Una nueva visita a la riqueza de las naciones
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• Pobreza
En los últimos treinta años, mientras muchos países lucharon para liberalizar sus economías y mejorar la calidad de sus políticas, el ingreso global per cápita ha aumentado sostenidamente. Reconozco que los índices de pobreza son notoriamente difíciles de cuantificar, pero de acuerdo con un estudio reciente, la porción de la población mundial que vive con menos de 1 dólar por día, un umbral de pobreza utilizado comúnmente, ha caído notablemente en las últimas tres décadas de 17% en 1970 a 7% en 1998, lo que representa una caída de 200 millones de personas. Además, desde 1970, el índice de mortalidad infantil ha descendido más de la mitad, los índices de enrolamiento escolar han aumentado sostenidamente en los últimos treinta años, y los índices de alfabetización suben.
Mientras que, desde una perspectiva global, la riqueza y la calidad de vida global han aumentado, ese éxito no ha sido distribuido equitativamente entre las regiones y países. Las economías de Asia Oriental son historias exitosas repetidas. Algunos, incluyendo China, Malasia, Corea del Sur y Tailandia, se destacan no sólo por crecer muy fuertemente, sino por registrar grandes caídas en los índices de pobreza. En suma, en las últimas tres décadas, el índice de pobreza de Asia de 1 dólar por día cayó de 22% en 1970 a 2% en 1998. Además, Asia no fue la única. Los ingresos per cápita en América latina también se expandieron durante ese período, y los índices de pobreza cayeron, a pesar de que el progreso fue más lento.
Pero, tristemente, la historia en Africa ha sido un poco diferente. Los niveles de ingreso per cápita en ese continente han caído. El índice de pobreza, que en 1970 era igual al de Asia, se ha duplicado a 40% en 1998. Mien-tras el desempeño de Africa ha sido claramente debajo de su valor, algunos países africanos tuvieron algo de éxito. Por ejemplo, Botswana, Lesotho y, más recientemente, Uganda registraron avances en aumentar el crecimiento per cápita y reducir los índices de pobreza.
El análisis de la economía moderna ha confirmado mucho de lo que Adam Smith infirió de datos mucho menos impresionantes. Los economistas de la actualidad gene-ralmente destacan tres características importantes que influencian el crecimiento: 1) la medida de la apertura de un país al comercio y su integración con el resto del mundo, 2) la calidad de la infraestructura institucional de un país, y 3) el éxito de sus gobernantes en implementar las medidas necesarias para la estabilidad económica.
A través de la apertura y la integración nos referimos generalmente a la habilidad para productos y servicios, capital y, más ampliamente, el flujo de información, gente, tecnología e ideas para moverse a través de las fronteras de un país. Esta libertad de movimiento puede realzar el crecimiento intensificando las presiones competitivas, aumentando la especialización y permitiendo el acceso a mercados más grandes.
• Productividad
El libre comercio permite un uso más eficiente de recursos que, a su vez, aumenta tanto la productividad de la mano de obra local como también el nivel del ingreso nacional. Adam Smith mencionaba la ventaja comparativa:
«Si un país extranjero puede proveernos de un artículo más barato de lo que podemos hacerlo nosotros, es mejor comprarlo con alguna parte de lo que produce nuestra propia industria en una forma que tengamos alguna ventaja.»
Un estudio reciente sobre los efectos de la apertura en el crecimiento demuestra que cuando los países están divididos en dos grupos, aquellos con economías abiertas en general y aquellos con economías cerradas en general, las economías abiertas han experimentado un crecimiento promedio que es 2,5 puntos porcentuales más alto que el crecimiento de las economías cerradas. Más aún, cuando las economías en desarrollo son clasificadas de acuerdo con su regis-tro histórico de apertura, economías como Hong Kong, Malasia, Singapur y Tailandia están cerca de encabezar la lista. Estas economías asiáticas son algunas de las mismas que participaron en el llamado milagro de crecimiento de la región.
Para buscar otro ejemplo de un país que se benefició con el libre comercio, no necesitamos mirar más allá de México, nuestro anfitrión hoy. Durante los primeros años de la década del 80', las exportaciones de México que excluían el petróleo, llegaban a un poco menos de u$s 10 mil millones al año, o alrededor de 5% de su Producto Bruto Interno. Para el 2001, sin embargo, las exportaciones de México de esos productos habían caído más de u$s 145 mil millones, o cerca de 24% del PBI. La fuerza de las exportaciones ha contribuido en forma importante a la continua transformación de la economía de México. Una buena porción de este crecimiento exportador ha ocurrido en el contexto del NAFTA, pero sus efectos más importantes pueden ser la apertura creciente de la economía local de México y las reformas en las políticas asociadas.
