Para los que creyeron que Roberto Lavagna recibió los resultados electorales del domingo 23 de octubre como una señal de que su poder político disminuiría, aquí viene la desmentida: el ministro le envió al presidente del Banco Central, Martín Redrado, el texto de una «propuesta» de convenio entre esa entidad y el Ministerio de Economía a partir del cual Lavagna pasaría a tener injerencia formal en la definición de la política monetaria.
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Lo de «propuesta» es una gentileza hacia la pretendida autonomía del Central: el papel remitido desde el Palacio de Hacienda ya tiene la firma del ministro, quien sólo espera la adhesión de Redrado. ¿En qué consiste el convenio que se suscribiría entre los dos funcionarios? Sobre todo en dos novedades. Primero, la autoridad monetaria se comprometería a no emitir Letras del Banco Central (Lebac) o Notas del Banco Central (Nobac) con vencimientos superiores a los dos años. Segundo, se crea un comité de política monetaria destinado a coordinar la tasa de interés que pagará el Estado por sus bonos con la que paga el Central por sus Letras o Notas. Ese organismo estará integrado por tres representantes de Economía y tres del Central.
Los expertos que vienen analizando esta iniciativa de Lavagna extraen de ella varias conclusiones. No todas son alentadoras y por eso Redrado ha decidido que el resto del directorio del Banco comparta con él los costos por ceder a las pretensiones de Economía. Le costará poco conseguir el visto bueno del flamante síndico: Hugo Medina fue compañero de colegio de Guillermo Nielsen y llegó a su posición actual desde la Comisión Nacional de Valores por impulso del secretario de Finanzas.
En principio, la existencia misma del comité bipartito significa que el ministro acotará la autonomía del Central para su cometido principal, como es la fijación de la tasa de interés para toda la economía, que se deriva de la que establece para la colocación de sus títulos en el mercado. Es una innovación que provocará el escándalo entre quienes consideran que, como en los Estados Unidos o, sin ir tan lejos, como en Brasil o en Chile, esa función está entre las facultades no delegables de la autoridad monetaria y constituye el corazón de su autonomía.
Hasta ahora la determinación de la tasa para las Lebac y las Nobac era una atribución del comité de política monetaria del Central, integrado por Redrado, el gerente general Carlos Pérez, el jefe de Operaciones Raúl Planes y el jefe de investigaciones económicas Claudio Irigoyen. Es cierto que, como se ufanaba en los últimos tiempos Leonardo Madcur, siempre había consultas informales con el Ministerio de Economía a la hora de establecer las tasas de corte de las Lebac. Ahora esas consultas serían obligatorias, aunque en el BCRA están buscando la manera de retener cierta independencia con un párrafo que aclare que los dictámenes de ese comité conjunto no serían vinculantes. De cualquier modo, es evidente que la cultura política que dominará a las autoridades una vez que se consagre el nuevo instrumento, recordará mucho al juego ochentista del ministro Juan Sourrouille con el presidente del Central, José Luis Machinea.
¿Permitirá Néstor Kirchner esta expansión del Ministerio de Economía sobre el Central? Es una pregunta anacrónica. En rigor, el Presidente ya la permitió cuando se enfadó con Redrado, hace un mes, por haber subido la tasa de interés en una colocación de Lebac sin consultar previamente con Lavagna. ¿Debe inferirse, entonces, que el ministro quiere garantizarse, por la vía de esta innovación administrativa, que la actual política de tasa real negativa se mantendrá inmutable aun en los tiempos en que arrecia la inflación? Tampoco.
• Giro gradual
En el equipo económico ya hay quienes aventuran que la gestión de Lavagna girará gradualmente hacia una política monetaria más restrictiva si las correcciones fiscales no tienen efectos sobre el comportamiento de los precios. Sólo que ese giro querría administrarlo el ministro y no delegarlo en Redrado.
La otra determinación que supone el proyecto de convenio que Lavagna quiere que Redrado suscriba tiene que ver con la colocación de títulos del Central y del Tesoro. Mientras Economía no salía al mercado a financiarse, a las autoridades les resultaba razonable que el Central emitiera Lebac y, sobre todo, Nobac, a tres años de plazo. Claro, quienes quieren suponer aspectos mezquinos en las conductas de los funcionarios, también sospechan que Lavagna pretende sustraer a sus bonos de la comparación con las Letras del Central a la hora de fijar las dificultades de financiamiento de una y otra oficina.
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