1 de octubre 2004 - 00:00

También militares necesitan una reforma educativa

Cuando se trata de establecer cuál es la educación más apropiada que debe impartirse en el seno del Ejército suele enfatizarse la necesidad de inculcar valor, sentido de la obediencia y técnicas específicas para el combate de manera de optimizar el liderazgo táctico. Sin embargo, en un mundo donde el cambio es lo único constante, limitarse a sistematizar doctrinas operacionales y tácticas no basta. Es imprescindible imponer un vasto desarrollo intelectual que permita congeniar la instrucción militar técnica con la capacidad de entender y resolver las implicancias estratégicas, políticas y conducir con éxito operaciones sucesivas.

Tampoco se trata de obtener oficiales que sepan un poco de todo pero no estén especializados en nada o cuyo bagaje intelectual vaya en detrimento de la capacidad para emprender una campaña, manejar hombres y lidiar con la incertidumbre y el azar. Clausewitz se refirió al tema aduciendo que «ningún gran comandante ha sido hombre de inteligencia limitada» e insistió en abrir el juicio crítico para facilitar la toma de decisiones apropiadas, lo cual significa que, los soldados, «deben ser formados y educados por medio de la reflexión y el estudio».

• Adecuación

Se trata de otorgar una instrucción capaz de adecuar contenidos intelectuales a la esencia de la profesión militar. Para ello, es menester adentrarse en el estudio de las relaciones internacionales, la administración de recursos, la ciencia política, y los factores estratégicos para la adaptación a los nuevos escenarios y a los cambios permanentes.

Asimismo, debe contemplarse el estudio de la historia, en cuanto habilita la comprensión del contexto, las herencias y los estilos. En resumidas cuentas, se trata de lograr un equilibrio en el desarrollo del buen juicio y criterio, sumando también el aprendizaje de idiomas, de manera de poder interactuar con otros ejércitos en caso de que los Estados deban formar alianzas, en pro de la defensa de sus intereses.

Para evitar el estancamiento en modelos del pasado, teniendo en cuenta la celeridad de los cambios y la diversidad de los lineamientos en el mundo moderno, es imprescindible captar la esencia de la formación militar y adaptarla, luego, a las características temporales. El genio militar no debe reducirse a la creatividad y originalidad sino que debe estar abierto a los dotes de la mente y al temperamento en general. Al respecto, Clausewitz se lamentaba del «pobre teórico que entrara en conflicto con la razón».

Si bien la teoría proporciona al soldado puntos de referencia y criterios de evaluación, debe sustentar como objetivo final el desarrollo del propio juicio y no quedarse en el mero enunciado que dice cómo se debe actuar. De nada sirve la sola memorización de reglas. Otro ingrediente trascendente en la educación del soldado es la capacidad de adaptación progresiva al presente al tiempo de generar las bases para que él y sus subalternos enfrenten con éxito el incierto futuro. No es factible adaptar experiencias antiguas a las condiciones actuales. Menos aún, intentar proyectarlas y así formar hoy al teniente que será el general de 2030.

• Nuevo estilo

Al viejo estilo de liderazgo, donde el jefe requería de sus subordinados obediencia estricta y valor a toda prueba, se opone el nuevo estilo de conducción que demanda un espíritu ofensivo, audacia dominada por la razón, fines compartidos que se alcanzan con estrategias sencillas así como flexibilidad, fuerza moral e iniciativa y libertad de acción desde los niveles inferiores, intentando obtener los resultados a costos soportables por la economía nacional. Para lograrlo es menester, también, educar el temperamento, formar el carácter y fortalecer el físico.

En síntesis, es preciso dejar de lado el perfeccionismo a ultranza y el preciosismo circunstancial y efímero, para alcanzar la excelencia que proviene del esfuerzo solidario. En un mundo donde lo único constante es el cambio, medios y fines deben actualizarse permanentemente.

El siglo XXI presenta nuevos desafíos a enfrentar como país y como Ejército.
Para la educación militar, estos desafíos exigen respuestas fácticas para la diversificación de conflictos y misiones a cumplir en el ámbito de la defensa nacional. El rol del militar debe estar en concordancia con políticas de Estado alejadas de cambiantes partidismos y vanos fanatismos pero debe ser instrumentado a su vez, por militares idóneos que son, en definitiva, quienes saben que el humano es el más rígido de los recursos militares, conocen la esencia de la profesión y comprenden cabalmente las características intrínsecas de la misión que el Ejército debe llevar adelante para posibilitar el desarrollo armónico de la Nación.

(*)
Teniente general. Ex jefe del Ejército Argentino

Dejá tu comentario

Te puede interesar