Una segunda característica que los economistas han identificado como influyente en la habilidad de un país para crecer es la llamada «infraestructura institucional». Con esto nos referimos a las instituciones que ayudan a que una economía funcione, como un sistema legal que funcione, que asegure el imperio de la ley y que proteja el derecho de propiedad. Estas instituciones son responsables de establecer «las reglas del juego» y asegurar que esas reglas se cumplan.
Las instituciones sanas proveen el telón de fondo con el que los mercados operan. Fomentan la confianza de que los contratos serán cumplidos, que las deudas serán pagadas y que las ganancias de inversiones sanas no serán robadas o expropiadas.
Los investigadores en los años recientes se encontraron con que el imperio de la ley, definido como un sistema que enfatiza los derechos del acreedor e impone rigurosamente los contratos, facilita el desarrollo de un sistema bancario eficiente y mercados financieros más generalmente; este desarrollo, a su vez, apoya el crecimiento. La calidad de las instituciones en un país, como un ambiente regulatorio sano, estabilidad política y control de la corrupción, tiene efectos importantes en el crecimiento. Las economías con una alta calidad de autoridad, relativa a otras economías en sus regiones, incluyendo Hong Kong y Singapur en Asia, Chile en América latina y Botswana en Africa, han tenido algunos de los índices de crecimiento más rápidos en sus respectivas regiones en las décadas recientes.
(Segunda parte)
La calidad del sistema educativo de un país es claramente una parte significativa de la infraestructura institucional. Las políticas que fomentan los recursos humanos de un país mejoran las tasas de crecimiento. Muchos estudios exhiben una relación entre educación y crecimiento, y algunos demuestran que incluso un pequeño aumento en la educación promedio puede llevar a una aumento sostenido en el índice de expansión económica.
Finalmente, un factor determinante innegable del crecimiento económico es la estabilidad macroeconómica; es decir, tener políticas fiscales, monetarias y de cambio sólidas y predecibles. Un gobierno prudente establece, entre otras cosas, el curso a largo plazo de variables como la inflación, el déficit presupuestario del gobierno y deuda a niveles conducentes hacia, o al menos que no impidan, el crecimiento. Para los países en desarrollo, el manejo de la deuda denominada en moneda extranjera ha sido especialmente fastidioso.
En todas las economías, el electorado político busca emplear los poderes del Estado para incrementar su porción de los recursos nacionales limitados. Mientras los antecedentes de las economías desarrolladas están lejos de ser intachables, han tenido mucho éxito en rechazar dichas demandas. Un indicio de ese éxito es que los regímenes de tipo de cambio no han sido a menudo implementados por presiones políticas locales en estas economías.
• Presiones
A pesar de que el rango de resultados ha sido amplio, muchas naciones emergentes han tenido poco éxito en aislarse de sus posiciones financieras internacionales por las presiones políticas locales. Esas presiones, a veces, se han vuelto excepcionalmente difíciles de tratar. Para cerrar la brecha entre las demandas financieras del electorado político y los recursos reales limitados disponibles para sus gobiernos, muchos países han zanjado la diferencia pidiendo prestado a inversores extranjeros. En efecto, el camino de menor resistencia ha sido pedir prestado al extranjero, usualmente a las más bajas tasas de interés de las monedas que operan internacionalmente, en lugar de confrontar las dificultades políticas.
Periódicamente, mientras una economía pide prestado en su camino al borde de la insolvencia con una deuda denominada en moneda extranjera, la capacidad del gobierno de sostener esa deuda desaparece virtualmente de un día para el otro. Esta capacidad que desaparece caracteriza casi todas las crisis financieras. Las instituciones prestamistas proveerán fondos más allá del flujo de dinero inmediato y visible en el corto plazo del prestatario sólo si perciben que el vencimiento de la deuda será refinanciado.
El primer soplo de dificultad en la capacidad de sostener una deuda induce una corrida, no diferente a una corrida bancaria. Por ello, una condición necesaria de una economía para la solvencia, de hecho una condición necesaria para el crecimiento económico, es el mantenimiento de una significativa capacidad financiera aún no utilizada. Demasiado seguido los gobiernos se han empeñado en contener crisis de deuda latentes con políticas inflacionarias que inhiben el crecimiento.
Controlar la inflación es esencial para crear un ambiente de crecimiento sostenido. Una vez que la inflación alcanza cierto punto tiene un efecto negativo en el crecimiento, de acuerdo con una investigación reciente. Stanley Fischer, por ejemplo, concluyó que si un país con una inflación de 10% se convierte en un país con una inflación de 110%, su índice de crecimiento anual caería 4%; las consecuencias de esto para la calidad de vida no pueden ser muy enfatizadas. Este efecto puede ayudar a explicar por qué Asia Oriental, donde la inflación ha sido relativamente baja en promedio, ha sido más exitosa que América latina, donde muchos países sufrieron la hiperinflación.
