8 de noviembre 2002 - 00:00

Un banco central argentino uruguayo

La pretensión de derogar la ley de la gravedad lo único seguro que proporciona es un porrazo.

De igual modo, la pretensión de desconocer el rol del dinero en la sociedad moderna sólo puede ocasionar un golpe ejemplar, que en economía es la «depresión» (1).

Alberdi explica con precisión que «sólo bajo la condición de una garantía en dinero efectivo para pagar a la vista los billetes emitidos, sería prudente que el Estado emprendiese la creación de un banco como el previsto por la Constitución» (2). Y en relación con los bancos comerciales, dice que sería aconsejable «que el Estado jamás pudiese poner su mano por ninguna urgencia, prometiéndolo así en tratados internacionales», ya que siendo así «establecimientos de crédito privado organizados sobre pie tan excepcional como adecuado a nuestra situación excepcional también, los capitales extranjeros vendrían garantizados por sus gobiernos a buscar colocación en nuestro país, y el crédito privado tomaría estabilidad y desarrollo, bajo la confianza que inspiran las garantías internacionales contra los abusos de nuestros gobiernos».

La evolución de los depósitos privados en los '90 con garantías análogas a las reseñadas por el gran constitucionalista y su comparación luego de un nuevo «abuso de nuestros gobiernos» confirma la razón que tenía Alberdi.

Desde la sanción de la Ley 25.561 y el Decreto 214/2002, de los $ 43.200 millones de depósitos a plazo fijo reprogramados que quedaban al 28.02.02 («corralón») (3), $ 6.300 millones fueron convertidos a pesos a la relación de u$s 1 a $ 1,40 prevista en el art. 3° del decreto mencionado; $ 6.750 millones fueron convertidos por sus titulares en bonos del Estado Nacional (BODEN 2007 y 2012); $ 900 millones adicionales fueron liberados por las entidades para fomentar la aceptación de dichos bonos. En tanto que $ 7.000 millones fueron aplicados por sus titulares a la cancelación de préstamos (propios o de terceros) con los bancos. Por amparos se produjeron solamente retiros del orden de los $ 2.762 millones. Y se estima que la desprogramación anunciada recientemente por el Decreto 1.836/02 implicará una conversión de $ 1.100 millones a bonos dolarizados. Es decir que el saldo de depósitos reprogramados de todo el sistema financiero argentino actualmente asciende a $ 18.388 millones, que más el CER sumarían $ 24.800 millones, que en dólares a su valor corriente equivalen a 6.900 millones (4). En el mes de febrero de 2001 los depósitos ascendían a 88.000 millones ¡de dólares!, con reservas en efectivo por u$s 34.000 millones, aproximadamente (5). La diferencia obedece al riesgo de abandono de la convertibilidad, a la devaluación y pesificación.

Sin embargo, destruida la confianza en nuestra moneda y emitida una gran cantidad de pesos sin respaldo, no puede volverse al 1 a 1 (6).

Pero sí puede construirse un sistema monetario con una moneda flotante pero estable, como parece ser la preferencia de los economistas (7), quienes en general coinciden en que sólo podría emitirse una moneda estable en la medida que el Banco Central sea verdaderamente independiente en su rol de emisor, y siempre que: (I) tenga prohibición absoluta de emitir moneda para financiar directa o indirectamente gasto público nacional o provincial; (II) tenga prohibición absoluta de emitir moneda para financiar a los bancos que aumenten su exposición crediticia con el gobierno nacional o los gobiernos provinciales; (III) tenga una posición razonable de reservas respecto de la base monetaria; y (IV) se admita y garantice la libre circulación de monedas extranjeras, lo que implica hacer respetar la regla simple y clara de que las obligaciones dinerarias se cancelan con moneda de la misma especie establecida en la obligación, en las cantidades acordadas por las partes, sin que sea posible que ningún caso fortuito o de fuerza mayor o teoría de la imprevisión altere lo que las partes acordaren.

• Reconstrucción

En ese supuesto, podría comenzar a reconstruirse lo que se destruyera alegremente. Si respetáramos esas reglas, el sistema en su conjunto requerirá menor cantidad de reservas (8) y las que existen o ingresen en el futuro podrían aplicarse parcialmente a atender otros fines, como por ejemplo, a sanear la banca oficial o a reducir el endeudamiento externo mediante su recompra u otras operaciones financieras.

