Nos acercamos a los últimos días del año y da la impresión de que ya todos los inversores dijeron lo que tenían que decir y simplemente quieren que esto termine lo antes posible sin grandes sorpresas. No importa que éstas sean negativas o positivas. Tradicionalmente a esta altura estaríamos viviendo el frenesí del rally de fin de año, pero salvo los más veteranos, nadie parece recordar que existía en el pasado tal anomalía. Lo único importante es cerrar rápido, para empezar un nuevo año y ver si las cosas entonces pueden realmente mejorar, porque este año ya está más que perdido con el Dow 15% abajo, el NASDAQ, 28%, y el S&P, 21%. La probabilidad que esto se revierta en el par de semanas que restan al 1 de enero, es casi la misma que hay para ser derribado por un meteorito al caminar por Central Park. Es así que la baja que tuvo ayer el Dow al cerrar en 8.538,41 puntos tras perder 0,59% (o si se quiere 0,21% que ganó el NASDAQ) realmente no merece mayor comentario. Distinto es el caso del volumen negociado que otra vez volvió a reducirse al operarse apenas 1.230 millones de acciones en el mercado tradicional y 1.400 en el electrónico. Es cierto que hubo quien intentó vincular los datos que se difundieron sobre el consumo de los norteamericanos con algún atisbo positivo que tuvieron las acciones, y que de la misma manera otros achacaron a los temores que generaron los dichos del secretario de la Defensa y las noticias que vincularon operaciones de guerrilla con armas químicas, con el malhumor. Pero por encima de cualquier argumento están los hechos. Y los hechos son que los inversores se están mostrando inusualmente renuentes a exponerse en este mercado.
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