Fuertes subas, que en algunos casos llegaron a 80% en el último año, registraron los campos en la Argentina. Los valores ya muestran niveles cercanos a los máximos históricos del año 1998, cuando los granos cotizaban más altos, en el país no había retenciones a la exportación -que recortan los precios al productor-y el dólar valía un peso.
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Esta explosión de mercado para la tierra productiva, motivada porque nadie en el sector y fuera de él quiere estar lejos del boom ilusorio de la soja, provoca también una desaparición de la oferta de tierras y una demanda desmedida que, final-mente, no paga los valores que se piden. Ante la inexistencia de campos para comprar muchos productores grandes, que gerencian amplias extensiones en la Pampa Húmeda y en el Litoral, ampliaron sus fronteras y generan una ola de demanda en Brasil y Bolivia aunque el foco de interés se concentra en Uruguay, donde también se generó una distorsión de mercado «a la Argentina».
«Varios son los factores que sustentan el alza en el mercado de campos: por un lado, la baja en la tasa de interés y la inexistencia de un mercado financiero local han motorizado un traspaso de capitales desde los mercados financieros a la economía real, con la inversión en tierras a la cabeza de la lista de prioridades. La baja de tasas a nivel internacional es otro factor gravitante, puesto que el costo de oportunidad del capital es prácticamente nulo. Este hecho refuerza el interés por activos en la economía real», según explica Mario Arbolave, consultor de «Márgenes Agropecuarios». «La rentabilidad es, en las decisiones de compra, un factor que está en segundo plano. El factor de mayor peso en las decisiones de inversores es la expectativa que éstos tienen en relación con la valorización futura de la hectárea. La explicación a lo que está ocurriendo en el mercado de campos está estrechamente vinculada a la existencia de «capitales viudos», que, sin mayores atractivos en los mercados financieros, se vuelcan a la economía real».
Mientras la tierra en zonas de Pergamino, Salto, Rojas y Colón, típica maicera, se valúa ahora en u$s 4.200 por hectárea -un precio top apenas superado en 1998 cuando los valores de los granos treparon a los máximos de la última década y en esas zonas se llegó a pagar más de u$s 5.000 la hectárea (la familia Pérez Companc compró excepcionalmente en Salto a u$s 10.000 con muy buena infraestructura). Esa misma tierra cotizaba a u$s 3.000 enero.
La tierra pampeana apta para la siembra de trigo (Tres Arroyos, Necochea) se cotiza en u$s 1.700 por hectárea, precios similares a los máximos históricos. La escalada alcista se sustenta, sin embargo, en el boom de la soja, en los altos márgenes del cultivo (exige menor inversión que otros granos) y en la extensión de su siembra en campos sin distinciones de cualidades de la tierra. De hecho, muchos campos ganaderos fueron marginados para dicha actividad y se «agriculturizaron». Esto permitió también el aumento de precios de tierras ganaderas. En áreas de invernada (por caso, Trenque Lauquen y Villegas) la hectárea se cotiza en u$s 1.600, con una suba de 60% en los últimos 10 meses. Otro tanto ocurre en las zonas de cría: en Ayacucho o Las Flores la hectárea de ubica hoy a u$s 600 contra u$s 370 de agosto del año pasado, valor que implica un aumento de 62%. Si se lo compara con el precio de enero (u$s 440/ha), un productor necesita retener hoy 874 kilos de ternero contra los 696 kilos de principios de este año.
•Incentivación
Este panorama alcista incentivó a que empresarios argentinos comenzaran a arrendar campos para sembrar soja en Uruguay, a valores convenientes durante la última campaña. Los uruguayos comenzaron a quejarse primero porque los productores argentinos no utilizaban mano de obra local sino que cruzaban al país vecino con sus propios contratistas. La queja se acrecentó después porque esta situación incrementó el valor de los arrendamientos, y ahora, porque los valores de las tierras treparon hasta 40% este año por el «efecto argentino».
Durante la última campaña Uruguay atravesó condiciones climáticas excepcionales que suplieron deficiencias de suelo y permitieron buenos márgenes para los inversores argentinos que encuentran precio pleno en ese país que no aplica retenciones. Ese buen clima permitió un aumento en el rinde nacional promedio que saltó de 22 qq/ha hasta 30/35 quintales, aunque pocos analistas creen que se repetirá esa performance.
Los conocedores de las condiciones de mercado indican que Uruguay es un mercado riesgoso para la compra aunque oportuno para el arrendamiento. Lo cierto es que en Uruguay hay hoy campos regulares que cotizan en u$s 1.000, un precio impensado para aquellas pampas.
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