Un revés a 72 horas del lanzamiento de Cristina
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su esposo o el suyo?- será «implacable» con los funcionarios denunciados por corrupción.
Así fue: casi como una presidenta paralela, Cristina Fernández intervino en el proceso que derivó en la salida de Miceli del gobierno. Luego, el jefe de Gabinete volvió a su despacho donde, pasadas las 17, recibió a la ministra para anunciarle que no integraba más el gabinete.
A esa hora, Kirchner encabezaba un acto de obras para Berazategui (ver pág. 5). Luego, antes del anuncio oficial de su remoción, Miceli gozó de escasos diez minutos para hablar con Kirchner. «Para despedirse», graficó un protagonista de la retirada de la ministra. El paso siguiente fue convocar a Miguel Peirano, que se reunió con Kirchner, Fernández y el secretario de Hacienda, Carlos Mosse, en el despacho presidencial. El bonaerense Mosse -que en algún momento se mencionó como sucesor de Miceli-continuará en su cargo.
El gobierno trató de asimilar ayer la caída de Miceli que estuvo precedida por una acción judicial que la ubicaba en una situación comprometida. El golpe, de hecho, se produjo a 72 horas de su mayor desafío político: proclamar a Cristina como candidata.
«No hubo especulación con eso. Podríamos haber esperado que pase la acción porque Rafecas (el juez que atiende en la causa ante la licencia de Servini de Cubría) no iba a actuar ahora cuando el viernes entramos en feria judicial», dijeron, anoche, en Casa Rosada.
Asimismo se admitió que la causa Miceli entró en un proceso inmanejable, sobre todo a partir de la información que involucra a sus familiares y que vuelve cada vez más frágiles las explicaciones que en su momento dio la ministra sobre el origen del dinero que « apareció» en su despacho. Eso explica, al menos en parte, por qué del respaldo anterior, Kirchner y Fernández mutaron ahora a soltarle la mano a la ministra.
Ayer, en el gobierno especulaban con que la salida de Miceli se agotará «pronto», por lo que no afectará el lanzamiento de la primera dama programado para el jueves próximo.
Es, en principio, el deseo de que la sombra del primer ministro que renuncia ante una sospecha de corrupción empañe la promesa de «cambio» que saldrá a vender Cristina Fernández.




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