Una señal de libertad que no frena caída de la divisa
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Las medidas son una buena señal de libertad económica, pero en los hechos difícilmente incidan en una gran suba del dólar.
Roberto Lavagna quiere el dólar alto, por su imposibilidad de recaudar mejor por los quebrantos en empresas, caídas de ingresos de los privados y el empinado aumento de la evasión.
• Al permitir comprar 200 mil dólares por mes (antes el límite era 150.000), le agregará al mercado principalmente la demanda de empresas extranjeras que tienen orden de sus casas matrices de reducir su exposición en la Argentina. Estas empresas aprovechan cualquier flexibilización a pleno. Por eso se cree que utilizarán este mayor margen que les permite el Central. No hay que olvidar que no hay fuga de divisas por parte del público porque la devaluación hace más difícil reunir los 100 mil dólares mínimos que se exigen para abrir una cuenta en Estados Unidos o Europa. Antes, el destino del dinero de los ahorristas menores era Uruguay, que aceptaba abrir cuentas con requisitos mínimos. Después del «corralito» uruguayo, ese destino desapareció. A su vez, las empresas no están girando divisas afuera porque su rentabilidad no se los permite.
• La medida destinada a cancelar anticipadamente las importaciones también va a incidir en la demanda de divisas, aunque es imposible evaluar su magnitud. Hay productos que no ingresan a la Argentina porque en el exterior piden el pago anticipado, ya que desconfían de cualquier compra que venga de un país en default. Esta decisión en la realidad es un prepago de importaciones que puede ayudar a mejorar el ingreso de productos específicos, ya que a un argentino no le abren carta de crédito para importar en ningún banco. También aprovecharán esta medida las empresas extranjeras que importan de sus casas matrices en el exterior. Esta es otra forma de que las empresas extranjeras bajen el riesgo argentino por el camino de girar divisas a sus casas centrales.
• Se permite, además, girar divisas para compensar operaciones en mercados futuros del dólar. Se asegura con esta operación el desarrollo de un mercado futuro sobre la moneda norteamericana más amplio, con mayor volumen. Es el objetivo de Prat-Gay.
• La tercera medida también atañe a las empresas extranjeras, porque las nacionales que están en default, no pagarán deuda por más que las autoricen. Las extranjeras, en cambio, giran todo lo que pueden para bajar su endeudamiento y su inversión en la Argentina. En realidad, la medida amplía el pago de Capital de deuda vencida y no refinanciada de 300 mil dólares mensuales actuales a un millón. Se extiende a las deudas de hasta 3 millones de dólares. Hasta ahora, sólo se permitía el pago de préstamos hasta un millón. Lo que se giraba mes a mes por estas deudas, de todas maneras es irrelevante.
•Demanda
En conjunto, las tres medidas aportarán algo más de demanda a los dólares, pero el superávit comercial es de 1.300 millones de dólares al mes, que alimenta la oferta de divisas.
Por el otro lado, los pesos para comprar esos dólares son cada vez más escasos, ya que los bancos, a partir de la redolarización de los depósitos dispuesta por la Corte Suprema, se sentaron sobre el dinero y redujeron al mínimo los préstamos por temor a tener que afrontar devoluciones inesperadas de depósitos.
Esta situación, además, hizo subir las tasas de interés con lo que alienta las colocaciones en pesos y le quita interés a la compra de dólares.
La situación juega contra una de las tres medidas que dispuso ayer el Central, ya que la mayoría de los importadores no va a pagar anticipadamente lo que compra en el exterior, si piensa que el dólar va a seguir en baja. Prefiere apostar a pesos y ganar la tasa, demorando el pago de importaciones. Hoy hay pérdidas de importadores que compraron productos en el exterior con un dólar más caro que el actual.
Sin embargo, algunos importadores, deudores, bancos y empresas pueden demandar dólares para disminuir el riesgo político que trae la elección presidencial.
Parecen lejanos -y no fue hace mucho-los días de los «arbolitos» y las interminables filas frente a las casas de cambio y bancos. Hoy en el microcentro, particularmente en la calle Florida, los arbolitos enfrentan una competencia desleal: adorables chicas vocean «cambio, cambio», para atraer a clientes. Cuando hay que acudir a esta atracción es porque la oferta de dólares es grande y los interesados en comprarlos son pocos.




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