América latina es un buen ejemplo de los efectos nocivos de la inestabilidad macroeconómica y de los beneficios de implementar políticas sanas. Entre 1975 y 1990, cuando muchos países de América latina luchaban con grandes déficit presupuestarios e inflación alta, el ingreso per cápita promedio de esos países se expandió a un ritmo de sólo 0,5% por año. El desempeño económico en la región mejoró notablemente a principios de los '90, mientras estos países redujeron la inflación, liberaron sus regímenes cambiarios, aumentaron su apertura al comercio y desarrollaron sus mercados financieros. Más recientemente, mientras la Argentina, Brasil y otros países en la región han experimentado alteraciones económicas, México y Chile han permanecido relativamente resguardados, reflejando aparentemente la confianza del mercado en que estos países están comprometidos con políticas sanas.
• Caso interesante
México es particularmente un caso interesante. En las dos décadas antes de 1995, la economía mexicana sufrió algunas crisis severas. Sin embargo, en años recientes, con la implementación del NAFTA, un régimen de tipo de cambio flotante, políticas fiscales relativamente estables y una menor inflación, la vulnerabilidad de México parece haber decrecido notablemente. Este país es visto ahora por los inversores internacionales como un «paraíso seguro» dentro de la región.
Como indican Easterly y Levine, mucho de la difícil condición de Africa también se puede relacionar con la inestabilidad económica. La evidencia empírica sugiere que los grandes déficit presupuestarios del gobierno, los mercados financieros no desarrollados y las ventajas del mercado negro (que probablemente representan las deficiencias en los sistemas legal y financiero) aparentemente explican la mitad de la divergencia de crecimiento entre Asia Oriental y Africa en las últimas décadas. En otras palabras, estos resultados sugieren a Easterly y Levine que el crecimiento del ingreso anual per cápita en Africa habría sido alrededor de 2,5 puntos porcentuales más por año si los países de Africa hubieran implementado las políticas adoptadas en las economías Asia Oriental.
La independencia del Banco Central no ha recibido mucha atención en la nueva literatura sobre el crecimiento. Dada la importancia de mantener la inflación bajo control, las políticas y la libertad del Banco Central de establecer esas políticas sin intervención política pueden jugar un rol fundamental en la creación de un ambiente que conduzca al crecimiento.
La evidencia empírica para los países industrializados indica que aquellos países con un alto grado de independencia del Banco Central son también generalmente países con bajos niveles de inflación. En los mercados emergentes y en las economías de transición, la evidencia de una asociación entre una moderada independencia del Banco Central y los índices de inflación no está bien establecida, a pesar de que algunos estudios recientes encontraron una relación negativa.
Para resumir, ninguno de los hoy reconocidos factores determinantes fundamentales del crecimiento -apertura, infraestructura institucional, y estabilidad macroeconómica- son ideas recientes. Adam Smith y sus colegas los propusieron hace más de dos siglos. Aún asumiendo que las complejas ideas de Smith sobre la creación de la riqueza de las naciones son acertadas, ¿por qué han sido aceptadas y ampliamente implementadas por algunas sociedades y no por otras? Como la historia lo demuestra ampliamente, salvo que la amplia mayoría de la población implícitamente o de otra forma cree que un paradigma de libre mercado competitivo aumenta su bienestar, no puede ser impuesto sobre ellos por un gobierno autoritario o incluso por uno electo democráticamente.
Esa «mano invisible» convierte el comportamiento egoísta en una noción abstracta buena y profunda que, aceptada amplia aunque no completamente por las naciones desarrolladas, ha sido mantenida sólo tentativamente, incluso recientemente, por muchas naciones en desarrollo. Si no es vista en algún sentido como equitativa y justa, la distribución del ingreso que emerge del capitalismo del libre mercado competitivo no tendrá el apoyo de la ley que es una condición necesaria para que los mercados produzcan bienestar. Ahora que el paradigma de planificación central de décadas anteriores ha sido ampliamente descartado, las recompensas diferenciales de los mercados competitivos basadas en la habilidad parecen ser aceptadas a pesar de que las recompensas de lo que es percibido como monopólico o corrupto no lo son.
Es por lo tanto incumbencia de nosotros que vemos la globalización basada en el mercado como fundamental para la creación de riqueza, defender y apoyar la doctrina de Adam Smith.
(*) Presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. Discurso segunda Conferencia Internacional del Banco de México.



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