17 de diciembre 2002 - 00:00

Una nueva visita a la riqueza de las naciones

Más de doscientos años atrás, Adam Smith ofreció el primer examen completo de por qué algunos países son capaces de crecer y tener alta calidad de vida mientras otros progresan poco. En la «Riqueza de las Naciones», Smith expuso un número de explicaciones para los diferentes caminos que los países emprenden. Identificó en forma precisa la acumulación del capital, el libre comercio, el rol apropiado, pero delimitado, del gobierno, y la buena «infraestructura institucional» como conductores clave de la prosperidad nacional. Quizás más importante, enfatizó el rol de la iniciativa personal:

«El esfuerzo natural de cada individuo para mejorar su propia condición, mien-tras sufre para ejercerla con libertad y seguridad, es un principio tan poderoso, que es ...capaz de llevar la sociedad hacia la riqueza y la prosperidad...»

En sus escritos, Smith nos dio un comienzo invaluable de nuestros esfuerzos para responder lo que es probablemente la pregunta macroeconómica más importante: «¿Qué hace que una economía crezca?». En este sentido, somos los descendientes intelectuales de Adam Smith. Todavía nos empeñamos en responder preguntas similares a las que él hacía y, esperamos, aprendiendo qué políticas e instituciones son las mejores para crear riqueza y para facilitar que las naciones prosperen.

• Cambio

El debate sobre los recursos del crecimiento económico se ha deformado y ha cambiado notablemente en las décadas recientes. Después de la Segunda Guerra Mundial, algunos países parecieron dar marcha atrás del paradigma del libre mercado articulado por Adam Smith. Muchos analistas interpretaron la turbulencia económica de la Gran Depresión como un signo de que los mercados libres eran deficientes, y comenzaron a mirar los esfuerzos aparentemente exitosos de las economías planificadas de los tiempos de guerra. Pensaban que quizás los gobiernos podían también coordinar las actividades mucho más complejas de las economías civiles.

Estas actitudes más inter-vencionistas hacia la política económica implicaron una regulación industrial creciente, más posesión estatal de activos productivos, altos impuestos para costear iniciativas sociales y, en algunas instancias, controles en salarios y precios. Se creía que estas políticas mejorarían el funcionamiento de los mercados y mantendrían la estabilidad económica y el crecimiento. No fue hasta la década del 70', y las dificultades económicas de esa década, que finalmente se dieron cuenta de que las iniciativas en el mercado habían caído y que estábamos perdiendo los dividendos de los usos eficientes de los recur-sos que esas iniciativas proveían. Incluso esos observadores que ridiculizaron las más desatadas formas de capitalismo se tornaron conscientes de que los intentos para doblegar el mercado podrían ser costosos en tér-minos de crecimiento económico y calidad de vida promedio de una nación.

• Pobreza

En los últimos treinta años, mientras muchos países lucharon para liberalizar sus economías y mejorar la calidad de sus políticas, el ingreso global per cápita ha aumentado sostenidamente. Reconozco que los índices de pobreza son notoriamente difíciles de cuantificar, pero de acuerdo con un estudio reciente, la porción de la población mundial que vive con menos de 1 dólar por día, un umbral de pobreza utilizado comúnmente, ha caído notablemente en las últimas tres décadas de 17% en 1970 a 7% en 1998, lo que representa una caída de 200 millones de personas. Además, desde 1970, el índice de mortalidad infantil ha descendido más de la mitad, los índices de enrolamiento escolar han aumentado sostenidamente en los últimos treinta años, y los índices de alfabetización suben.

Mientras que, desde una perspectiva global, la riqueza y la calidad de vida global han aumentado, ese éxito no ha sido distribuido equitativamente entre las regiones y países. Las economías de Asia Oriental son historias exitosas repetidas. Algunos, incluyendo China, Malasia, Corea del Sur y Tailandia, se destacan no sólo por crecer muy fuertemente, sino por registrar grandes caídas en los índices de pobreza. En suma, en las últimas tres décadas, el índice de pobreza de Asia de 1 dólar por día cayó de 22% en 1970 a 2% en 1998. Además, Asia no fue la única. Los ingresos per cápita en América latina también se expandieron durante ese período, y los índices de pobreza cayeron, a pesar de que el progreso fue más lento.

