26 de septiembre 2002 - 00:00

Viajó Lavagna al Fondo con el riesgo de pasar un "lunes negro"

Cuando anoche el ministro Roberto Lavagna abordó el avión que lo dejará hoy en Washington, acababa de recibir los malos presagios que el FMI tiene para la economía argentina para 2003. Sin duda, un mal recibimiento para su participación en la Asamblea Anual del Fondo. Según el informe semestral del organismo conocido ayer, el país va a crecer sólo 1% el año que viene y tendrá una inflación de 48%. Además, calificó la crisis argentina como «sin precedentes» y dijo que la caída de su economía cuadruplica a la que provocó la crisis del '30, una de las más fuertes que recuerde el mundo. Palabras muy duras a horas de las reuniones que mantendrá mañana con el titular del organismo, Horst Köhler, y el lunes con Paul O'Neill. De Latinoamérica sólo rescató a México y a Chile como países que resisten la fuga de inversiones de la región. Pero, además, el FMI es pesimista respecto de la economía mundial, lo que no beneficiará a las exportaciones argentinas. Bajó sus previsiones de crecimiento de 2003 de 4% a 3,7%. La relación entre el FMI y las autoridades nacionales están cada vez más tensas. Ayer, por ejemplo, sorprendió la embestida de Hilda Chiche Duhalde, que calificó a los funcionarios del organismo como «soberbios».

Roberto Lavagna partió anoche hacia Washington, acompañado por el vicejefe de Gabinete, Eduardo Amadeo, y el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen. Participará mañana y pasado de una reunión del Grupo de los 24 (países en vías de desarrollo de Africa, Latinoamérica y Asia) y, a partir del domingo, de la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional. Allá lo espera el presidente del Banco Central, Aldo Pignanelli.

Las reuniones clave las mantendrá el lunes
. A las 9.30 se entrevistará con el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O'Neill -junto con Pignanelli- y a las 15.30 tendrá una reunión con Horst Köhler. Antes de este encuentro, el más importante del viaje, Lavagna se dedicará a mantener reuniones individuales con ministros de los países más gravitantes en el directorio del Fondo, sobre todo los de mayor compromiso con la situación argentina. Cuando se vea con O'Neill, el ministro habrá conversado con sus pares de Suiza, Bélgica, Holanda, Francia y España. Anoche, todavía se gestionaban entrevistas con los del Reino Unido, Alemania y Canadá, que fueron decisivos en la formación del grupo de notables que consultó el directorio del Fondo para interpretar la situación argentina.

Al marcharse anoche, Lavagna dejó tras de sí un debate interno en el gobierno del que derivó una corrección en la estrategia discursiva frente al Fondo. En las próximas horas se advertirá que el tono de las declaraciones, que ayer fue muy altisonante (ver nota aparte), se moderará mucho. El oficialismo en pleno, empezando por Duhalde, cree que se llegará a una reprogramación de los vencimientos con organismos multilaterales (es decir que no habrá necesidad de tocar las reservas para hacerles frente) pero que para cualquier convenio de mayor alcance habrá que esperar a la próxima administración. Suponen que no dejarán que el país caiga en default. ¿Tienen información al respecto? Hasta ahora es solamente ensoñación argentina, producto de un gobierno impresionado por un antecedente fatal: la gestión de Fernando de la Rúa comenzó a caer cuando el Fondo comunicó el fin de las negociaciones.

Conviene analizar ahora cada uno de estos aspectos del viaje:

• El objetivo central de Lavagna en esta visita a Washington es reencauzar la relación con el staff del Fondo, que se expresó por todos los medios de manera agresiva. Los máximos funcionarios de ese organismo dedicaron la última semana a divulgar sus reproches hacia la Argentina (si se publicaran los «off the record» de Köhler, Anne Krueger y Anoop Singh con periodistas argentinos y brasileños, el lunes, se advertiría que llegaron a la falta de respeto, inclusive hacia el Presidente). En el gobierno de Duhalde interpretan, con lógica, que esa «campaña» -que incluye las declaraciones de Hans Tietmeyer sobre la insignificancia del país- estuvo dirigida a un objetivo: cubrirse frente a la asamblea del Fondo de cualquier reproche. Anoche, en los últimos conciliábulos previos al viaje, hasta se hacía esta disección: « Köhler sabe que se equivocó con Cavallo; Singh ocupa un cargo de una jerarquía jamás soñada y teme perderlo y Krueger tiene una tenacidad ideológica que la lleva a pensar que el veranito económico argentino, como no se alcanzó siguiendo sus instrucciones, es una aberración de la historia». Vale la observación, aunque sea por lo simpática. Duhalde, en cambio, analizó la agresividad de estos funcionarios así: « Hasta ahora, los papelones los hacíamos nosotros, ahora los hacen ellos también».

• Inquieto por volver las cosas a su cauce, Lavagna piensa apelar a una tecla especial: el supuesto temor de los Estados Unidos de verse involucrados en la campaña electoral de la Argentina, sobre todo cuando el escenario político brasileño, con un Lula muy crecido, es por lo menos incierto para sus intereses. El gobierno de ese país teme que el triunfo de ese candidato, más la ruptura con el Fondo -frente a la que Duhalde se pondrá como víctima-, acentúen las tendencias aislacionistas que ya se registran en la opinión pública. El ministro sabe de esta preocupación por boca de John Taylor, el segundo de O'Neill. Ahora cree que podrá sumar al propio secretario del Tesoro como abogado ante Köhler y Krueger.

• Esta pacificación debe alcanzarla Lavagna también en defensa propia: ayer Pignanelli, desde Washington, mantuvo informado a Duhalde -habló con la Casa Rosada a las 15- sobre «el ruido que han hecho aquí las declaraciones de Lavagna, sobre todo la de que podemos vivir sin el Fondo». El presidente del Central cultiva su propia agenda en Washington, donde Mario Blejer oficia de baqueano. De esos informes y de la percepción de otros funcionarios en Buenos Aires, surgió la conveniencia de producir un giro en el discurso: ya no se hablará de las ventajas o desventajas de acordar con los organismos internacionales; a partir de hoy se intentará demostrar que, si bien falta conseguir algunos objetivos, el país ya cumplió con una agenda nutrida de compromisos con el Fondo. Sólo convenciendo a los asambleístas de estos «éxitos», Lavagna podrá asegurarse no pasar un papelón.

• Además de declaraciones oficiales, también habrá gestiones en Washington para abuenar a los principales directores del FMI. Hay dos presas clave.
Una es el representante de Alemania. Con ese país existe un malentendido que se fue despejando en las últimas horas. El embajador en la Argentina le explicó a Duhalde -el martes, durante la inauguración de una planta de SanCor en Córdoba- que «mi país quiere ayudar al suyo; hay un problema con Siemens pero sería un disparate ligar nuestra estrategia regional en temas de largo plazo a un conflicto empresario». Le aclaró también, para desmentir la información que en las últimas reuniones del directorio del Fondo el delegado alemán estuvo ausente: « Mal pudo presionar en contra». Aliviado el frente germano, al general Lavagna le queda atender el británico: nadie sabía bien por qué, pero en el gobierno anoche se habló de un giro de Tony Blair que complicaría la situación de la Argentina con el Fondo.

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