Pasó la semana (corta), y otra tanda de récords en el bolso. Wall Street sumó una embestida de 1% - con los argumentos del disco rayado, que el acuerdo comercial con China estará pronto a la firma – y así el S&P 500 avanza 29,25% en el año en dólares libres de polvo y paja. Sin embargo, nada brilla más que la tecnología. El Nasdaq superó los 9 mil puntos como si fuera un poste caído. Y escaló 35,74% en 2019. Esto no es caminar y mascar chicle. Fue, más bien, cortar clavos y volar más alto que nunca.
Es el peor año de los últimos diez de la economía mundial y el mejor de las bolsas. No hubo recesión como se temía, y sí rondas sucesivas de relax de la política monetaria en todo el globo (encabezadas por la Fed de Jay Powell), y con nuevos eslabones por venir (como acaba de anunciar el Banco del Pueblo de China). Y no hay una contracción económica en el horizonte. Al menos en el que avistan las acciones.
La curva de los bonos del Tesoro presagiaba otro destino. Cuando se invirtió – y permaneció así por meses – su mensaje era el de una probable recesión en 2020. Las tres bajas de tasas cortas que disparó la Fed fueron la clave de bóveda para torcer el pronóstico. Que la relación volviera a empinarse trajo alivio. Le dio por ganada la pulseada a la Bolsa. Esta semana, la pendiente de la curva entre la tasa de 10 y la de 2 años fue la más pronunciada en más de doce meses: 30 puntos base. La información económica – sobre todo, la fortaleza compacta del mercado de trabajo – diluye las inquietudes. Bolsa y bonos comparten ahora un mismo credo. Aunque Wall Street cuando devora récord tras récord lo reza a los gritos, y una tasa de diez años en 1,88% es apenas una confesión en voz baja.
No obstante, quienes gustan de escudriñar la constelación de las tasas de interés advierten sobre la vigencia del peligro. Ocurre que hay bajas de tasas que son exitosas, donde la Fed llega a tiempo y evita la recesión. Y existen otras que no alcanzan, y pese a ellas, la economía se hunde a pique. ¿Qué comportamiento sigue la curva de bonos en unos casos y otros? ¿Conocemos un patrón que nos oriente de antemano? Los episodios de recortes de tasas de 2001 y 2007 – que no pudieron esquivar la retracción de 2001 ni la Gran Recesión de 2007-2009 – son ejemplos de experiencias fallidas. Y en ambos, la curva, tras haberse invertido, recuperó una pendiente positiva. Se diría que rabiosamente positiva: más de 100 puntos base de diferencia entre los extremos. Cuando la rebaja de tasas tuvo buen suceso (digamos 1995 y 1998 en la era Greenspan), la pendiente posterior no se estiró mucho más de 25 puntos base.
¿Será que estamos en el horno y no nos damos cuenta? ¿Sorprendente? Vale tener presente que nunca la curva es tan vertical como cuando una economía se apresta a dejar atrás la recesión. En otras palabras, ¿nos pasamos todo el año cruzando los dedos para que la curva no se invirtiera y, luego rogando que corrigiese, y resulta que ello no nos libra de la maldición? Siempre conviene no sucumbir a una lectura mecánica de la información, y analizar el contexto. Tanto en 2001 como en 2007 la curva se empinó tanto porque las tasas de dos años cayeron con fuerza al prever la necesidad de continuar hachando las tasas de fed funds para estabilizar una situación de creciente debilidad. No es para nada el caso actual.
Desde octubre las tasas de dos años se preservan sin cambios. Los futuros de fed funds, a marzo, descuentan las mismas tasas actuales. Si la curva se torna más vertical es por las buenas razones. Trepa la tasa de diez años – que supo ubicarse en 1,43% y esta semana rozó 1,90% - en línea con la previsión de una economía que tonifica su andar. Y si se miran los TIPS – los bonos del Tesoro que ajustan por inflación – se advierte que es la tasa de interés real lo que levanta la puntería. Como se dijo antes, los bonos unificaron discurso con las acciones. Si los presidentes Trump y Xi Jinping se comportan como dos auténticos caballeros – y cumplen la promesa de firmar un acuerdo módico, con foto y abrazo incluidos – continuará el picnic en las alturas. La economía no será un problema. Pagar cada vez más por el mismo finger sándwich hoy no importa, pero no será así por siempre.
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