12 de noviembre 2002 - 00:00

Tres opciones de Duhalde ante el Fondo y en todas paga

Los principales funcionarios del gobierno se concentraron ayer durante buena parte del día en las cuestiones más urgentes involucradas en la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Es decir: la forma de evitar que el Congreso sancione una ley de prórroga de las ejecuciones hipotecarias y la ecuación más segura para enfrentar el vencimiento que tiene el país el jueves con el Banco Mundial, para el que se evaluaron tres opciones. En todas, la decisión es pagar, aunque con distintas modalidades. De hecho, a partir de la conversación de Edaurdo Duhalde con el director gerente del Fondo, Horst Köhler, el lunes de la semana pasada, el gobierno no contempla seriamente la alternativa de entrar en default con los organismos internacionales. Esto impuso acaso el principal límite a la estrategia de presión que venía llevando adelante Roberto Lavagna.

Durante la mañana, Duhalde analizó esta agenda con Alfredo Atanasof, Lavagna, José Pampuro y Jorge Matzkin, a quienes se sumaron al mediodía Guillermo Nielsen; el director del Banco Central, Jorge Levy; el presidente del Banco Nación, Horacio Pericolli; la representante de Economía ante esa entidad, Felisa Miceli; y el subsecretario de Financiamiento del Ministerio de Economía, Hugo Medina.

Piedra

Lavagna habló brevemente, en ambas ocasiones, sobre la piedra que lleva en el zapato la administración frente al tramo decisivo de las discusiones con el Fondo: la sanción por parte del Senado de la ley que suspende las ejecuciones por deudas hipotecarias. La cuestión se convirtió en la más irritante para Anoop Singh y su equipo y también para el gobierno. Atanasof y Matzkin están irritados con Lavagna. Le reprochan haber inducido una negociación con el Congreso para que deje de lado la sanción de la ley a cambio de que el Ejecutivo emita un decreto con un contenido similar, pero más razonable para los acreedores. Sin embargo, también esa propuesta fue dada de baja cuando se advirtió que el Fondo igual la vetaría.

Ayer los ministros festejaron un logro razonable: los bancos se comprometieron a suspender las ejecuciones hasta febrero. Fue el desenlace de una negociación que llevaron adelante con los banqueros tanto Lavagna como Atanasof y Eduardo Amadeo (ver nota vinculada).

Se ingresó después en la incógnita más inquietante, que el gobierno viene analizando desde hace una semana, cuando Duhalde comenzó a dar señales inequívocas de que no hay alternativa al acuerdo con el Fondo. Ese interrogante es cómo resolver el pago de la deuda con el Banco Mundial que vence el jueves. Dijo un chistoso en la reunión: «Si hubiera un congreso internacional como el nuestro, que suspende ejecuciones, hace leyes de quiebra a medida y ese tipo de tropelías, estaríamos salvados. Pero en este caso el juego es distinto». En efecto, el oficialismo no encontró una salida más que pagar, sobre todo porque Duhalde escuchó ya a varios consejeros que le hacen notar que si no se hace frente de alguna manera al compromiso se volverá muy engorrosa, cuando no imposible, la negociación con el Fondo.

• Señales

«Dependemos de qué señales aparezcan mañana, cuando viaje a Washington», dijo Lavagna, aconsejando no menear el tema hasta tanto no haya una señal de Horst Köhler o Anne Krueger que permita alentar expectativas sobre un acuerdo. Se comentó en el despacho de Duhalde que Aldo Pignanelli se había encontrado en México, donde participa de un congreso, con Krueger y Singh y que el clima que le transmitieron había sido bueno. Pero no dio detalles en el informe que le hizo al gobierno vía telefónica. «Más que una declaración alentadora, es poco lo que se puede pedir antes del jueves», comentó Nielsen, antes de que su jefe descartara una opción que aparecía como verosímil: la redacción de un memorándum técnico de entendimiento, elaborado por la «línea» del Fondo, ad referéndum del acuerdo posterior del directorio. «Si estuviera aprobada esa etapa técnica, entonces valdría la pena decidir sobre el pago, pero no hay tiempo para eso», se resignó Lavagna.

El gabinete y, sobre todo, Duhalde siguieron observando las tres opciones que se ofrecen para resolver la encrucijada y que circulan dentro del gobierno en los últimos días:

• Una es la del ministro de Economía, que consiste en hacer un pago
«de buena voluntad». Consistiría en desembolsar u$s 200 millones de capital y u$s 80 millones de intereses como un gesto destinado a mantener la mesa de negociación con el Fondo. Eso sí, se trata de una categoría «sui generis»: el pago parcial no suspende ninguna de las sanciones que pesan sobre el incumplimiento en el que técnicamente caería el país. Por eso, altos funcionarios del Central calificaron esta opción de «payasada».

• Pignanelli, quien sobre casi todas las cosas opina distinto que el ministro,
cree que debería pagarse toda la deuda que vence pasado mañana con el Banco Mundial, es decir, u$s 809 millones. Sostiene que, de lo contrario, será muy difícil mantener la negociación con Köhler y Krueger. Además, le aconsejó a Duhalde que vale la pena cumplir, porque sólo así se conseguiría el desembolso de u$s 600 millones que se viene negociando con esa entidad con destino a programas sociales. El presidente del Central explicó su postura ayer a los dos funcionarios del Fondo, durante la reunión de México. Allí se enteró también de que tanto Krueger como Singh permanecerían en ese país hasta el jueves por la noche, lo que tal vez impida que Lavagna se lleve una impresión completa del estado de la negociación antes de que caiga la espada de Damocles del Banco Mundial.

• Una tercera receta llegó al gobierno de uno de sus asesores permanentes, aunque discreto:
Mario Blejer. El ex presidente del Central aconsejó informalmente que la mejor manera de cumplir con los organismos sin sacrificar reservas sería realizar un depósito en el Banco de Basilea, sujeto a que serviría de pago efectivo el día que se suscriba el acuerdo con el Fondo. Blejer es muy precavido con un aspecto legal de la operación: las reservas del país están destinadas a garantizar la base monetaria, no a enfrentar compromisos del Tesoro. Es lo que dispone la Ley de Convertibilidad, que sigue vigente para este tipo de decisiones. Además, los antecedentes históricos que se consignan para casos como el actual son inquietantes. Durante la reunión de ayer con Duhalde uno de los ministros recordó que en 1990, el país entró en la híper después de haber destinado $ 1.000 millones a cubrir un rojo con el Fondo. El ministro era Néstor Rapanelli.

• Disidencia

La cuestión del pago al Banco Mundial compromete el núcleo de la disidencia entre Lavagna y la Krueger, sobre todo desde el punto de vista político. La directora del Fondo por los Estados Unidos siempre le reprochó al ministro haber hablado de no pagar y, de ese modo, sugerido una fecha límite de la negociación «que para nuestra lógica no existía». Fue dura Krueger en este punto: «Ya que recuperaron reservas, pague», le dijo a Lavagna. La estrategia del ministro quedó debilitada. Primero, porque la sensibilidad del Fondo frente al incumplimiento argentino no fue tan aguda como suponía Economía. Segundo, porque Duhalde le dio una orden tajante a su ministro la semana pasada: «Hay que llegar a un acuerdo sí o sí». El margen de movimiento para Lavagna, que hoy estará negociando de nuevo en Washington, es mucho más estrecho que hace una semana.

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