Pero, tristemente, la historia en Africa ha sido un poco diferente. Los niveles de ingreso per cápita en ese continente han caído. El índice de pobreza, que en 1970 era igual al de Asia, se ha duplicado a 40% en 1998. Mien-tras el desempeño de Africa ha sido claramente debajo de su valor, algunos países africanos tuvieron algo de éxito. Por ejemplo, Botswana, Lesotho y, más recientemente, Uganda registraron avances en aumentar el crecimiento per cápita y reducir los índices de pobreza.

El análisis de la economía moderna ha confirmado mucho de lo que Adam Smith infirió de datos mucho menos impresionantes. Los economistas de la actualidad gene-ralmente destacan tres características importantes que influencian el crecimiento: 1) la medida de la apertura de un país al comercio y su integración con el resto del mundo, 2) la calidad de la infraestructura institucional de un país, y 3) el éxito de sus gobernantes en implementar las medidas necesarias para la estabilidad económica.

A través de la apertura y la integración nos referimos generalmente a la habilidad para productos y servicios, capital y, más ampliamente, el flujo de información, gente, tecnología e ideas para moverse a través de las fronteras de un país. Esta libertad de movimiento puede realzar el crecimiento intensificando las presiones competitivas, aumentando la especialización y permitiendo el acceso a mercados más grandes.

• Productividad

El libre comercio permite un uso más eficiente de recursos que, a su vez, aumenta tanto la productividad de la mano de obra local como también el nivel del ingreso nacional. Adam Smith mencionaba la ventaja comparativa:

«Si un país extranjero puede proveernos de un artículo más barato de lo que podemos hacerlo nosotros, es mejor comprarlo con alguna parte de lo que produce nuestra propia industria en una forma que tengamos alguna ventaja.»

Un estudio reciente sobre los efectos de la apertura en el crecimiento demuestra que cuando los países están divididos en dos grupos, aquellos con economías abiertas en general y aquellos con economías cerradas en general, las economías abiertas han experimentado un crecimiento promedio que es 2,5 puntos porcentuales más alto que el crecimiento de las economías cerradas. Más aún, cuando las economías en desarrollo son clasificadas de acuerdo con su regis-tro histórico de apertura, economías como Hong Kong, Malasia, Singapur y Tailandia están cerca de encabezar la lista. Estas economías asiáticas son algunas de las mismas que participaron en el llamado milagro de crecimiento de la región.

Para buscar otro ejemplo de un país que se benefició con el libre comercio, no necesitamos mirar más allá de México, nuestro anfitrión hoy. Durante los primeros años de la década del 80', las exportaciones de México que excluían el petróleo, llegaban a un poco menos de u$s 10 mil millones al año, o alrededor de 5% de su Producto Bruto Interno. Para el 2001, sin embargo, las exportaciones de México de esos productos habían caído más de u$s 145 mil millones, o cerca de 24% del PBI. La fuerza de las exportaciones ha contribuido en forma importante a la continua transformación de la economía de México. Una buena porción de este crecimiento exportador ha ocurrido en el contexto del NAFTA, pero sus efectos más importantes pueden ser la apertura creciente de la economía local de México y las reformas en las políticas asociadas.

Una segunda característica que los economistas han identificado como influyente en la habilidad de un país para crecer es la llamada «infraestructura institucional». Con esto nos referimos a las instituciones que ayudan a que una economía funcione, como un sistema legal que funcione, que asegure el imperio de la ley y que proteja el derecho de propiedad. Estas instituciones son responsables de establecer «las reglas del juego» y asegurar que esas reglas se cumplan.

Las instituciones sanas proveen el telón de fondo con el que los mercados operan. Fomentan la confianza de que los contratos serán cumplidos, que las deudas serán pagadas y que las ganancias de inversiones sanas no serán robadas o expropiadas.

Los investigadores en los años recientes se encontraron con que el imperio de la ley, definido como un sistema que enfatiza los derechos del acreedor e impone rigurosamente los contratos, facilita el desarrollo de un sistema bancario eficiente y mercados financieros más general-mente; este desarrollo, a su vez, apoya el crecimiento. La calidad de las instituciones en un país, como un ambiente regulatorio sano, estabilidad política y control de la corrupción, tiene efectos importantes en el crecimiento. Las economías con una alta calidad de autoridad, relativa a otras economías en sus regiones, incluyendo Hong Kong y Singapur en Asia, Chile en América latina y Botswana en Africa, han tenido algunos de los índices de crecimiento más rápidos en sus respectivas regiones en las décadas recientes.

* Presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. Discurso segunda Conferencia Internacional del Banco de México.

Dejá tu comentario

Te puede interesar