Se negocia ALCA sin pasar por Brasilia
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En el e-mail que hoy les distribuirá Bielsa a sus colegas del continente están resumidos los puntos a discutir de ahora en más con los países que negocian el ALCA: acceso a mercados, subsidios agrícolas, tráfico de servicios, régimen de inversiones, apertura de las compras gubernamentales, subsidios no agrícolas, antidumping y compensatorias, tráficos de patentes de propiedad intelectual y forma y lugar para resolver las disputas.
Bielsa pergeñó un borrador de ese documento ante los representantes de Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Ecuador, Jamaica, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Trinidad-Tobago y Uruguay que se reunieron el sábado en el hotel Landsdowne (Virginia), cerca del aeropuerto de Dulles, de Washington.
En la versión que terminó de preparar ayer, dará las explicaciones de la posición argentina en cada uno de los puntos, una manera de ratificar que la Argentina tiene un camino propio que la coloca entre los países más modernos en materia de comercio exterior, algo en lo que está en deuda Brasil, que se debe aún toda una generación de reformas.
¿Por qué festeja esto el gobierno argentino? Porque le permite una respuesta a los alardes que hace el gobierno de Lula como árbitro de la negociación continental con gestos como el de Celso Amorim, que estuvo un día antes de esa cumbre de ministro en Washington con agenda propia, se vareó con Colin Powell ante todo el mundo y animó la cena que Zoellick les ofreció a los invitados a la reunión en Blair House -residencia de los invitados oficiales de la Casa Blanca-. De paso, Bielsa no estuvo presente, viajaba desde Buenos Aires porque el gobierno decidió a último momento su presencia en Virginia, que es donde está el hotel de la reunión.
Esa ausencia forzó un desayuno el sábado entre Amorim y Bielsa (acompañado por Martín Redrado y el embajador José Bordón) en la cual el canciller de Lula le informó sobre la cena y lo que se había hablado ya con Zoellick: 1) que EE.UU. reconoce que no puede bajar ya los subsidios; 2) que eso no obliga a Brasil ni a nadie a que negocie lo que no le conviene, algo central para Brasilia; 3) que el ALCA dejará abierta la posibilidad de que los subsidios agrícolas sean discutidos en la OMC, es decir, que se deja una salida que destraba el ALCA; 4) el «plurilateralismo», esto es, que todos pueden negociar por fuera del ALCA si les conviene; 5) que con eso todos los países, aun con el ALCA, podrá mejorar las condiciones de acceso a los Estados Unidos de manera unilateral.
Escuchar esto por Bielsa le significó tocar el demonio, que es la imagen que ve el gobierno argentino cada vez que negocia con Brasil: la del gobierno de ese país forzando a todos los demás de la región a negociar desde sus condiciones, cuando hay países como la Argentina que están con un perfil mucho más apto para una negociación de acuerdos más ventajosos.
El gobierno no puede volver sobre sus pasos y denunciar como una debilidad de ocasión los cantos de amor hacia Brasil. Decir que el Mercosur y la alianza con el Brasil son necesarios es algo que ningún gobierno argentino se anima ni a poner en duda. Pero, hacia adentro, la verdad es que los gobiernos argentinos lo viven como una presión por tamaño que está dirigida a lograr el objetivo final de la diplomacia de Amorim: la foto de Lula sentado junto a los presidentes del G-7 (los más ricos del mundo) como el representante y síndico de los más pobres.
¿Es imaginable otro camino?, se preguntan en el gobierno argentino con cada gestión que se sucede. Hoy el gobierno Kirchner lo expresa así: la Argentina el año que viene va a limitar al Oeste por Illinois (es decir, el Chile que tiene un acuerdo de libre comercio con EE.UU.) y al Este con Fome Zero (el Brasil de Lula). Por eso, se regocijan los funcionarios con oportunidades como la de Washington cuando ven a un Zoellick debilitado por la necesidad de salvar la cumbre de Miami de este mes y que no se convierta en la tumba del ALCA. «No podíamos permitir que Miami fuera otro Cancún», le dijo anoche Bielsa a Kirchner demostrando que ya maneja esa facilidad de los diplomáticos para identificar los problemas con los lugares donde se discuten.




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