba agotando y que «no hay margen para la mezquindad política. Nos deben a todos una respuesta».
El presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, fue el designado para cerrar la convocatoria. Con un lenguaje simple pero directo tiró los dardos más explosivos contra el gobierno, respondiendo así al pedido del público, que lo recibió al grito de «y pegue, y pegue, y pegue Buzzi pegue». Además de acusar a los Kirchner de favorecer a la aceitera del senador Roberto Urquía y de afirmar que «este gobierno es un obstáculo para el desarrollo del país», Buzzi declaró una guerra sin cuartel contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner al afirmar que «ésta es una lucha con un solo camino posible: ganar o ganar».
La sensación final entre los productores era de asombro ante la concurrencia, que algunos comparaban con el acto llevado a cabo por el ex presidente Raúl Alfonsín en 1983. Incluso, los más radicalizados señalaban que esta vez no importaría lo que se opinaba en la Capital Federal, porque el interior demostró estar unido y exigía reanudar el paro agropecuario cuanto antes, sin importarle las consecuencias, hasta que «Cristina recapacite y vuelva atrás con las retenciones móviles».
Pocas horas después de finalizado uno de los mayores actos políticos desde la restauración de la democracia, los ruralistas abandonaron la ciudad de Rosario que, desde el jueves, tenía todas sus plazas hoteleras ocupadas.
* Enviado especial a Santa Fe




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