Operar, dejarse llevar por la leve marejada, un barco sin velamen y que tampoco tiene ningún timón utilizable. La reanudación semanal encontró la plaza manejándose en un estrecho pasadizo de órdenes, de donde se repartieron algo más de 15 millones de pesos para los CEDEAR y cerca de 17 millones de pesos en acciones ordinarias: está visto ya que con esa marca, aunque no es de las peores (recordar que se trabajaba a menos de la mitad de ello no hace muchos días), se destraban en algo las plazas, pero carecen de sustento para ensayar una mejora intensiva. Esto significa: hacia adentro del mercado hay que aguardar muy poco, las sociedades no están en condiciones de presentar números estimulantes y -a cambio- hay muchas con gran incertidumbre a futuro.
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Pensar en que vengan señales favorables de nuestro contexto político y económico no es tampoco demasiado probable. Y queda esperar de una tendencia que arrastra, desde afuera, pero en un par de fechas la plaza de Buenos Aires se desligó de todo, y de todos, como queriendo advertir que se aísla de lo que suceda en el mundo. Que puede ser positivo, cuando afuera haya malos resultados, pero para la salud futura de la plaza es un aviso preocupante el querer «vivir con lo nuestro», también en Bolsa, cuando no hay capital de riesgo, ni crédito, ni existe una base armada para la inversión bursátil. Un lunes de movimientos acotados y que no tiene valor.
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