Créase o no, Wall Street otra vez a tiro de los récords

Economía

Mayo toca a su fin. Se despide implacable y cruel con las criptomonedas, benevolente con los bonos llovieran buenas o malas noticias, ambiguo y selectivo con las acciones. Castigó a las tecnológicas y al Nasdaq pero favoreció al Dow Jones Industrial (hasta con un récord fugaz, el día 10). Y si mostró un humor cambiante, más allá de la purga de las criptomonedas que no terminó todavía, se abstuvo de dar grandes portazos. Mayo no tronchó ninguna ilusión (el bitcoin sabe bien de resurrecciones de Ave Fénix).

Quizás la nota saliente del mes haya sido el declive del dólar, que borró del todo la suba a contramano de principios de año. Un dólar débil y la retracción de las tasas largas recompusieron alternativas de inversión secundarias, alejadas de desempeños rutilantes. Revivieron los mercados emergentes, las bolsas europeas (sobre todo, las del Este). Hay vida más allá de Wall Street: Toronto avanzó 4% y estrenó récord. Pero Wall Street también late con fuerzas.

El S&P 500, como quien no quiere la cosa, cerró el viernes a 0,7% de los máximos. La tónica general tras los altibajos es la de un mercado depurado: 98% de sus papeles no figuran en los extremos de la sobrecompra o sobreventa. Es una joyita. Claro, los excesos de antes acechan a la vuelta de la esquina. De capa caída los criptoactivos, volvieron las acciones meme. En semana electrizante, AMC, un emblema de la revolución de los traders amateurs, se catapultó 116%. El mercado bull está intacto, y sobre todo, las hormonas que lo hacen posible.

La inflación es la gran incógnita a despejar. El experimento Biden-Yellen propulsa a la economía a velocidad de vértigo, y lo hace en un terreno poceado por la disrupción de las cadenas de valor. ¿Qué tan elevada es la inflación? En abril, los precios minoristas escalaron 0,8% (sin alimentos ni energía, 0,9%).

Los precios mayoristas, 0,6%. Faltaba conocer la medición que usa la FED para basar sus decisiones. Y el deflactor del gasto de consumo personal arrojó números más altos que lo estimado, 0,6% (y la versión núcleo, 0,7%). ¿Sorpresa? La reacción fue de notable alivio. Las tasas largas que se tensaron 5 puntos base en sala de espera cedieron de inmediato con el anuncio. Y a diez años marcan 1,58% (20 puntos base por debajo de su tope a fin de marzo). ¿Cómo se explica la paz de los bonos cuando se temía un berrinche inflacionario? Hay muchas razones dando vuelta, pero la mejor está enterrada en las estadísticas. No cabe duda de que la credibilidad de la Fed es crucial.

Exagerando la nota se podría decir que entre la realidad y la narrativa del banco central, los mercados compran la segunda a libro cerrado. No es casual. La Fed no se duerme en los laureles, y eso la torna eficaz. Powell no dijo una sola palabra, pero el tapering se instaló a modo de reaseguro en caso de accidente. En las últimas minutas se coló una referencia nítida. Y a caballo de una nueva tanda de discursos – en la voz oficial de Kaplan, Harker y ahora también Quarles y Daly – asoma como el próximo paso, a ser telegrafiado en agosto en Jackson Hole. La página de Powell sigue vigente: “No estamos ni siquiera pensando en pensar en subir las tasas de interés”. Pero Mary Daly, de la Fed de San Francisco, intercaló otra: “Estamos hablando de empezar a hablar del tapering”. Los mercados lo prefieren así: achicar la compra de bonos es como ensancharles la banquina. Con todo, la mejor explicación yace en la realidad lisa y llana.

Se escribió aquí: “la suba de precios se instaló a lo grande, constituya inflación o no, persiga visa de turista o radicación permanente”. En efecto, la inflación promedio se disparó en todas las mediciones, y sin embargo la inflación mediana no se movió en ninguna. Nadie niega los saltos de precios, pero, ¿cuál es su masa crítica? Créase o no, la tendencia central de la inflación no se inmutó: 0,2% al mes en febrero, marzo y abril. La variación en los últimos doce meses está clavada en 2%/2,1%.

¿Hay más inflación? No. Más dispersión, desde ya. En síntesis, las cifras ratifican la hipótesis de una inflación, a lo sumo, en alza acotada y temporaria. Si además se repara en la estabilidad de la pendiente de la curva de bonos del Tesoro – en torno a 160 puntos base desde marzo – la economía promete un andar ligero muy saludable pero sin desbocarse. ¿Qué más se puede pedir? La volatilidad está atada a la prisa, y la prisa es inherente al plan. Ya mermará si no se pierde la paciencia.

Dejá tu comentario