Lo más realista para entender el futuro es observar los mercados. No deben ser endiosados, es cierto, pero tampoco ignorados, porque reflejan a los mejores opinantes, los menos charlatanes: son los muchos que apuestan arriesgando el bolsillo. Y desde hace dos días, los mercados en relación con la Argentina están alarmados. Se refleja en bajas o subas que también indican alarma (paridad cambiaria, dólar futuro, retención de divisas de exportadores. Ver detalle aparte en esta página). No es de extrañar lo que sucede dado que entramos en el tramo de los 10 días hasta que comience la discusión en Buenos Aires con unos 20 funcionarios del Fondo Monetario que arriban el 15 de febrero. Pero, además, ingresamos en el mes previo a la fecha -9 de marzo- en que deberán pagarse 3.100 millones de dólares que vencen de un crédito del Fondo para que luego lo reintegre, deducidos sus intereses.
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El análisis de los técnicos del Fondo dirá -como efectivamente sucederá- que se cumplieron las metas fiscales y monetarias para esta segunda revisión. También dirá que la Argentina, entonces, puede elevar de 3% a 4 % o más su PBI, lo que destina al pago de acreedores, incluyendo los bonistas privados. Si la Argentina lo acepta -aunque fuera 3,8%- e inicia diálogo serio con acreedores privados (lo que implica bajar la quita de 75% que en la realidad es de 92% y adoptar el sistema deuda permanente y sólo pago de intereses u otra variante), cesaría la alarma. Si la Argentina no lo hace, se ve difícil que una vez más se le permita postergar las exigencias. El clima mundial es muy adverso al gobierno Kirchner por «no negociar de buena fe», por el nivel de quita que propone, por crear registros para anotar a los acreedores del mundo y, sobre todo, por «la retórica», o sea, las declaraciones despiadadas y despectivas de funcionarios y del propio Néstor Kirchner hacia los tenedores de títulos defaulteados.
Ya la primera revisión se aprobó en el directorio del Fondo con la oposición de 63 países, tres de ellos poderosos, del G-7, los más ricos del mundo. Estados Unidos pesa allí con más de 17% de los votos, Francia (sus empresas en la Argentina tienen graves incumplimientos reales desde la adjudicación de licitaciones) no puede sumarse a los que protestan, Alemania tampoco (presionada por Siemens que quiere cobrar el tema de los DNI), y pocas naciones más -aunque con potencial alto de decisión en ese directorio- sostienen, junto con los solidarios latinoamericanos, a la Argentina en el Fondo. Pero ni George Bush puede sobrellevar bien la presión en contra de la Argentina.
Frente a esto, los analistas que operan en mercados han comenzado a comentar cada día con más insistencia la posibilidad de que Néstor Kirchner abandone la presidencia y se retire al llano con el capital político de no haber cedido ante el Fondo Monetario, ni ante los acreedores privados, luego de haber adelantado sueldos y pagado aguinaldos en diciembre hasta a los piqueteros. Se analiza que podría volver a la candidatura presidencial en 2007. En definitiva ésa era la fecha que había calculado para sus planes y su propio movimiento del cual esperaba una magra cosecha de votos en la elección de abril pasado. Era así hasta que lo sorprendió la designación de Eduardo Duhalde tras eliminar la interna justicialista donde Kirchner no se hubiera ni siquiera presentado porque no creía ganar.
La última frase del Presidente en Entre Ríos dejó más la impresión de que no va a pagar el 9 de marzo, va a dejar caer a la Argentina en default con los organismos multilaterales, repartirá con golpes de efecto 300 millones de dólares extras que le dejó la recaudación de enero sobre el superávit previsto y podría entonces renunciar. Calcularía que les alcanza con su caudal de votos para él a Presidente más Cristina Kirchner lanzándose en la Capital Federal o en la provincia de Buenos Aires, porque algo que se observa es que con lo ganado en imagen en 10 meses con un default incluido, en marzo 2007 los Kirchner no necesitarían nunca más de Eduardo Duhalde y los caudillos bonaerenses a los que desprecian.
En Entre Rios dijo el Presidente en un acto político: «No vine a durar en la presidencia ni a pensar en quedarme mil años. Vine a pelear por mis convicciones y no los voy a traicionar».
Los operadores observan que llevó tan al máximo el tono sobre todo que no pagará a acreedores sin una quita que sostiene irreductible, que le es casi imposible volver atrás en sus dichos. Pero, a su vez, tampoco creen que Néstor Kirchner realmente suponga cierto en los análisis con su gente que puede prolongar más allá de unos meses la situación de no tratar con acreedores. Ni creen que, razonablemente, suponga que la Argentina podría ser el primer país del mundo que subsista y avance en default total con privados y organismos internacionales. Hasta cuando Fidel Castro se retiró del Fondo en los '60 y aisló a Cuba del mundo se preocupó por saldar su deuda con ese organismo.
También se cree que los hombres del Presidente y él mismo deben conocer bien que haberse jugado tanto en no pagar le está significando un oneroso costo financiero extra a la Argentina, agravando lo que ya debe. Los «fondos buitre» ya dominan 17% (unos 18.000 millones de dólares) de la deuda en titulos defaulteados. Para ellos no hay quita e irán a la espera por el total del valor nominal. Cada 40 días, además, se encarece en 17 millones de dólares la deuda vencida de uno solo de los juicios en Nueva York por no acordar sistema de pago. Curiosamente los mercados no caen más porque al crecer la versión de que podría jugar al extremo sus cartas el Presidente e irse luego, podría surgir una gran ganancia por la recuperación de los bonos defauleados.
Es más complicado frenar versiones porque el presidente Kirchner ha tomado la posición de extrema dureza en forma personal. No hay un «ministro-fusible».
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