Periodista: Hay bancos centrales y bancos centrales. El de Noruega ya subió las tasas de interés. En la Fed la mitad quiere hacer lo mismo, pero recién el año próximo. Lo primero, arrancar y terminar con el taper. El Banco de Inglaterra dice que se pueden subir las tasas y seguir comprando bonos. ¿Está cambiando la política monetaria? ¿Se hará más diferente país por país? ¿Cómo afectará a los mercados?
Diálogos de Wall Street
Hablan los bancos centrales, suben las tasas largas. ¿Qué pasa, Gekko?
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Gordon Gekko: La política monetaria es un asunto interno, propio de cada país. El único banco central que tiene un mandato supranacional es el Banco Central Europeo, el BCE.
P.: Pero las consecuencias de sus actos derraman con frecuencia mucho más allá de las fronteras. El caso de la Fed es emblemático.
G.G.: De acuerdo. El dólar es la moneda del mundo. Su demanda es global. Ello no implica que Powell & Co le otorguen la prioridad a nadie más que a EE.UU. a la hora de definir sus acciones. Si hubo una postura común en las políticas monetarias de los distintos bancos centrales en 2020/21 la razón es que todas tuvieron que lidiar con la pandemia, un enemigo en común también. De hecho, existió menos cooperación que coordinación de políticas. El virus fue el estratega: empujó a todos a apuntar en la misma dirección.
P.: Y ahora que retrocede delta cada banco central vuelve a sus fuentes.
G.G.: Los shocks son distintos para cada país. Y la capacidad de administrarlos. Bancos como los de Rusia o Brasil están subiendo sus tasas de interés desde el primer trimestre, a pesar del covid, pero en función del contexto internacional (la suba de tasas largas de principios de año fue el disparador de la respuesta rápida) y de su situación inflacionaria. Un mismo shock de precios internacionales puede ser un cambio de precios relativos en un país y un empujón inflacionario preocupante en otro cuyo régimen monetario carezca de suficiente credibilidad. EE.UU. no es lo mismo que Brasil. Es un refugio aun en los casos de desorden que ellos pudieran promover.
P.: De acuerdo. Donde uno veía uniformidad -en las políticas monetarias de los bancos centrales de las economías avanzadas- ahora se advierte que hay un mosaico diverso. ¿Cómo impactará?
G.G.: Hay un único país en deflación: Japón. Y, aunque parezca extraño, complicado en ese terreno. La mejoría de la actividad es visible en Estados Unidos, Europa y la mayor parte de Asia Pacífico. Y la variante delta obra en retirada. En estos momentos, en todas partes. La data fresca fue floja en agosto y lo es en lo que va de septiembre. Que los bancos centrales se pronuncien con un tono más belicoso es un mensaje de confianza en que estos contratiempos no frenarán la tendencia de la recuperación.
P.: Está de moda hablar de estanflación.
G.G.: No hay estancamiento es el mensaje. La Bolsa asiente porque mira el tópico desde los récords. Y lo hace desde agosto de 2020, y cada vez compra un palco a más altura.
P.: No hay estancamiento, pero hay inflación. Eso también lo dicen los bancos centrales cuando revisan sus planes.
G.G.: Sí, pero son planes que no descartaban la inflación en alza y que van quemando etapas. “Houston, no hay un problema”. El lanzamiento y la fase de despegue tuvo éxito. La próxima etapa es el taper, nos avisa Powell. La suba de tasas será materia del segundo semestre de 2022. Los futuros asignan una chance de 25% de un estreno en septiembre. Y están convencidos de que no pasará 2022 sin que haya un aumento (y tal vez dos, con otro 20% de probabilidades). El BCE o el Banco de Inglaterra, cada uno a su modo y de acuerdo a sus circunstancias, cursan la misma transición. No es una ruta de colisión, aunque el mercado de cambios tiene la última palabra. Los países que se queden rezagados pueden tener inconvenientes.
P.: Las tasas largas de interés volvieron a subir. Y fuerte.
G.G.: Un cuarto de punto en las últimas dos semanas. Pero, ya habíamos citado la tendencia a volver a 1,50%. Antes que abrieran la boca. Es la contracara de una visión de la economía menos asustadiza.
P.: ¿No harán descarrilar todo?
G.G.: La suba de tasas es consecuencia de la mejoría. Si aborta o descarrila no tendrá razón de ser. A principios de agosto vimos la tasa de 10 años en 1,12% cuando se instaló la duda sobre la salud de la recuperación. No es el temor a la inflación lo que manda. Es la historia estilizada del primer trimestre del año. Bolsa y tasas largas, ambas, en alza. Es un bis. Si quiere ver amenazas, Washington es más preocupante. Los temas que debe resolver -autorización de gasto y techo de la deuda pública- están en el límite y la política se entretiene muy a su gusto, o sea, llevándolos al filo.
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