Muchos de los que cobran planes Jefas y Jefes de Hogar no quieren cambiar a trabajos estables con sueldos fijos. A su vez, los pocos que necesitan tomar mano de obra evitan ingresar a los que actuaron como piqueteros por temor a introducir una bomba de tiempo en su empresa. Por tanto, se da la curiosidad de que en un país con 21,4% de desocupación (si no se considera «ocupado» al que cobra un subsidio de $ 150) en determinadas actividades falta mano de obra. Por derivación, se nota de nuevo un incremento de la inmigración de países vecinos para ocupar esos puestos, algo que se había frenado y reducido al estallar la crisis de diciembre de 2001.
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Monir Madcur, vicepresidente segundo de la Cámara Argentina de la Construcción, marcó el problema de cumplir con la obligación de tomar 30% de personal con beneficiarios de planes Jefas y Jefes, si las empresas quieren participar del plan de obras por $ 5.700 millones que lanzó el gobierno. «Hay reticencia de la gente a volver a trabajar por $ 700 u $ 800 por mes, aun sin capacitación ni especialización, porque hay familias con 3 o 4 miembros cobrando planes de $ 150 cada uno, sin necesidad de desplazarse geográficamente» (si se hacen rutas o gasoductos en el interior, por ejemplo).
Agreguemos que ese beneficiario de planes asistenciales del Estado teme que cuando termine la obra no pueda retomar los $ 150 que ahora percibe. Este riesgo podría ser rápidamente aventado por el gobierno con un decreto que asegure al que deja un plan Jefas y Jefes su derecho a la restitución inmediata, con lo cual el régimen se acercaría más a los «seguros de desempleo» de los países realmente serios, que otorgan subsidios por períodos, con interrupciones y demostración de intentos de conseguir ubicación laboral.
El otro problema es que los jefes enmascarados de los «piqueduros», y también los que se muestran a cara descubierta de los «piqueblandos», no quieren perder «tropa de calle» y presionan para no cubrir vacantes laborales con sus huestes.
La «solución Duhalde-Fernández (Aníbal)» que se aplicó improvisadamente desde el año pasado ha pasado a ser quizás el principal problema nacional. Originariamente existían los planes Trabajar, Vida (comidas), Arraigo (lotes) y varios provinciales más. Todavía subsisten, pero todos ellos no fueron politizados hasta la exageración como sí sucedió con los primeros piquetes de ruta y cuando se comenzó a calmar a los organizadores con planes asistenciales que entregaba en nombre del presidente Fernando de la Rúa su secretario privado (hoy sigue siéndolo) Leonardo Aiello.
Pero indudablemente esto se empezó a desvirtuar totalmente con Eduardo Duhalde y el secretario general de su presidencia provisoria, Aníbal Fernández, hoy ministro del Interior del nuevo gobierno. Desde allí se formaron la docena -como mínimo- de caudillos de «milicias» hoy prácticamente imparables y atomizadas, que crean un conflicto insoluble al gobierno que no quiere reprimir paro que tampoco puede tolerar tanto. Y los piqueteros le han tomado el tiempo y saben eso.
Dentro del neopopulismo, Néstor Kirchner aprovecha los mayores ingresos fiscales por el alto precio internacional de la soja y cierta loable mejor manera de cobrar y paga subsidios (ahora sumó una especie de «aguinaldo»). Sobre todo cuando sigue el limbo temporario de no pagar deuda externa.
No se puede suspender la ayuda social porque la recesión y el alto desempleo persisten. Pero sí conviene que el gobierno sepa que su táctica de atender y calmar a los «piqueblandos» e ir aislando a los «piqueduros» no tiene futuro. El tema sólo se puede encarar dejando sin «tropa» a los caudillos lentamente. Para eso corresponde tecnificar los planes (pago con tarjetas individuales en entidades reconocidas) para despolitizarlos, tanto para «piqueduros» como para «piqueblandos». Logrado esto se puede ir hacia las fórmulas de seguro de desempleo generalizadas en el mundo.
Entretanto, las cosas no serán fáciles. Los caudillos piqueteros necesitan consolidar y hasta no les vendría mal algún nuevo mártir por represión para enfervorizar más la protesta. No son tontos al haber ocupado un terreno en la Capital Federal (en pleno Palermo, Santa Fe y Bullrich) y desalojado rápidamente, supuestamente «convencidos» por promesas de viviendas que violaban todas las listas de espera de planes estatales para gente habitualmente de recursos medios o bajos. Han creado el antecedente necesario para una segunda, una tercera, una cuarta, un enjambre de ocupaciones ilegales, alegando que creyeron y desalojaron la primera y no les cumplieron, como obviamente no se puede cumplir en los inmediato sin herir a otros sectores de la población.
El gobierno no sabe aún cómo reaccionar. No es fácil. La gente que recibe planes asistenciales y caudillos son muchos para planificar, y además tienen a su favor el factor sorpresa y todas las horas del día disponibles.
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