31 de diciembre 2001 - 00:00

Si hace falta, damos marcha atrás con todas las medidas

«El Presidente está dispuesto a modificar y dar marcha atrás con todo lo que haga falta para asegurar la gobernabilidad y que lo apoyen todos los gobernadores.» Con esta frase increíblemente sincera -todo un reconocimiento a los errores cometidos en los primeros días de gestión- el ministro del Interior, Rodolfo Gabrielli, inició la reunión con economistas del sábado pasado.

La reunión sirvió de base para un documento económico de 10 puntos que el secretario de Hacienda Rodolfo Frigeri, y Rogelio Frigerio (n), terminaron de elaborar el domingo a la madrugada y que le presentaron luego al presidente Rodríguez Saá. En el documento el gobierno se comprometía a presentar un presupuesto 2002 con un superávit fiscal de $ 1.000 millones eliminando todos los subsidios y fondos y a conformar un fondo anticrisis si la recaudación del año próximo supera lo previsto. La meta de ingresos sería bastante más realista que la del proyecto que hoy duerme en el Congreso: 3.000 millones menos que 39.597 millones que estimó Cavallo. También prometían hacer un fuerte ajuste en los gastos de la política tanto a nivel nacional como provincial, reduciendo drásticamente el número de organismos públicos y las partidas para las Legislaturas y los ministerios.
 
Otro punto importante en el mencionado documento es que se mantendría la reducción salarial en el sector público -incluso se llegó a pensar en profundizar el descuento para llevarlo a 20%- y sólo se buscaría limitar la rebaja de las jubilaciones. «No nos temblará el pulso para bajar más salarios y jubilaciones», dijeron Frigeri y Gabrielli. En el «paper» de Frigeri se aconseja al gobierno a que reinicie inmediatamente las conversaciones con el Fondo Monetario y los demás organismos internacionales y a que complete lo antes posible con los acreedores externos la Fase II del canje de la deuda.

Asimismo, se propone mantener el congelamiento actual de los depósitos, pero haciendo público el compromiso del gobierno de respetar el 1 a 1 de la Ley de Convertibilidad, y por lo tanto, de no tocar las colocaciones en dó-lares.
La promesa de austeridad en los gastos se vería reflejada en las emisiones de LECOP: sólo se emitirían $ 2.200 millones en los próximos 90 días, completando así una partida final de $ 3.500 millones que incluyen los $ 1.300 millones admitidos por el FMI para pago de deudas atrasadas con las provincias. Otro de los compromisos que asume el gobierno es el de enviar lo antes posible al Congreso una nueva ley de coparticipación.

La reunión con los economistas que derivó en este documento mostró a un Gabrielli aterrado por evitar que los desmanes del fin de semana en el Congreso y en la Plaza de Mayo -que lo desbordaron por completo-se repitan hoy en la puerta de los bancos.

«Díganme cómo se hace para que el lunes (por hoy) haya plata suficiente en los cajeros porque si no, rompen todos los bancos»,
preguntaba con desesperación el supuesto responsable de la seguridad interna. Al encuentro concurrieron Marco Rebozov, Pablo Rojo, Diego Estévez, Ricardo Gutiérrez, Francisco Susmel, Humberto Petrei, Alejandro Caldarelli, Enrique Szewach, Carlos Melconian, Nicolás Weisz-Wassing, Agustín Etchebarne entre otros.

La mayoría de los economistas coincidió en que la mejor salida es la dolarización, aunque las opiniones estuvieron divididas a la hora si dolarizar con el 1 a 1 o previa devaluación. Nicolás Weisz-Wassing, Enrique Szewach y Marco Rebozov fueron los que más defendieron la paridad 1 a 1 y la devolución de los depósitos en dólares. En cambio, Carlos Melconian no sólo se opuso a este status-quo sino que propuso directamente flotar libremente el dólar. Tras exponer su idea, se retiró del encuentro para atender su celular y luego regresó enfurecido: «Me acaban de llamar para informarme que uno de ustedes llamó afuera para decir que yo quería salir de la convertibilidad. Con este nivel de indiscreción no tiene sentido que siga aquí reunido», dijo y se retiró ofendido.

Propuestas

Pero fue Remes Lenicov el que rápidamente dio por terminado el debate: «muchachos, en el PJ hay una amplia mayoría que se opone a la dolarización. No tiene sentido seguir discutiéndola porque no la van a aprobar». Y así la devaluación y la dolarización quedó a un lado.

Una de las propuestas más originales y también más polémicas, fue la del ex presidente del Banco Hipotecario, Pablo Rojo, que propuso que siga el un peso un dólar para los privados, pero que el Estado aplique una paridad de 1,30 a 1 para todos sus contratos con acreedores. Con los ahorros de este desagio, confió, se podría bajar el IVA o algún otro impuesto y aumentar los reembolsos a los exportadores.

También
Humberto Petrei puso sobre la mesa una versión chilena de la «pesificación». Se trata de la UEF, una unidad de cuenta ajustable por índice de precios que se utiliza para ajustar la mayoría de los contratos con el Estado y entre privados.

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