La clave del asunto es cómo asegurar un banco central verdaderamente independiente para que pueda emitir moneda sana y preserve su valor de la injerencia de cualquier gobierno que quiera falsificarla o apropiarse de sus reservas.

Además de la responsabilidad personal de los funcionarios, debemos pensar si no ha llegado el momento de dar otro paso en la institucionalidad de la moneda, ya que después de una década y pese a las seguridades de las que se rodeó a la convertibilidad, el populismo y la ignorancia de su valor para el funcionamiento de la economía pudieron más.

El nivel superior a la ley es el del tratado, por eso creo que se podría crear una entidad supranacional que provea moneda fiduciaria a más de un país, sin que ninguno de los gobiernos que concurran a su fundación tenga poder decisorio para manipular la moneda que emita dicha institución, profundizando de tal modo la idea que tenía Alberdi sobre la importancia de los tratados internacionales para garantizar la moneda y el crédito.

Lo ambicioso sería pensar en América (9), o en América del Sur, o en el Mercosur. Pero las diferencias políticas y macroeconómicas lo hacen impensable en el corto plazo y tenemos urgencia en resolver el asunto antes que los enormes daños sufridos aumenten.

Y como un acuerdo tiene que ser útil y bueno para las partes, para ser prácticos y concretos pienso en un tratado con la República Oriental del Uruguay. Nosotros necesitamos una moneda sana y ellos, asegurarse que no haremos un desaguisado cada diez años, que los ponga en serios aprietos macroeconómicos. Uruguay es un país que ha demostrado seriedad financiera y monetaria en el pasado, y que tiene un interés propio en contribuir a evitar los desmanejos en los que solemos incurrir.

El Banco Central Argentino Uruguayo debería tener su sede en Montevideo, y su capital, integrarse con reservas de libre disponibilidad de cada país miembro en proporción a su demanda de base monetaria. Cada parte se reservaría la superintendencia de sus bancos sobre la base de reglas homogéneas.

El
Peso del Plata abastecería de base monetaria a ambos países. Los Estados miembro deberían comprometerse a respetar la libre circulación de cualquier otra moneda extranjera y la libre convertibilidad del Peso del Plata a cualquier otra, sin que pedan aplicarse restricciones en ninguno de los Estados miembro al ingreso, circulación o salida de monedas extranjeras o transferencias financieras de cualquier tipo. Asimismo, deberían pactarse ciertas reglas macroeconómicas, al estilo del Tratado de Maastricht.

Si no resolvemos la cuestión monetaria, se nos condenará a que los salarios sean bajos, los ahorros estén en el extranjero, los créditos resulten caros o inexistentes, el capital sea costoso y el desarrollo económico, una quimera.

Esa moneda tan necesaria no se construye con decisiones tan torpes como la
pesificación, ni desconociendo el aporte que significa para nuestros países que las monedas extranjeras en las que se resguardan los ahorros circulen libremente, movilizando la riqueza que se oculta en nuestros trabajadores desocupados, nuestras fábricas paradas o nuestros bancos vacíos de ahorros y créditos.

(1) El presente es un breve extracto y adaptación de un artículo publicado en el diario «La Ley» el 30 y 31 de octubre de 2002, bajo el nombre «Los pesificadores reniegan de su tempestad».

(2) Ver Sistema Económico y Rentístico, pág. 300.


(3) Ya que durante enero hubo una gran transferencia de fondos a la vista correspondientes a las excepciones a la reprogramación.


(4) Todas las cifras provienen de un estudio de Melconian & Santángelo. Si se despesifican los depósitos reprogramados a 1,40, ascenderían a u$s 13.134 millones.


(5) Incluyendo las reservas de la convertibilidad y del sistema financiero.


(6) La cuenta de reservas de libre disponibilidad respecto de base monetaria arrojaba hace unos días un peso de u$s 0,47 o, lo que es lo mismo, un dólar de $ 2,11.


(7) Excepto para las monedas europeas entre sí que se rigen por un cambio fijo entre ellas, que dio origen al euro.


(8) Si las reglas son claras y seguras, las reservas pueden ser inferiores a 50%, pudiendo comenzarse con niveles superiores para ir reduciendo la proporción frente al aumento de la demanda de la moneda que emita ese banco central.


(9) Ver la interesante propuesta en tal sentido de Gordillo, Agustín, «Primero: Crear el Banco Central Interamericano», LL. 2002/07/25.

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