Un plan que depende del clima y de la demanda de hogares
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Pero el programa tiene también insuficiencias. No hay aumento de tarifas. Empresas industriales que exportan seguirán pagando el gas a unos 2 a 3 dólares el millón de btu, mientras se lo importará a precios que oscilan entre 7,90 dólares (gas de Bolivia a más de 10 dólares, gas licuado para regasificar). Peor la diferencia con el usuario doméstico que sigue pagando 0,50 de dólar desde 2001. Si no hay aumento de tarifas, tampoco hay penalizaciones, ni insistencia en el ahorro. De nuevo, en el gobierno parece ganar la posición política y no la técnica: «Vamos a conseguir toda la energía que haga falta». No importa el precio, y no se pide ahorro, aunque llamativamente la propia Presidente lanzó un plan en diciembre que ayer ni se mencionó.
En países como Brasil, por no hablar de los países europeos, el nivel de castigo fue de tal magnitud que llevó obligadamente a las industrias a mejorar sus equipos para que consumieran menos energía, y a la mayoría de la población a usar lámparas de bajo consumo.
Como dijo De Vido, es cierto que este invierno habrá 1.500 megavatios más que el año pasado, pero alcanzarían para cubrir el aumento de la demanda, de modo que las restricciones podrían volver a ser inevitables, sobre todo si vuelve a fallar la lluvia en las represas del Comahue entre mayo y julio.



